Admiramos a los inventores del avión, el submarino, la caldera de vapor, el teléfono, y casi todo el mundo conoce a algunos y sus nombres, pero hay algunos inventos cuyo autor, a menudo, es plural, se consiguió crear la invención en un laboratorio donde trabajaban muchos, o fue el resultado de diversas colaboraciones. En la actualidad, cuando el mundo es una maraña de investigadores en universidades, laboratorios, empresas, resulta más complicado realizar un descubrimiento importante a solas. Es más, en estos tiempos, las revistas del gremio publican a diario descubrimientos que, aseguran con demasiada alegría, revolucionarán la industria , la medicina o cualquier otra área la actividad humana. No suele ocurrir. Sin embargo, entre tanto donde elegir, y muy de vez en cuando, alguno de ellos resultará realmente decisivo sin que , por el momento, nadie lo note. Y hubo uno, el siglo pasado, varios si queremos ser justos. que modificaron el mundo tal como era y nos condujeron a éste, mejor o peor según se mire, pero fundamentalmente distinto. En mi opinión, sin desmerecer otros fueron estos dos: El diodo y el transistor. Toda la electrónica moderna, la que jubiló a las válvulas de vacío, y la informática, nacieron con ellos. Quítenlos de sus vidas y no reconocerán el mundo que resulta, desde este Pc a, probablemente su reloj, el móvil o la IA que escribió este artículo ( es broma). Saber quiénes fueron sus autores ya no resulta tan fácil, porque a veces hay varios. Y resulta una buena opción preguntarle a una IA por los detalles, porque aparecen nombres menos conocidos para el gran público, como : John Bardeen, Walter Brattain, William Shockley, Jonas Salk... como para ocupar toda una tarde de domingo sin otra cosa que hacer.