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Foros CIENCIA => Tecnoética (Cómo utilizar las tecnologías) => Mensaje iniciado por: petrusdoa en Agosto 30, 2015, 06:45:40 am
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Lo que pensamos, lo transcribimos a menudo, como es el caso ahora, a través de sistemas artificiales de tal complejidad que es imposible, para un solo hombre comprenderlos en su totalidad. Lo que decimos, puede ser transmitido instantáneamente a cualquier parte del mundo, traducido automáticamente si es necesario y comunicado a miles o millones de personas interesadas en saberlo. Lo que hacemos, lo logramos a través de herramientas, maquinaria y equipos que multiplican por millones nuestra capacidad natural para el trabajo. Lo que comemos y bebemos, y si podemos hacerlo satisfactoria y suficientemente, es producto de la colaboración de toda clase de técnicas, conocimientos, maquinaria y productos artificiales. Hasta nuestros cuerpos llevan hoy, frecuentemente, incorporados y asumidos como propios, mecanismos y piezas de todo tipo que facilitan sus funciones habituales. Todo en nuestro ser y nuestro entorno está inundado , contaminado y mediado por la dimensión técnica del ser humano , que nos permite elevarnos sobre la debilidad de nuestro cuerpo para convertirnos en la especie dominante, por ahora al menos, en la escala de seres animados del planeta Tierra. Al hombre actual, dotado de tales poderes, tal vez debiéramos rebautizarlo con un nombre nuevo, que añada algo al sapiens tradicional, algo que pueda resumir en una palabra al sapiens que no solo sabe sino que también proyecta y fabrica, elabora y consume, inventa y modifica. Pero éste es un nombre tal vez demasiado largo para un ser aun demasiado pequeño frente al universo descomunal que lo acoge.
Del uso y abuso de estos poderes y saberes quiere tratar este subforo. De las normas que deben o deberían regir ese uso, también. El desafío es complejo y difícil, como suele serlo todo aquello en que se ven implicadas ideas básicas como Dios, la naturaleza del hombre, las reglas de conducta personales y de la especie y, en definitiva, la concepción global del mundo que nos acoge. Desde ellas y con ellas trataremos de dar respuesta, o al menos líneas de solución, a las cuestiones y problemas que vayamos planteando.
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Dominados como estamos, o al menos invadidos, por la Técnica , hasta el punto de que nos es prácticamente imposible prescindir de ella hasta en las acciones más sencillas... me despierta la alarma de mi móvil, me ducho con agua a 30ºC, desayuno tostadas y leche desnatada, tomo el bus hasta el trabajo, subo en ascensor hasta mi planta, uso una clave de acceso... pregunto y me pregunto si es necesario ó urgente incorporar a los sistemas de formación del futuro ciudadano, o sea a los planes de estudio y formación una asignatura en la que se estudien los problemas básicos que plantea este uso continuado de lo técnico. En definitiva, una materia llamada "Tecnoética " y cuáles deberían ser sus capítulos más importantes.
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Entre los avances científicos que son, a la vez, avances tecnológicos desde el momento en que son aplicables a algún aspecto mejorable de nuestras vidas, surge este año 2105 con luz propia el que parece que se dirige a permitir cambiar o modificar los genes defectuosos causantes de enfermedades o discapacidades... Si ello es así, estaríamos ante uno de los mayores desafíos éticos de la historia, ya que esta posibilidad equivale a lo que en los procesadores de textos llamamos Editar, esa función que permite traer a la pantalla un texto o un archivo y modificarlo como creamos conveniente. En el caso que nos ocupa, se parecería a editar el ADN dañado, modificar el gen o los genes adecuados y reingresarlo en la carpeta ( célula) correspondiente, listo para realizar correctamente lo que hasta el momento hacía defectuosamente. Visto así, en esquema, parece un avance maravilloso, sobre todo para las personas que verían en ello una solución a sus males.
La gran pregunta es quién debe estar autorizado a usar semejante arma biológica, y con qué criterios ( éticos, morales, políticos, económicos, sanitarios, reproductivos, etc ) podría utilizarse, en qué casos y con qué limitaciones. Pensemos un momento en los poderes que sobre la vida de las gentes tendría este descubrimiento y cómo debe ser regulado su uso y disfrute...
Por desgracia o por ventura , muchos avances que se presentan como panaceas a grandes males, como las células madre y sus colaterales, presentan luego tales inconvenientes y complicaciones indeseadas e imprevisibles, que suelen convertirse en áreas de investigación y estudio durante largo tiempo.
La historia se repite una y otra vez. Mientras el homo usaba como utensilio y arma única el palo, no se requería apenas norma alguna para su uso, pues la energía implicada, el bien y el mal que producía era más bien escaso. Cuando se domestica el caballo, se descubre el bronce, el hierro, la lanza , el arco, las máquinas de vapor, el motor de combustión, la energía nuclear, etc capaces de movilizar energías y efectos cada vez mayores... no queda más remedio que regular, sistematizar y controlar sus usos , aplicando en cada caso los principios éticos universales que parecen más adecuados .
Y así hasta hoy y, probablemente, hasta y mientras el homo pise esta Tierra.
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Un área de la técnica en la que es necesario aplicar escrupulosamente el sentido ético que poseemos, en este caso, cristiano católico, es la referida a los protocolos de reproducción asistida. Por desgracia para quienes nos preocupamos por las vertientes éticas de la técnica, la mayoría de los medios presentan estos protocolos como elementos necesarios para el desarrollo y el progreso de nuestra especie, incluso desde el punto de vista sanitario. El resultado de estas campañas de divulgación a las que estamos sometidos a diario nos puede llevar a admitir como naturales, inocuas y lícitas algunas técnicas que encierran gravísimos peligros e inmoralidades, ocultos en los detalles que no se nos revelan explícitamente en los informes a los que tenemos acceso el común de las gentes. Pongamos un ejemplo sencillo: imaginemos una técnica capaz de curar el cáncer mediante transfusiones de sangre fetal, que supusieran , en un 50% de los casos y por algunos detalles del proceso a seguir, la muerte de los donantes, naturalmente no voluntarios.... Si esa técnica se publicara íntegra, sería rápìdamente rechazada y sus ejecutores juzgados sin dilación, pero... supongamos que el informe que llega al público se limitara a explicar las ventajas para el enfermo sin citar el resto o mostrándolo desde el aspecto puramente científico de tal modo que no fuera posible, para una gran mayoría, atisbar las consecuencias de los daños colaterales. Probablemente sería aceptada, y ese dato "irrelevante" del riesgo del 50% de fracasos se podría limpiar citándolo como un 50% de éxito... al fin y al cabo, los datos se pueden presentar de muchas maneras. Por eso, y porque los avances de la ciencia nos pueden ser cada vez menos inteligibles, sería conveniente afinar nuestro sentido crítico para no dejarnos embaucar por resúmenes y divulgaciones sin rigor que escondan realidades inaceptables. Para ser ciudadanos responsables del siglo XXI debemos estar formados e informados al nivel que requieren la ciencia y los adelantos técnicos de los que disfrutamos. Eso supone leer, estudiar, estar al día, informarse en fuentes fiables, pero es lo que se nos pide por vivir en una sociedad repleta de bienes tecnológicos, de aparatos que nos facilitan el trabajo , los viajes, las comunicaciones , medicamentos que alargan nuestra vida, etc etc . Homo sapiens sapientíssimus.
