Autor Tema: LOS CUATRO EVANGELIOS  (Leído 3329 veces)

Tinog

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LOS CUATRO EVANGELIOS
« : Octubre 05, 2015, 11:35:47 am »
   La Palabra Viva y Perdurable:
   El medio social en que vivió Jesús fue el de gente sencilla y trabajadora; pescadores del lago de Tiberíades,  agricultores, artesanos, trabajadores de oficio, empleados y  jornaleros. 
   ¿Cuántos supieron escribir entre sus doce Apóstoles? Con certeza, Leví, llamado Mateo, el recaudador de impuestos, Juan (evangelista) y Judas, el cajero del grupo. ¿Y los demás? Lo ignoramos.
   ¿Cómo y cuándo se escribieron lo que San Justino denomina “Unas Memorias de los Apóstoles”, Los Evangelios?.
   Papias, el viejo Obispo de Frigia (discípulo de San Pedro), hacia el año 130 invocaba la autoridad de “la palabra viva y perdurable”.
   La memoria en aquellos israelitas nada tiene de común con la nuestra, tan esclerosada y empobrecida. Desde niños eran entrenados para retener las sagradas enseñanzas de su fe, reveladas por los profetas.  Los discípulos  de un maestro lo escuchaban y retenían sus palabras “de memoria”, gracias al entrenamiento especial que se les imponía a los niños.
   ¿No fueron redactadas las profecías de Jeremías después de  veintidós años de recitación oral?
¿Qué otra cosa es la Mishná, parte esencial del Talmud, que la tardía escritura de una enseñanza hecha de viva voz?. 
   “Un buen discípulo, decían los rabinos judíos, es semejante a una cisterna bien construida, de donde no se escapa ni una gota de agua”. 
   Antes de ser redactado, el Evangelio fue conservado así, en unas memorias sin fisura, y así, por este medio que era habitual a los judíos se conservó la enseñanza de Cristo a los Apóstoles.
   Pre-Evangelios: Esta enseñanza se fue completando con los relatos sobre los incidentes y detalles de la vida de Jesús;  y al ir creciendo el número de fieles, que se iban propagando también fuera de Israel, fue necesario redactar en unos “borradores”, “mementos”, “pre-evangelios”, resúmenes que recogían lo que después calificó San Agustín (en el siglo V): “Siendo Cristo la Palabra de Dios, sus mismos actos son para nosotros palabra y enseñanza”.  San Lucas, al comienzo de su Evangelio, nos atestigua la existencia de estos resúmenes, que llevaban consigo quienes transmitían la nueva fe a otros confines.
   Severidad en la selección de los textos evangélicos aceptados en la Iglesia primitiva:
   1) Se proscribía la leyenda (por ejemplo, la de la conversión del rey de Edesa Abgar, que, aquejado de una enfermedad incurable había escrito a  Jesús, y había recibido de Él otra misiva de respuesta que lo curó; y que, tras estos eventos, Jesús había enviado a Tadeo, uno de los setenta y dos Discípulos, a llevar la buena nueva al reino de Edesa).
   2) Se aceptan sólo textos de uso general en las comunidades,
   3) cuando la doctrina que expresaba era ortodoxa, y
   4) sobre todo  -tal era el criterio esencial- cuando podía invocar la autoridad de un Apóstol (los Apóstoles y sus Discípulos directos fueron los verdaderos testigos de Cristo, y de ahí  se llega a la reveladora fórmula: “Evangelio de Jesucristo según…..”).  Puede afirmarse sin error, que muy pocos documentos históricos antiguos se han beneficiado de tales cuidados. Con estos criterios, se adivina la severidad en lo que llegaría a ser el Canon Cristiano.

   Podemos, pues, representarnos bastante bien cómo se constituyó este conjunto de textos que forman hoy nuestra Escritura Cristiana.  La tradición oral se fijó poco a poco literalmente en el conjunto de los testimonios; la comunidad  -la Iglesia-  cuyo papel fue definitorio, escogió aquellos que tenían las garantías de autenticidad, después de lo cual veló celosamente para no dejar añadir otros.  Se levantó así un sólido bloque que, a pesar de ser sitiado muchas veces por las locas vaguedades de las fábulas y las interpretaciones filosóficas de nuevos adeptos, pudo  permanecer sin ser alterado.

