Lección de vida:
¿Qué es el Hombre?
¿Cómo empezar…?
Simplemente al escribir este título se me vienen tantos pensamientos que no sé por dónde empezar. Lo primero que se me ocurre es decir que llevo más de 15 años buscando y leyendo libros que hablen de ese tema (antropología filosófica), pero como decía uno de ellos, “el hombre es inefable para el hombre” es decir, por más que se lea y se estudie lo que es el hombre, jamás podremos saber en concreto todo lo que él es, pues para nosotros mismos el hombre es y seguirá siendo un misterio. Más curioso aún es, que cuando uno se pregunta ¿qué es el Hombre?, lo que en realidad estamos haciendo es, preguntarnos a nosotros mismos, ¿Qué soy yo?, porque yo mismo, soy la experiencia de eso que es el hombre.
Sin embargo, después de todos estos años de lectura y estudio esporádico (más a nivel de un jobbie, que de una profesión), puedo compartir contigo algo de lo que he aprendido, que por demás, creo que no solo te será interesante, sino que puede marcar tu vida, como lo ha hecho conmigo.
El mundo ha olvidado que es el hombre.
De lo más sorprendente que me he encontrado en esta búsqueda, es la gran ignorancia que existe hoy en día a cerca de este tema (así fue como yo mismo me inicié en este tema, tomando conciencia de mi propia ignorancia), sabemos de todo…, ciencia, política, economía, deportes, moda, chismes, mascotas, autos, etc., pero del hombre sabemos nada o casi nada. Hace unas semanas le preguntaba a un amigo Japonés que me explicara “que es el hombre” a lo cual me respondió (después de un largo silencio) “¿me puedes dar un ejemplo?”.
Con la mayoría de los Ingenieros de la fábrica en donde yo trabajo es lo mismo, pregunto y nadie me contesta con precisión. Para ayudarlos les digo, “bueno, dime ¿Cuál es la diferencia entre un hombre y un animal?” y fuera de: “la inteligencia”, no logro sacarles otra mejor respuesta, sobre todo cuando les menciono que también los animales tienen inteligencia, al menos una inteligencia de tipo “practica”.
Es decir, la mayoría de la gente, hoy en día no sabe distinguir con precisión, cuales son las diferencias fundamentales entre un ser humano y un animal (libre albedrío, auto-reflexión, imaginación, lenguaje, cultura, misión, sentido de la vida, etc.), pero en realidad esto no es lo grave, porque se pensaría que todo es de falta de conocimiento general, pero lo que sucede es que esto tiene mucho más de fondo.
La verdad es que – y esto lo aprendí en alguno de esos libros – para saber qué es el hombre, las personas deberíamos saber primero, que es Dios, porque curiosamente, ambos conceptos van tomados de la mano. La prueba de ello la puedes comprobar fácilmente si le preguntas a una persona que sea no-creyente ¿Qué es el hombre? Y si comparas su respuesta con la de una persona que tiene fe (en particular la fe cristiana), comprobarás que sus respuestas nunca serán las mismas.
Por ejemplo, acabo de leer una entrevista que le hizo el director del diario italiano “Republica” al Papa Francisco, y en ella Eugenio Scalfari (no-creyente) expresa su idea de dios y del hombre de esta manera:
“El Ser es un tejido de energía. Energía caótica pero indestructible y en eterna caoticidad. De esa energía emergen las formas cuando la energía llega al punto de explotar. Las formas tienen sus leyes, sus campos magnéticos, sus elementos químicos, que se combinan casualmente, evolucionan, finalmente se apagan pero su energía no se destruye. El hombre es probablemente el único animal dotado de pensamiento, al menos en este planeta nuestro y sistema solar. He dicho que está animado por instintos y deseos, pero añado que contiene también dentro de sí una resonancia, un eco, una vocación de caos.”
El hombre es un ser creado por Dios a su imagen y semejanza.
Para cualquier cristiano, la respuesta más común es la que “el hombre es un ser creado por Dios a su imagen y semejanza”. Pero ¿cuál es la implicación de esta diferencia?, que bien podría ser tan solo cuestión de opiniones diferentes y que en última instancia, solo habría que acabar por aceptarlas. La verdad que aquí reside la esencia de esta lección de vida, me explico:
Si tú le das un violín Stradivarius a un indígena nativo del río Amazonas, es posible que termine por hacerlo leña para hacer fuego, en cambio si se lo das al primer violín de la Sinfónica de Moscú, es muy probable que lo que haga con este instrumento, sean “maravillas”, es decir, reproducir la música más bella que te puedas imaginar. Aunque mi ejemplo haya sido de lo más burdo, la siguiente pregunta sigue siendo válida para mí propósito: “¿en qué estriba la diferencia del uso que le dio uno y otro personaje de este ejemplo?” La respuesta aunque, más que obvia, es fundamental, el nativo no conoce la naturaleza para la que fue creado el violín y el concertista de Moscú, sí. Pero ¿a qué viene todo esto?
El que yo conozca o no el sentido de la naturaleza humana, es decir, lo que es el hombre, es crucial para la dirección que le dé a mi vida, y más aún, para que logre o no realizarme como ser humano, y aquí estamos tocando el tema de la felicidad, vocación de toda persona, venga de la cultura que venga, sea cual fuera la época de la historia en la que haya nacido.
En resumen, si yo no conozco lo que es el hombre, si yo no entiendo cuál es su naturaleza (para lo que fue creado), es muy poco probable que lleve mi vida por la dirección correcta y termine, por así decirlo, utilizándola “como leña para hacer fuego”. Confucio decía: “El que yerra la dirección, pierde todas las batallas”.
Si yo digo, que el hombre es “vocación de caos”, ¿qué cosa me inspira?, ¿hacia dónde me lleva esa idea de hombre?. Si yo digo, que soy un ser hecho a imagen y semejanza de Dios, ¿qué efecto podría producir en mi vida?
Orígenes (Asceta y gran teólogo del año 185) decía:
“Está escrito: Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios; y poco después dice: Dios es amor. Aquí se nos enseña que, al mismo tiempo que Dios mismo es amor, el que es de Dios es amor. Esta verdad exige que en nosotros haya algo que nos haga semejantes a Él, de manera que, por este amor y caridad que está en Cristo Jesús, estemos unidos a Él por una especie de parentesco. Este amor de caridad nos hace valorar el hecho de que todo hombre es nuestro prójimo. Por esta razón el Salvador compuso la parábola del buen samaritano. En ella Jesús, censura al sacerdote y al levita que, viendo a un hombre medio muerto, pasaron de largo, pero ensalza al samaritano que practicó la misericordia con el herido. A través de la respuesta que dio el mismo que hizo la pregunta, confirma que el samaritano fue el prójimo del herido, y le dice: Ve y tú haz lo mismo. En efecto por naturaleza, todos somos prójimos los unos de los otros, pero, por las obras de caridad, el que puede hacer el bien se hace prójimo del que no puede."