Llega el otoño al hemisferio Norte y con él los amaneceres fríos y las tardes templadas, los cielos entristecidos y las plantas mortecinas. Este año, además, lo acompaña una amenaza tecnológica que pocos entienden: el precio de la energía eléctrica. Los Estados y el mundo civilizado en general apuestan por energías independientes del carbón y los combustibles fósiles; los jóvenes sobre todo, se declaran fanáticos admiradores de las energías alternativas , renovables, limpias y más bien teóricas: el viento, el agua y la luz del sol, todas maravillosamente buenas . Pero vayamos por partes: el viento sopla cuando quiere, y suele soplar menos por las noches; el agua, en algunos países, no abunda; el sol, luce mucho y bien en verano , pero solo si no hay nubes, y en invierno, cuando más falta hace, aparece tarde y se pone pronto. Para redondear este panorama sombrío que estoy pintando, no tenemos ni idea de cómo guardar todas esas energías para usarlas cuando las necesitemos, que suele ser de noche, en invierno y sin viento. Sabemos guardar una pequeña parte, pero aún no hemos encontrado una forma rentable , global y sencilla de acumularlas.
Por estas razones, una vez cerradas las centrales térmicas, que quemaban carbón y producían mucha electricidad, pero con muchos humos y CO2, una vez cerradas las centrales nucleares, el coco de los gobernantes y los ciudadanos ignorantes, nos quedan las renovables citadas, o sea, Caperucita, Blancanieves y los tres cerditos, personajes de ficción que solo sirven, por ahora, para paliar un poco
el déficit energético de un mundo con la demanda de energía desbocada. Todos queremos calefacción, coche propio, luz a raudales, electrodomésticos, alta velocidad y alta fidelidad... Y no hay para todos. Y como la oferta es limitada, y la demanda imparable, el resultado es evidente ): subida de precios. En España, en una año, algo así como el 200% y subiendo cada día. Estos días, a más de 200 euros el Megawatio hora.
Para no terminar el post tan agriamente, vamos a proponer un pequeño alivio posible ahorrador de calor, energía , tal vez un par de euros mensuales ( calculo a ojo) a muchos de nuestros visitantes y usuarios. El remedio es sencillo. Todos sabemos que la calefacción es cara, tal vez lo más caro en energía si queremos vivir en un ambiente agradable, sobre todo en países y tiempos fríos. Veamos cómo mejorarlo. Casi todo el mundo ventila la casa poco después de levantarse, justo cuando la temperatura ambiental suele ser más baja, a primeras horas del día, en un rito que es a la vez limpieza e higiene: aire limpio y casa bien oxigenada. Pero haciendo esto, expulsamos al exterior el aire tibio en el que hemos pasado la noche y que nos costó dinero calentar el día anterior, sustituyéndolo con aire nuevo, limpio pero frío, que nuestra estufa o calefacción tendrá que calentar de nuevo. Cambiemos el chip. No abramos las ventanas hasta que la temperatura ambiente no alcance un valor suficiente para no producirnos demasiadas pérdidas. No es lo mismo abrir las ventanas con 10º en la calle que cuando hay 20º, hacia mediodía o primeras horas de la tarde, normalmente. Este pequeño cambio diario será suficiente para mejorar la temperatura de las viviendas, evitando pérdidas de calor innecesarias. Tal vez sean solo unos céntimos diarios, pero el año tiene 365 ( o uno más) días en que practicarlo. No nos dejemos engañar por los noticiarios del tiempo cuando nos dicen que mañana tendremos temperaturas entre 10 y 22º... y la gente poco avisada solo se fija en el 22. Pero ese 22 solo se tiene, probablemente, hacia las 14 horas, durante solo una hora, y el resto del día habrá muchos menos grados. Si abrimos las ventanas a esas 14 horas, entonces, la casa se ventilará y el aire tibio que entre, mantendrá la vivienda templada, lo contrario que ocurrirá si abrimos a las nueve de la mañana, con 10º. En mi casa y caso hoy, he abierto a las 14 h con 22º al exterior, y he cerrado mis ventanas hacia las 16 h. en una tarde soleada, y el ambiente ha quedado tibio y seco. Esta mañana teníamos siete grados. Comparen.