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Aquí y en otros muchos foros los humanos nos preguntamos cómo utilizar y cómo debemos utilizar la técnica. Anoche, en la duermevela de la madrugada, una emisora de radio entrevistaba a alguien que planteaba la pregunta inversa
¿ Cómo nos utilizarán las tecnologias ?
Al amparo de los adelantos científicos se está desarrollando una filosofía , más bien una religión, que pone a la Ciencia, el Saber, la Inteligencia, el Hombre en definitiva, en el lugar de Dios, en el punto omega de lo existente , el no va más del desarrollo y la felicidad humana. El artículo primero de una posible nueva Constitución de la Grandeza Humana diría, más o menos así:
No hay límites para el ser humano.
En los ambientes más cientifistas y optimistas se predice que hacia 2050 a más tardar, la Inteligencia Artificial, IA, esa que será imposible diferenciar de la nuestra, superará a la humana, y a partir de ese momento, ella, la IA, llevará las riendas del desarrollo científico, tecnológico y humano en general. Los hombres no tendrán que trabajar, que investigar, que procurarse medios de vida, será la IA quien ( quien) se encargará de todo eso. El Hombre dedicará su tiempo a hacer aquello que más le guste, sin limitaciones ni imposiciones, en una especie de Olimpo universal, ya próximo.
Desde luego, los planes para ese futuro incluyen la inmortalidad lograda por la nueva ciencia ligada a la IA , salvo casos de fuerza mayor, todavía...
Será el momento en que las tecnologías podrán empezar a utilizar al hombre, y de ahí la pregunta con la que encabezábamos este post. Y de acuerdo con esta filosofía, se acuñan frases tan ambiciosas y solemnes como: El límite de lo posible ya no es lo imposible.
Es un acto de fe en las supuestas infinitas potencialidades de un ser humano elevado a la categoría de un dios, un ser ante el que han de someterse todas las cosas y que no responde más que ante sí mismo. Una vez más resuena el "seréis como dioses" del Paraíso, esa frase que tanto nos halaga y que tantos daños ha causado a lo largo de la Historia. Claro que nos gustaría ser dioses, al menos diosecillos, pero si somos realistas, comprobaremos que , pese a las declaraciones de grandeza que leemos a diario, la maldad o la fragilidad humana las contradicen cada día.
Esta nueva religión, tan humanista como poco realista, se infiltra cada día por todos los poros del mundo científico, y hemos de estar atentos a ejercitar nuestra capacidad de crítica para discernir lo que tiene de positivo de lo que no es sino un sueño sin fundamento. Los mundos de A.Clarke, Assimov, Sagan , son el paradigma de ese futuro en el que nos quieren hacer creer. Un mundo en el que, según alguno de esos autores, llegará un momento en que la Técnica no se podrá distinguir de la magia. Y voy entonces y me pregunto: cuando la IA gobierne mi mundo, ¿ qué o quién decidirá si debo seguir vivo o ha llegado la hora de eliminarme ? . Mientras tanto, nosotros seguiremos apoyados en nuestro fundamento infinitamente sólido : el amor y la sabiduría infinita de un Dios en quien , gracias a su gracia, seguimos confiando.
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Me parece un poco optimista lo del año 2050 y la IA sobrepasándonos. Por muy lista que sea una máquina, lo más que consigue es ser más rápida y manejar más deprisa los datos, pero en el fondo no deja de ser un espejo de la inteligencia que la construye. Por eso creo que se podría pensar en una ley que dijera algo así como: Una inteligencia creada no puede sobrepasar a su creadora. que escrita en lenguaje sencillo sería : De una caja solo sacarás lo que hayas metido. Yo puedo escribir un programa informático que haga miles de operaciones por segundo, pero es que el propio ordenador es producto mío ( humano) y aunque el programa haga en un minuto las operaciones que yo haría en dos años, solo hace lo que yo le he enseñado, y si lo hace más deprisa es porque yo utilizo fuerzas y leyes preestablecidas a mi favor. Todo lo más, el mérito está en el hacedor de esas leyes y de mi propia inteligencia. Además, para 2050 es probable que en muchos países de Europa solo haya cuatro ancianos indígenas viviendo en las reservas ad hoc y doscientos millones de inmigrantes venidos de todas partes a sustituir a otros tantos europeos no nacidos o abortados... y donde hoy suenan las campanas solo se oigan muecines o almuédanos llamando a la oración...
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Otro problema potencial derivado de la posible omnipresencia de la tecnología es la posibilidad, hoy ya una realidad parcial, de que vaya sustituyendo la presencia del humano por la máquina, léase robot o autómata o cualquier otra aún no descubierta. Allá por los 70 del siglo XX empezaron a popularizarse en muchas industrias los brazos robóticos, esos entes mecánico-electrónicos de aspectos levemente humano, casi siempre un brazo giratorio dotado de pinzas o manipuladores, capaz de realizar las mismas o parecidas funciones que el humano que hasta ese momento ocupaba ese puesto de trabajo.
El puesto de trabajo sustituido era entonces, por lo general, de los denominados peligrosos o fatigantes por repetitivos o exigentes. Recuerdo uno de ellos , precisamente el encargado del manejo de una máquina de inyección de cierto metal, que debía extraer del molde la pieza recién fabricada ajustando su cadencia a la de la propia máquina y evitando las maniobras erróneas que permitirían a la máquina, automatizada entonces en lo posible, atrapar su mano o, en el momento de la inyección, rociarle de metal fundido... La aparición del robot supuso un alivio para todos y a la vez una mejora de la producción, mejora que, naturalmente, se extendió enseguida a todas la máquinas similares de la fábrica. Si fueron diez, aparecieron diez operarios silenciosos, trabajando 24 horas al día a oscuras , con altas temperaturas, sin paradas, sin sueldo (salvo amortizaciones ...), sin reclamaciones, y otros diez a los que debíamos dar ocupación, si era posible...