   Los tres Evangelios Sinópticos:
   ¿Quienes fueron los primeros dos evangelistas?:
   Mateo, Apóstol de Cristo, fue uno de esos judíos helenizados (si admitimos que el autor y el traductor al griego fue la misma persona),  que había sido publicano (recaudador de impuestos) hasta que respondió al llamado de Jesús, convirtiéndose en Apóstol.  “Mateo, escribió Ireneo (sucesor de San Potino, Mártir) a fínales del siglo II, en medio de los hebreos y en lengua hebrea, dio a luz un Evangelio”. 
   Ya anteriormente en pleno sigo II Justino, filósofo y Mártir, lo había citado más de ciento setenta veces; y Papías, hacia el año130, nos habla de la “ordenación de las frases del Señor” por parte de Mateo.
   Marcos, en su Evangelio, se interesa menos por las palabras de Jesús que por sus actos; cuando cuenta el prendimiento de Jesús, menciona -y es el único que lo hace- a un joven que estuvo a punto de ser detenido y que se desprende de la túnica que lo cubría y de la cual lo tenían sujeto, huyendo a toda prisa desnudo en la noche (Marcos 14, 51-52). ¿Quién pudo contar a Marcos este episodio?, porque todos los Discípulos habían huido. ¿Sería ese joven el mismo Marcos (“firmando” así su Evangelio)?.   San Marcos fue Discípulo de San Pedro, como lo afirma Papías (hacia el año 130), diciendo que: “Marcos fue el intérprete de Pedro”,… “repitió la catequesis del Apóstol”,…“sin orden”,….“según las necesidades”,… con la preocupación de: “no dejar que se perdiera ni deformase nada de lo que había oído”……  Marcos (o Marco) era primo de Bernabé, uno de los 72 Discípulos directos de Jesucristo, e hijo de aquella María que, en el año 44, acogió al Apóstol Pedro, milagrosamente evadido del calabozo, en aquel caserón donde se reunían los primeros Cristianos (Hech. 12, 12).  Vivió, pues, en medio de los Apóstoles.

    Lucas, oriundo de Antioquía, griego de raza y de educación, fue el más culto de los cuatro evangelistas; escribe en un griego con una prosa digna de los clásicos, a diferencia de los demás evangelistas.            Se puede ver, al comparar los términos y estilos de escritura de cada Evangelista, que los Evangelios de Mateo y Marcos junto con el de Juan se escriben (o transcriben) en el mismo estilo griego, un tanto monótono, con el que se hablaba comúnmente en los pueblos helenizados  (en trozos de tabletas de barro, “òstraca”, en las que los ciudadanos comunes hacían sus cuentas y escribían sus pendientes cotidianos, datados con certeza de siglos I y II, se ha comprobado el uso de las mismísimas palabras y formas de escritura griega, no erudita, usadas en esos tres Evangelios; y que, por lo tanto, no se trataba “del idioma griego del Espíritu Santo”, como algunos llegaron a decir
   Además de artista, San Lucas fue también científico: médico, según tradición que se remonta a San Pablo (en el episodio de la mujer hemorroisa, al comparar las descripciones de Marcos: “había sufrido mucho con muchos médicos y gastado todo su dinero … iba de mal en peor” (Mc.5, 15), y de Lucas: “nadie había podido curarla” (Lc. 8,  43), se  nota  la influencia del médico en la narración escueta). Este médico tuvo la precisión que le dio la documentación que, como él mismo nos narra, él procuró “informándose con cuidado” (debió tener informes personales, parece que de la misma Virgen María sobre la infancia de Jesús; y también sobre una mujer: Juana, la esposa de Chuza -¿intendente del Tetrarca Herodes Antipas?.....).
Su Evangelio, dedicado al “excelente Teófilo” -sin duda un personaje oficial del Imperio- se dirigió a los gentiles, a la masa de los paganos convertidos.
 
 Una vez considerados, uno por uno, estos tres Evangelistas Sinópticos, persiste la incógnita sobre la profunda semejanza que entre ellos existe; en sus narraciones apenas se preocupan de la cronología, se repite netamente el encadenamiento de unos episodios con otros, y muchos pasajes se encuentran en los tres textos, casi frase por frase.  Los tres relatos se confirman mutuamente en lo esencial, y las diferencias entre ellos nos prueban que se trata de tres testimonios distintos. ¿De dónde vienen esas semejanzas y diferencias?: todos debieron tener fuentes comunes que utilizaron; la existencia de una, o más fuentes escritas (Pre-Evangelios), que en los siglos XIX y XX fue llamada Q (primera letra del vocablo alemán “Quelle”, fuente).
   Resumiendo: los Evangelios Sinópticos brotaron de la catequesis Apostólica; los primeros dos, Mateo (que es considerado que fue el primero en escribir su texto en arameo) y Marcos que procedió también de esa misma fuente oral y especialmente de lo que le relató y enseñó San Pedro y, si escribió después que Mateo, debió tener en sus manos ese primer texto del otro Evangelista (una situación análoga e inversa habría ocurrido si el primer Evangelio lo hubiera escrito Marcos).    San Lucas, el tercero y el
más documentado de los tres, alude al principio de su Evangelio a los “Pre-Evangelios” -esos libritos que usaban los discípulos misioneros-.  Conoció y convivió con San Marcos, San Pablo y con otros testigos directos de Cristo y, como escribió después que Mateo y Marcos, logró lo esencial de los otros dos Evangelistas. Finalmente, cuando San Mateo tradujo su Evangelio al griego, tuvo la oportunidad de concretarlo y aumentarlo, pudiendo servirse también de Lucas, que ya habría podido terminar de escribir su Evangelio.  Este complejo juego de influencias es seguro que se diera, y explica perfectamente la unidad de conjunto y las diferencias de detalle entre los tres Evangelios Sinópticos.