Hoy día, existen innumerables empresas donde ese ejemplo es difícil de repetir, porque desde su inauguración gran parte de los operarios son ya robots o lo son casi todos, con un pequeño equipo humano dedicado al mantenimiento y labores anejas a mejoras de instalaciones. A veces, incluso, podemos contar con naves de producción completas gobernadas por ordenadores, con un solo operario a cargo, y con las labores necesariamente humanas encargadas a otras empresas especializadas en cada tipo de tareas. En el colmo de la automatización actual, podemos imaginar una empresa de robots o brazos manipuladores dedicada a fabricar esos mismos elementos. Por ahora, siempre nos quedan restos de actividad que debemos seguir realizando los humanos, pero la tendencia es clara al respecto, por eso formulo las cuestiones que sugiere este mensaje: ¿ Qué ocurrirá cuando la mayor parte de la actividad laboral, incluidos los servicios, esté desarrollada por robots, incluida su propia fabricación ? ¿A qué dedicaremos nuestras energías ? ¿Quién pagará sueldos a los humanos expulsados de las líneas de trabajo tradicionales ? ¿ Qué nuevos tipos de trabajo remunerado aparecerán? ¿ Cómo se organizará el sistema de fabricación y control de la masa de dinero circulante y su distribución ...? ¿ A qué llamaremos justicia social ? etc etc etc
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Pues en efecto, Deneb. El sistema monetario actual se supone que es la contrapartida del conjunto de derechos económicos, bienes y servicios disponibles. Entendemos más o menos bien sus movimientos habituales y cómo dominar, es un decir, sus espasmos... pero puestos ante la tesitura de que uno de sus elementos más importantes, el trabajo humano que crea bienes y servicios y por ellos recibe una retribución, desaparezca en gran parte, estamos obligados a repensar ese mundo nuevo y sus nuevas circunstancias, donde el trabajo humano deberá ser en gran medida intelectual, de creación, o simplemente de ocio, donde trabajar físicamente puede ser excepcional y donde las máquinas inteligentes lleven el peso global de la producción. Un mundo donde, tal vez, levantarse a determinada hora sea opcional, donde se pueda emplear el tiempo según la propia decisión y , siempre tal vez, solo necesitemos una hora diaria para aportar algo útil al sistema productivo. Y todo eso mientras millones de máquinas inteligentes trabajen día y noche , humeen las chimeneas ( solo vapor de agua, espero) y barcos, aviones y vehículos terrestres, todos sin conductor, se muevan incansables, mientras los robots humanoides domésticos hagan las labores que hoy hacemos nosotros ( excepto aquellas en las que nadie puede sustituirnos aunque ¿ quién sabe?)...
Tal vez un enorme sistema informático, pues el dinero físico ya no servirá, se encargue de contabilizar el saldo en derechos ( y deberes) que corresponde a cada humano en alimento, vivienda, sanidad, trabajo personal pendiente, y demás entidades consumibles, en función de los parámetros que rijan en su momento como pueden ser formación, herencias ( tendrán sentido ?), trabajo ya aportado al sistema, necesidades, etc.
Hay muchas obras de ficción en las que se trata este mundo potencial pero, como es habitual en toda ciencia ficción que se precie, pocas cosas de las previstas coinciden con la futura realidad. Por ejemplo, creo que nadie previó el auge de la electrónica o la aparición del omnipresente móvil.
Tan solo Teilhard de Chardin, en su " El fenómeno humano" creo recordar que evoca una humanidad totalmente comunicada en una especie de organismo o ente único universal... pero Teilhard era cristiano católico y para él Cristo era el verdadero Gran Atractor, y su punto de vista lo consideraba así. Sea como sea, la prudencia nos exige ir pensando en los pasos que llevan a esos escenarios casi apocalípticos donde casi nada de lo conocido tendrá plena validez...
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La técnica llevada al extremo, el saber físico aplicado al límite, es capaz de provocar hasta la destrucción y la muerte del sabio.
La humanidad, la sabia humanidad ha desarrollado saberes y sus técnicas hasta alcanzar cotas de autodestrucción inesperadas.
En la tribu humana primitiva solo se disponía de uñas y dientes , y algún palo, como medios capaces de defensa o de producir daños más o menos serios. Dado lo ineficaz de la medicina de entonces, a veces bastaría un rasguño para producir la muerte del rasguñado, pero en general no había demasiada capacidad para producir grandes lesiones a otros individuos y mucho menos en el ambiente... escenario muy diferente del actual, en el que una sola persona o una sola arma pueden producir daños incalculables.
Algunas capacidades de daño grave o destrucción pueden justificarse en la necesidad de defender la vida humana y sus bienes frente a amenazas naturales o depredadores más o menos peligrosos. Así, las armas de fuego serían instrumentos adecuados para defenderse, en la naturaleza, de los grandes depredadores peligrosos para el hombre. Pasado ese límite de autodefensa, no se ven razones poderosas para seguir desarrollando armas más potentes y medios más eficaces de destrucción salvo que, admitámoslo, pensemos en las guerras, situaciones en las que el enemigo amenaza nuestra supervivencia, la de toda nuestra tribu y hasta nuestros medios de supervivencia.
Entonces, y solo entonces, al calor de una situación de guerra total, el ser humano descubre la energía nuclear y fabrica armas capaces de destruir a todos los enemigos, a él mismo, a todas las tribus y a todo el medioambiente. ¿ Son armas razonables ?
Desde luego, armas capaces de destruir el único ser biológico racional conocido no parecen muy razonables, pues proceden contra su propio origen y fundamento. Pero su irracionalidad no procede de su capacidad de destrucción sino del objetivo que se les supone. En efecto, un arma nuclear que hoy solo se supone utilizable en un acto de guerra podría ser un instrumento muy útil en minería a nivel planetario, o en obras de ingeniería a gran escala o terraformación en otros mundos o, tal vez convenientemente domada, como fuente de energía para viajes espaciales a lugares lejanos o, puestos en lo peor, para sustituir la fuente de energía solar si llegara a fallar la original ,,,
En definitiva, el saber científico aplicado , la técnica, no sería en sí misma buena ni mala, sino que el mal o el bien se situaría en el ser que la utiliza, en los fines que persigue y en la moralidad que le es propia. Las armas de fuego, que tantas víctimas humanas han producido, no han sido nunca consideradas un mal sobrevenido a la humanidad, sino un bien a menudo mal utilizado.
Por eso, estos días, mientras el pequeño y norteño país coreano parece recrearse en su potencial de hacer daño, tenemos una ocasión magnífica para preguntar para qué quiere poseer unas armas que no puede utilizar sin poner en peligro su propia existencia... y usando una frase hasta graciosa que se emplea a veces para evocar situaciones como éstas , podríamos decir que tiene más peligro que un mono con dos pistolas.
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Ayer, mientras la Tv daba noticias sobre no se qué pase de modelos , comentaban que habían entrado en el back stage y habían preguntado a una top model sobre las tendencias en el prêt a porter... etc etc. Como se lee, todo muy normal a estas alturas, mezclando sabiamente español, inglés, francés y latín. Y esta tarde, el hijo de 9 años de un conocido nos contaba que venía de clase de Aloha ( uso de ábacos matemáticos made in Japan ) , e iba a clase de robótica donde estaba construyendo módulos para fabricar un robot, y nos los mostraba en su tablet, esa cosa rectangular casi viva que ha sustituido a los libros... Los de ahora, en realidad son niños quasi tecnológicos , con la musculatura del pulgar ya algo más desarrollada que la nuestra, cráneo ligeramente inclinado hacia adelante para ver la pantalla sin contracturas, y mentalidad binaria progresivamente adaptada. Todo ello me ha llevado, en mi siesta vespertina de veinte minutos a imaginar el lenguaje y la tecnología del año 3000 d.d.C. En esa época, tal vez nuestro:" Hola, Felipe ", dicho en el lenguaje hipertecnificado ( binary universal) de entonces sea algo así: " 000 100 00 01 0101 10 00 11 1100 10" , donde los ceros se pronuncian como o y los unos como i, o sea, en versión 2018 sonaría así " ooo ioo oo oi..." lo que significa una ventaja adicional, que es que cualquier computador próximo podrá entenderlo, incluido el micromóvil colocado de nacimiento en todo el mundo a la altura del hueso parietal izquierdo, con ranuras para insertarle todo tipo de extensiones, por ejemplo la carrera completa de cirujano vascular o la de costurera o la de pastor de velocirraptores híbridos ( en mi sueño eran a gasolina y electricidad , no se por qué ).Había más cosas maravillosas e inesperadass, pero apenas he podido vislumbrarlas, porque el nuevo reloj de pulsera que me han traido los Reyes Magos este año ya está preparado para gobernar mi vida y me ha despertado advirtiéndome que eran las catorce y veinte del día 30 de enero de 2018, mi posición era ( datos del GPS), mi tensión arterial tal, mis pulsaciones n, estaba en posición de decúbito supino y debía ponerme en pie para llegar a las catorce cuarenta y cinco a mi lugar de trabajo.... Y así todo el día , oiga... no calla ni debajo del agua, cuando no me da la hora me recita las cotizaciones de las Bolsas o los vuelos a London. Porque además es irrompìble e imperdible ( pita cuando se separa de la muñeca) que si no...
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Algunos sapiens intentan retorcer la Biología para adaptarla a sus particulares gustos. No solo sapiens, sino el siguiente paso: supersapiens. Este nuevo especímen humano, supersapiens , al menos él mismo se considera tal, está apareciendo en diversas partes del llamado mundo civilizado. Suele ser eficaz , sin duda por su poder de acción, suele ser un superhumano dedicado a la política, y destinado por autodefinición a arreglar el mundo con sus ideas geniales y a modificar lo que sea necesario, incluso su propio sueldo para lograrlo, con la única condición de que sea siempre una modificación al alza, supongo . Pues bien, según las nuevas directrices, ese supersapiens, amparado en la infalibilidad que le confiere su innata sabiduría específica, declara la innegable igualdad entre hombres y mujeres, los elementos más numerosos de la especie hasta ahora humana, pero introduce, astutamente , otros elementos intermedios que se definen como LGTBIQ. No, no se molesten en investigar las características que le han llevado a esta curiosa clasificación; no intervienen en ella ni caracteres raciales o étnicos, ni formación, ni grupo sanguíneo ni compatibilidades médicas, ni siquiera opiniones políticas, que ya están muy explotadas. La clasificación biológica de los humanos se ha venido basando en el sexo, varones y mujeres . Pero parece que ni les basta ni les gusta lo que se venía considerando el sexo hasta ahora, que debe ser demasiado sencillo y sobre todo demasiado biológico. Ahora debe clasificarse al personal , proponen, según lo que cada persona crea o considere cuál , qué y cómo es o debe ser su sexo. Y todo legalizado, naturalmente, y visado no por la Biología ciencia, sino por la ciencia infusa que debe reconocérseles en virtud del voto democrático que creen o dicen les asiste... Ciertamente, en la historia de la humanidad se ha visto ya todo bajo el sol, casi todo tipo de desviaciones estadísticas en casi todos los campos de la actividad humana. Pero la guinda que adorna esta tarta es que esta clasificación intentan que sea obligatoria, dogmática , irreversible e intocable. Una especie de axioma , que sea base y fundamento de nuevos teoremas .
Ahora bien, uno de los caracteres que define una especie y la separa de las demás es la posibilidad de cruce biológico entre sus individuos. Si no existe esa posibilidad, las especies se consideran diferentes, tal como sucede con leones y cebras, por ejemplo, aunque haya algunas cercanas que la admiten, pero con limitaciones a menudo. En el caso que nos ocupa, está claro que en la mayoría de esos nuevos grupos sexuales humanos no existiría en general posibilidades de procreación de nuevos individuos del mismo grupo fértiles o viables. Luego, en principio, si usáramos ese único criterio, los individuos de esos nuevos tipos podrían ser considerados ajenos a la especie humana en tanto en cuanto sean grupos separados y autónomos . Súper o mini especies , eso sí, de corto alcance biológico, autoextinguibles . Como cuando en la colmena, todos sus componentes, reinas, R, obreras, O, y zánganos, Z , deciden alterar por su cuenta las normas naturales de su especie, la Apis Mellifera, y asumir las funciones propias de su reina, combinándose de todos los modos posibles, seis , combinaciones con repetición de tres elementos tomados de dos en dos: RR OO ZZ RO RZ OZ. Solo una fértil, RZ, ya seis veces menos probable, pero todas comiendo. Adiós colmena. Adiós, Apis Mellifera. Adiós, homo sapiens.
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¿ Vamos aprendiendo cómo utilizar las tecnologías ?. Evidentemente no, en general, pero algunas, en particular, están mostrando ya su lado sombrío, avisándonos de las consecuencias que puede acarrearnos un mal uso o el exceso. Hoy se trata de algo muy sencillo, pero revelador. Ayer presenciamos, muchos, un video en el que, en una estación del metro, una joven se levantaba de su asiento, al parecer en respuesta al ruido del convoy que llegaba y, con ese paso automático y reflejo que todos usamos en esos casos, cruzaba los cuatro o cinco metros que la separaban de las vías. Hasta aquí todo parece normal, porque el que escribe ha ocultado un pequeño detalle: la joven iba embebida en la pantalla de su teléfono móvil, sin levantar siquiera la vista para comprobar su entorno. El resultado fue catastrófico, dio un paso más que los debidos y cayó a las vías, con el tren avanzando hacia ella entre los gritos de los testigos. Hubo suerte. El conductor, y los buenos frenos, consiguieron esta vez parar el tren antes de atropellarla. ¿ Y el móvil ? preguntará la probable próxima víctima... El móvil, bien, gracias.
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No cabe duda de que los sapiens tenemos en y dentro de nosotros algo que sobrepasa las características de lo que llamamos mundo físico; basta ver con qué soltura citamos el infinito como si pudiéramos controlarlo. Además de las leyes y entidades físicas, también manejamos conceptos que poco parecen tener con lo físico pero que, bien aplicados, dominan las fuerzas físicas e incluso las retuercen, obligándolas, casi siempre, a trabajar para nosotros. Somos sapiens tecnológicos. Estas cualidades mentales que parecen superar a la física, son al mismo tiempo un riesgo, ya que podemos creer estar por encima de cualquier limitación física e incluso por encima de cualquier norma o imposición natural. En cierto modo, somos como esos niños que, al recibir un juguete complejo y costoso, centran sus esfuerzos en utilizarlo de modo contrario al previsto, hasta inutilizarlo. Nuestra mente y sus poderes tal vez sean como ese regalo costoso. Que es un regalo, parece obvio, lo mismo que lo es la vida y el mundo que nos rodea, que recibimos sin mérito previo alguno. Que el regalo debe ser usado para algún fin probablemente previsto por quien lo regala, es también previsible. De hecho, vamos descubriendo que , en el cosmos, las cadenas causa-efecto y los efectos que vamos entendiendo , sea la evolución natural o los equilibrios biológicos, por ejemplo, guían el cosmos hacia una madurez que solo podemos imaginar... La vida que recibimos, la mente que se nos ha dado incorporada, la familia, las fuerzas, el lenguaje , la lógica natural, son todos componentes del juguete maravilloso que tenemos entre manos. Pretender que podamos usarlo sin norma alguna nos coloca en la posición del niño rompedor. El niño lógico y sensato, por contra, suele examinarlo, comprobar sus posibilidades y utilizarlo ( seamos sinceros) solo después de que sus padres le hayan explicado el manual de uso. Ciertamente, el cosmos y la vida misma parecen venir sin manual, y en muchas ocasiones el sapiens rompe lo que maneja. Pero ese manual existe, y existe en variadas versiones. La propia mente humana contiene una versión resumida pero fiable. No se debe romper nada sin motivo, ni se debe quitar al niño de al lado su juguete sin razón, e incluso conviene, por propia utilidad, escuchar las opiniones de los mayores, que tienen más información sobre cómo se maneja uno con esto que llaman mundo. Tenemos con ello una base para la ética natural, lo que llaman moral o ley natural. Casi todo el mundo conoce, pues la traemos de fábrica, viene incorporada, la frase resumen que encabeza el manual básico : Trata a los demás como quieres ser tratado tú. Claro que para llegar a esta conclusión hace falta reflexión, curiosidad intelectual y una buena dosis de humildad para aprender de los demás. El sapiens va logrando así prosperar poco a poco, entre prueba y error, y reconocer un código más o menos natural, de conducta. No estamos todavía muy avanzados, cuando existen miles de millones de humanos que pueden considerar justa la guerra contra los que no piensan como ellos o no creen en lo que ellos dicen creer. Sería un gran triunfo de la mente humana llegar a un consenso universal sobre las normas básicas de manejo del juguete que tenemos implantado sobre los hombros, también para no defraudar al que nos lo ha regalado. Seguramente ese donante, incógnito para muchos, tendrá alguna intención con ello y al sapiens le corresponderá alguna responsabilidad en el uso y disfrute del regalo. Tal vez espera que el sapiens (cual niño cósmico ), lo disfrute, aprenda con él y, alguna vez al menos, se lo agradezca. Nota. Se supone que hay al menos dos o tres manuales base : la ley natural , el Decálogo judeo cristiano y ( casi como un decálogo burdo y algo descafeinado ), la Declaración Universal de Derechos Humanos. Y algunos usos del juguete, actuales, no parecen muy respetuosos ni siquiera con la frase resumen citada, y solo citaremos tres ejemplos: el aborto, la esclavitud y el terrorismo. Y sí, hay bastantes más.
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Ahora que ya se ha establecido sólidamente, y se ha generalizado el uso de la I.A., Inteligencia Artificial, empieza a ser común la aparición de esta singular creación humana en muchos artículos, escritos o fabricados, y en muchas otras actividades humanas. Casi todos los artilugios que podemos comprar en las tiendas tecnológicas, llevan ya el adjetivo calificativo de "inteligentes", que más o menos vienen a significar que, en su fabricación o en su uso, se ha incorporado, al menos parcialmente, algún retazo de I.A. O sea que. si me compro un reloj, que me iba a dar la hora, es probable que lleve en su esfera un pequeño rincón oscuro que, avisado quedo, si se ilumina con un resplandor rojo, significa que su IA me advierte de que mis pulsaciones están fuera de control y debo acudir a un hospital, mientras otro rinconcito iluminado de verde me advertirá, en su caso, de que la presión atmosférica está bajando y debo tenerlo en cuenta si estoy en plena naturaleza, cuestión que su IA detecta por no se qué extraños vericuetos suprahumanos ... Y finalmente, por treinta euros más, me aseguró el vendedor, este otro modelo , con IA de última generación, incorpora localizador GPS y alarma sanitaria, de modo que, si se encuentra usted peor que mal, le comunicará un prediagnóstico médico y avisará, si procede, a algún centro médico próximo, para su evacuación. Naturalmente, me he comprado un reloj de sol que me ha resultado casi gratis, un clavo largo y una tabla que he pintado yo mismo. La inteligencia la pongo yo, aunque sea tan discreta como demuestra este artículo, pero no se hagan ilusiones, estamos todos invadidos, infectados, colonizados, mientras usamos a diario ordenadores que vierten todos nuestros datos y conocimientos, observaciones y hasta chistes, en alguna IA remota, tal vez de ojos oblícuos, que nos almacena en un Big DATA oculto en un cráter de la Luna para ser usados en aeropuertos, estaciones, viajes, salidas, hipermercados, estadios, conciertos y, finalmente, funerales...
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En el mensaje 10 de este tema poníamos un ejemplo específico en el que una especie, la Apis melífera, decidía imponerse una nueva forma de vida y de relaciones, sin duda apoyada en un axioma ( o así lo consideraban) que rezaría así: las cosas son como nosotras decidamos que sean. Y acto seguido definían al menos seis modos de reproducción posibles. Como uno solo era productivo, reina zángano, y el resto de modos era infertil, la población de la colmena tendería a disminuir y, probablemente, esa nueva especie desaparecería. La decisión de la mayoría era, en esto de la biología, no operativa. Algo semejante parece estar en marcha en algunos grupos de la gran colmena humana. Y si nuestra especie llegara a extender el modo reproductivo a , pongamos, diez sistemas, es fácil predecir qué podríamos esperar a medio y largo plazo. Más bien deberíamos tomar como axiomático que las especies existentes, tras evolucionar millones de años ( admitamos un momento de darwinismo) han logrado un éxito de supervivencia notable, ligado, sin duda, a lo que podríamos llamar sus estatutos biológicos específicos, que fijan los qué, cómo y cuándo se desarrollan sus actividades vitales. En términos cristianos, admitamos que todo lo que Dios creó era bueno ( si observamos anomalías al respecto, remitámosnos a los temas ligados al mal y la libertad humana). La especie humana, así considerada, posee sus propios elementos esenciales constituyentes, que deberían ser respetados para asegurar su continuidad y su progreso. Pero , en este punto, surge la objeción: el humano puede, porque aprende, sin modificar los presupuestos esenciales , intentar modificar la situación actual de su especie, reduciendo el mal que la desluce y mejorándola. Cómo se decide hacerlo, debería ser objeto de profunda reflexión. El punto de partida es ser consciente de nuestras limitaciones, y del hecho innegable de no ser dueños de nuestra propia existencia. Actuar como si lo fuéramos, sería temerario, como lo sería para las abejas del ejemplo. Decidir, sin evidencias claras, cambiar las reglas del juego que han servido durante miles de siglos, no es una opción prudente. Y en cualquier caso, deberíamos actuar bajo la tutela de las ciencias , formales, sociales y naturales, tutela que supondría respetar la prudencia y el acatamiento de las leyes de la naturaleza que las genera. Por eso, en algunos ambientes razonablemente instruidos, se habla del respeto a la ley natural como guía y consejo. Tampoco es de recibo el nuevo dogma que afirma que lo que dicta el parlamento humano en mayoría es la fuente de la moralidad ( bastaría una ligera lectura de algún capítulo bien cercano de la Historia Humana para rebatirlo).
Por todo ello, convendría recordar a los gurús de las nuevas religiones mundiales que preconizan ciertos sectores de poder, que fueran cautos y prudentes a la hora de admitir como válidos supuestos y presupuestos que ni cuentan con la validez que da la historia biológica de nuestra especie, como, es solo un ejemplo entre otros posibles, el pretendido derecho al aborto, ni con el visto bueno de las ciencias en sus niveles actuales, como las nuevas relaciones de géneros recién creados, las clonaciones humanas, y un largo etcétera que, aunque en la cima de la popularidad de las masas hoy, tienen grietas enormes en su justificación ética. Más nos valdría, a todos los humanos, buscar un Código Universal de Conducta que involucrara a todos, abarcara todo lo esencial e inviolable, y dejara amplios espacios de progreso y mejora. Tres grandes religiones ya lo tienen, aunque su cumplimiento presente algunas lagunas en alguna,más bien mares. Se llama Decálogo. Tomen la Biblia; Exodo 20,1-17. He ahí el código universal. O su resumen y versión perfecta, ofrecida por Jesús de Nazaret hace ya veintiún siglos: (Mateo 22, 37-39). Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. (Dt,6,4-5) Este es el gran mandamiento y el primero. El segundo, semejante, es éste: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. (Lev.19,18). Eso bastaría.
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El Diccionario de la Lengua Española define así la Libertad: "Libertad. RAE f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos."
El ser humano actual, si tuviera sus órganos corpóreos de un tamaño proporcional a sus capacidades, sería un verdadero monstruo. La parte tecnológica de su cerebro debería ser enorme, los manipuladores ,manos, que le permiten hacer y deshacer, construir y manejar instrumentación estarían, asimismo, hiperdesarrolladas, mientras los órganos para desplazarse, cada vez menos útiles , llevarían camino de la desaparición, y así para otras funciones que cualquiera podría describir. Sin embargo, paralelamente, se descubren , tal vez ligadas a ese superdesarrollo citado, carencias que impiden la armonía en el crecimiento. En efecto, ejercitar tantas capacidades como las que detenta el humano actual. requieren de él, no solo conocimientos científicos y tecnológicos elevados sino, asimismo, un conjunto de capacidades y destrezas mentales y conductuales que faciliten un uso adecuado de tales saberes. De no ser así, vemos que el humano actual está ya cerca de ser capaz de apretar un botón y eliminar del mundo de los vivos a media humanidad, de generar clones de sí mismo o de otros sin control, de crear especies nuevas orientadas a cualquier objetivo o interés que desee, y en general de crear o destruir, a gran escala, sin una guía, propósito o regulación adecuada a los fines propios de su especie y del conjunto de seres vivos en general. Por ceñirnos a una carencia básica, que a menudo pasa desapercibida, citemos la primera: el desconocimiento de lo esencial de su propio lenguaje. Comencemos con una palabra básica. Hoy hay cientos o miles de millones de seres humanos que desconocen el significado de la palabra Libertad, en un momento en que cada día podemos leerla en diarios, pantallas, pancartas, paredes y ... esta misma tarde, Deneb, en un contenedor de basura al lado de su casa. Libertad, para la mayoría, se acercaría a la capacidad de hacer lo nos venga en gana, sin que nadie pueda llamarnos la atención o castigarnos por ello. Eso sería un ser libre y a ese concepto suelen aproximarse las definiciones prácticas que el común de los mortales usa en su vida diario y solo admitirán un límite cuando el vecino de al lado le avise, más bien le amenace, porque está invadiendo su propio espacio de libertad, pero como ambos espacios resultan tan ilimitados, no es posible una regulación aceptable por todos. Por eso he colocado en el primer párrafo la definición clásica que todos debiéramos conocer y aplicar. Mientras nuestra propia y particular definición no coincida , en todos sus términos, con ella, seguiremos en el escalón previo a cualquier inicio de una verdadera civilización humana. Seguiremos en el orden de los animales, cuya única norma es sobrevivir, alimentarse lo mejor posible, reproducirse al máximo y morir lo más tarde posible. Todos sabemos que, a efectos prácticos, casi todos ellos recorren un mismo y dramático camino, que no es necesario describir. Por eso, tal vez, en el capítulo primero de la formación básica de cualquier humano, siempre deberían aparecer dos palabras sagradas: la primera es Libertad con su definición clara y sencilla, y a continuación, como el reverso de una moneda, tan evidente como desconocida, la segunda: responsabilidad. Con esta moneda, de dos caras como todas , podría el ser humano, por fin, comprar su felicidad. Dudo mucho que sea capaz de hacerlo pero, los que componemos estos foros, debemos facilitárselo. Intentémoslo.
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En efecto, Deneb, la comprensión correcta de lo que es libertad y lo que, por tanto, significa esa palabra, debería potenciarse. Es más, sospecho que es un tema que dificulta y enrevesa enormemente la aceptación de la religión cristiana en general e incluso la aceptación del hecho religioso, al confundir la existencia de normas éticas, de conducta, con el menoscabo de la libertad individual. Cuando una religión proclama un mandamiento, como no matarás, no está limitando la libertad individual, que permanece intacta. Libre es , en esencia, quien respeta el mandamiento y libre es el que no lo respeta, porque en ambos casos se posee una " Facultad de elegir el modo de obrar" , que constituye la esencia de la Libertad. Lo que varía es la calidad del uso de esa facultad, uso correcto o defectuoso, y ese uso no forzado hace al autor responsable ante algo que llamaremos autoridad, al menos en dos escenarios: ante Dios si se es creyente o, si existe, en cualquier caso y, a menudo, ante la autoridad humana, que no suele entender el asesinato, la incitación al asesinato o manifestaciones de odio, como algo optativo... por tanto, el humano siempre es libre, libre de optar, acto de la voluntad, libre de obrar o, también, libre para desear obrar, ya que no siempre puede ejercitar lo que desea, pero no puede evitar que se le haga responsable. Por tanto, perseguir a una religión porque expone una serie de normas de conducta, o no aceptarla porque suponga un menoscabo de la libertad, no son más que dos errores, simplemente, de lenguaje. Las religiones racionales no imponen conductas a la fuerza, solo exponen modelos de conducta, modelos de ética. La autoridad civil, por su parte, con o sin esos modelos, suele imponer una ética civil que todos conocemos y, finalmente, la propia conciencia individual, obrando libremente, crea la suya, la siga o no... RAE. Etica. Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Ética profesional, cívica, deportiva.
Nota al margen. Si, como parece obvio, aceptamos la realidad de un plano metafísico, moral, mental o espiritual en los seres humanos, la definición de libertad podría y debería incluir una ampliación de pocas palabras, quedando así: Libertad. RAE f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar o desear obrar, de una manera o de otra, y de no obrar o desear no obrar, por lo que es responsable de sus actos y deseos."
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La existencia de la libertad individual, como cualidad esencial del acto volitivo humano parece algo tan válido como un axioma más... pero: Supongamos que nuestro sapiens afirma que no admite la existencia de la libertad. No habiendo libertad, no hay responsabilidad y, entonces, maravilla de la lógica, reaparece la libertad, pues al no ser responsable, se es verdaderamente libre. Preguntémonos:. ¿ puede existir responsabilidad sin libertad ? ¿ y libertad sin responsabilidad ?. La respuesta a la primera pregunta es, claramente, no, sobre todo si la aplicamos a un esclavo atado al banco de remos de una galera romana, aunque también podremos afirmar que la responsabilidad puede ser, sin interpretación matemática exacta, proporcional al grado de libertad disponible. En cuanto a la segunda pregunta, libertad sin responsabilidad, hay que matizarla antes de responder. El grado máximo de libertad parece ser la libertad sin responsabilidad, cuando el actor no está constreñido o limitado por ningún agente ni criterio limitante. Ahora bien, en cualquier escenario, como mínimo las condiciones iniciales, como en cualquier problema matemático son, para el sapiens, limitantes y restrictivas por naturaleza, de modo que, habiéndolas siempre, sean fisiológicas, económicas, estéticas, éticas, físicas, etc , cualquier actividad se verá, en todos los casos, incluidos los que parecerían puramente mentales, como la poesía o el arte, sujeta a la supervisión de las entidades que las materializan ,sea el editor de los poemas, el marchante de los cuadros, la superficie o el espacio disponible, o cualquier otro dato o agente que intervenga en el proceso de creación o distribución. En resumen, vivimos y actuamos en un universo y régimen de responsabilidades ineludibles, seguramente ligado a nuestra esencia de seres limitados. Pero este tipo de responsabilidad, más bien física o material no es la que aquí nos interesa sino la que debe ser explicada ante una entidad capacitada para exigirla, un ser o entidad, sapiens o no, ante la que rendir cuentas. Y esta es la responsabilidad que molesta y la que queremos eludir como sea, si es posible. Puede ser Dios, la autoridad de la especie, o la propia conciencia. En general se responde por lo que se ha recibido en régimen de préstamo o donación. Y en general también, cuanto somos y tenemos tiene el mismo aspecto que una donación o un préstamo. Vida, cuerpo, mente, familia, bienes, saberes... ¿ han sido autodonaciones o efecto de nuestro esfuerzo, sabiduría y trabajo ? Para muchos, basta este punto de vista axiomático para descubrir la dependencia real de nuestro ser y sus anexos de algún donante anónimo o un benefactor oculto en la maraña del darwinismo reinante ; algunos prefieren como padre creador al azar, contradicción, y como madre a la famosa fluctuación de una nada contradictoria o, llegando al límite, apelarán a su libertad de elección, aceptando la causa ( la libertad) pero negando el efecto o consecuencia ( la responsabilidad).
Hasta aquí, estamos considerando la responsabilidad sólo como negativa, tan negativa como un electrón. Sin embargo, es casi seguro que existirá el protón. Porque, si respondemos, aunque a regañadientes, de lo malo, ¿ acaso no podremos presentarnos como autores de lo bueno ?
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Supongo que te refieres a que la libertad, con su perrillo faldero la responsabilidad, actúa en ambas direcciones: cuando se obra , digamos mal, el perrillo faldero muerde y si obramos bien, nos achucha y lame... Desde luego, no puede ser de otro modo. La responsabilidad debe obrar en ambos sentidos, penando el mal uso de la libertad y premiando el bueno. Pero antes, deberíamos aclarar cómo se diseña el campo de actuación de la libertad frente a las diversas opciones que se ofrecen al individuo. Si existe libertad es porque hay opciones diversas entre las que elegir. Unas se podrán definir como adecuadas, justas, buenas en general y otras inadecuadas, injustas o malas en general, sin olvidar las neutras o incalificables. Ahí tenemos otro gran problema. Quienes no admiten la libertad, no participan en este proceso, pero el resto debemos o deberíamos, si hubiera tiempo y lugar, definir los criterios que permitan descubrir el perfil, color o cualidad moral o ética de cada opción. Pongamos un ejemplo: salgo al campo y me encuentro un niño que llora perdido. Las opciones, resumidas, son dos: recogerlo y acompañarlo en busca de sus padres o alternativamente, mirar para otro lado y dejar que sea otro quien lo haga. Soy libre, debo optar, y en mi opción se incorpora la responsabilidad por elegir bien o mal. Y llegamos así a la noción de bien y mal, correcto o incorrecto, punible o premiable... Dependiendo de mi formación ética o religión, los criterios serán distintos, sean cristianos, judíos, musulmanes, budistas, y un largo etcétera. Aunque los humanos civilizados de hoy tenemos ya, afortunadamente, un acervo común de criterios humanitarios, morales, básicos, cada uno puede actuar de modo ligeramente distinto en modo bondad o en modo maldad, generando, en la vertiente de la responsabilidad asociada, derecho a recompensa o a derecho a castigo. Casi todo el mundo aceptamos la existencia de ese derecho y de la justicia o lógica del sentido que damos a la responsabilidad, premio o castigo, pero, por desgracia, en algunos campos aún no hay suficiente acuerdo, por ejemplo en aspectos como la violencia, la venganza, la guerra y otros. Sea como sea, parece universal la aceptación de la responsabilidad y, por ende, de una libertad previa. Y desde luego, no conozco ningún policía, juez o gobernante que lo dude. Creemos en la libertad y la responsabilidad de nuestros actos y de nuestras intenciones y deseos,... y somos penosamente conscientes de que muchos solo creen tan solo en la libertad.
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Tomamos como hipótesis inicial que el cosmos ha sido creado por Alguien y con una finalidad determinada, que, filosóficamente considerada, debe contener el conocerle y agradecerle ser creado, respetando las leyes de lo creado y, adicionalmente, las normas complementarias que haya podido establecer a las distintas especies y criaturas, el sapiens entre ellas. Quedaría sobreentendido que el creado que acepte y cumpla esas normas, está cumpliendo las expectativas que el creador ha puesto en su obra y que, por lo tanto, gozaría de su beneplácito, lo que debe suponer que la criatura cumplidora, por una lado, se desarrolla según lo esperado y, por otro, puede gozar de alguna mejora o complemento del creador, por haber obedecido sus normas y seguido su voluntad. Así visto, empieza a aparecer, nítido y aceptable, el concepto inicial del bien y el mal, como la adaptación de la criatura, libre, a los designios que para ella tuvo su creador: Al haberla creado libre, como ocurre con los sapiens, pueden darse infinitas posibilidades, posibilidades que, por gracia o desgracia, casi todos comprobamos a diario ( ver temas sobre el mal en el mundo). La criatura que alcanza el ideal de su creador, como la obra de un artista satisfecho con ella, es seguro que será tratada con delicada atención y premiada, si era libre, por haber obedecido y haberse esforzado en cumplir lo marcado como objetivo vital para ella. La que no lo ha hecho, como una estatua malograda o un cuadro rasgado, en función del grado del estropicio, solo puede esperar ser desechada o, dependiendo del creador, recuperada y rehecha. Lo que queda claro es que la criatura no puede reclamar , por sí misma, derecho a reparaciones y perdones, que siempre serán, en definitiva, gratuitos. No podemos entrar en consideraciones particulares, como corresponde a la realidad de un mundo donde las condiciones vitales son tan diversas, pero en conjunto, el símil con el artista y sus obras puede orientarnos para comprender la razón y motivo del premio o el llamado castigo. La estatua , creada libre, que voluntaria y libremente se lanza al barro o se autolesiona, lo que puede esperar es acabar en un vertedero, mientras que la que cuida su estado y procura mejorarse, puede acabar luciendo en los salones del palacio. Y nadie se extraña de que tal cosa ocurra, salvo si es una estatua humana y asilvestrada que, negando la realidad de su dependencia de algún creador, no acata normas y se declara independiente y obra a su capricho, incumpliendo toda norma o ley. Declararse libre e irresponsable no suele servir de mucho incluso ante las autoridades humanas más ateas que podamos imaginar. La realidad de nuestra dependencia de las leyes naturales es tan brutalmente evidente que nadie en su sano juicio admite que cualquier conducta es igualmente válida, digna y aceptable. Basta convertirse en alcohólico, por ejemplo, o en asesino en serie, para comprobarlo. En resumen, el éxito o el fracaso de nuestra existencia como seres libres y responsables, el cielo o el infierno, el palacio o el vertedero son, cada uno a su escala y en una descripción sencilla, imágenes o versiones varias del binomio libertad y responsabilidad. Al ser sapiens, diríase que, acabada la vida, como una obra más del Artista Universal, seremos clasificados y tratados según una u otra alternativa. Y tiene que ser doloroso acabar en un vertedero, sobre todo cuando no hay en él posibilidad alguna de reparación y regreso o lo que algunos llaman otra ( más bien enésima) oportunidad.