   El cuarto evangelista, Juan, escribe su Evangelio a finales de su vida.
La diferencia entre los Sinópticos y el cuarto Evangelista es doble: relata cierto número de hechos que los tres primeros no mencionan, con los cuales se confirman  tres años de Vida Pública de Jesús, mientras que lo que relatan los Sinópticos podría caber apretadamente en un solo año. Todo sucede como si su autor, conociendo perfectamente los otros textos, hubiera querido completarlos.  La otra diferencia que resalta de forma sobresaliente, es su tono místico y meditado al relatar la vida de Jesús: “…En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.…Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él. Y si Dios queda glorificado en Él, Dios igualmente le glorificará a Él en sí mismo…” (Juan. 13, 31-32).  Los otros tres Evangelios ven a Cristo más en su humanidad, y el cuarto lo mira más en su Divinidad. Y así, el autor observa en varias ocasiones que él y sus compañeros no entendieron de momento las palabras y gestos del Maestro; y, como escribió este Evangelio hacia el fin de su vida, se comprende que, habiendo meditado unos sesenta años la vida y las enseñanzas del Maestro, supiera extraer de ellas más que los otros.
   ¿A quién se dirigió este Evangelio? Seguramente a Cristianos ya formados, a quienes ya no había necesidad de repetir, ni de volverles a enseñar unos hechos que todos conocían (y que ya estaban, además, en los textos de los otros tres evangelistas).
   Hacia los años 110 – 120, Policarpo , Obispo de Esmirna, cita la primera Epístola de San Juan, la cual está estrechamente ligada a su Evangelio; y treinta años más tarde, Justino utiliza este mismo Evangelio.  En pleno Siglo II, cuando las grandes discusiones por las herejías de los Gnósticos, ¡cuántos polemistas, de ambos campos, se refieren al texto del Evangelio de Juan!:  lo mismo Teófilo de Antioquía, hacia el 180, Polícrates de Éfeso, hacia el 190, que Ireneo de Lyon, por los años 173 y 185.  En los alrededores del 200 el Canon de Muratori afirma netamente que este Evangelio lo había escrito Juan.   Otros textos característicos sobre la autoría de San Juan,  fueron el de Clemente de Alejandría (a fines del siglo II, o principios del siglo III), aducido por Eusebio (historiador del siglo IV):
   “Por último, dijo Clemente, al ver San Juan que los rasgos exteriores de Cristo habían sido bien iluminados en los Evangelios, impulsado por sus discípulos y llevado por el Espíritu, compuso el Evangelio de los rasgos espirituales”.
   Asimismo, Ireneo escribió el famoso pasaje:
   “También Juan, el discípulo del Señor, el que descansó sobre su pecho, escribió su Evangelio mientras habitaba en Éfeso”  (si consideramos que Ireneo había escuchado la enseñanza de Policarpo, discípulo de Juan, muerto mártir el año 155 y que “había seguido a Cristo durante ochenta y seis años” -es decir, que Policarpo debió nacer hacia el año 70-, se verá que no hay ninguna interrupción en la tradición que enlaza a San Juan con Ireneo).
   Finalmente, hay otro indicio que nos corrobora la atribución de este Evangelio a San Juan, y es el cuidado que pone el autor de este Evangelio en no mencionarse de nombre a sí mismo, ni a sus familiares directos (ni a sí mismo: Juan, ni a su hermano Santiago, ni a sus padres: Zebedéo, y Salomé, su madre, a quien los Sinópticos señalan en el Calvario la tarde del Viernes Santo). Con este signo de humildad, nos está “firmando” San Juan su autoría.
   El cuarto Evangelio constituye, pues, una fuente histórica de primer orden que completa, de modo insustituible, cuanto nos enseñan los tres Sinópticos. Incluso nos es atestiguado por una de las copias más antigua: En 1935 se encontró un fragmento de papiro egipcio -hoy el Pap. Ryl. GK. 457 de la Biblioteca Rylands de Manchester- sobre el que se lee un pasaje del Capítulo 18 de San Juan: el diálogo de Cristo con Pilato.  La discusión entre especialistas de todas las tendencias ha establecido sólidamente la fecha de este inestimable pedazo de papiro entre los años 125 y 130, es decir, unos veinticinco a treinta años después de la redacción del Evangelio.
   Las críticas que aluden a las diferencias del cuarto Evangelio con los otros tres, tienen que considerar lo siguiente: Como la Iglesia primitiva había puesto tanto cuidado en recoger los textos de su tradición y en apartar los sospechosos (los apócrifos), ¿cómo iba a haber acogido este libro en su Canon si no hubiese estado segura de que representaba un testimonio fundado sobre la Garantía Apostólica?......
Los Evangelios no son libros de historia.  Los Evangelistas no pensaron en escribir una biografía con escrupuloso cuidado de los detalles cronológicos (como establece el criterio histórico actual).  Les preocupaba a los Evangelistas, sobre todo,  iluminar el valor religioso de la vida de Jesús, con una selección de escenas que llevan con ellas sus enseñanzas.

   Tales son, pues, los cuatro documentos capitales que poseemos para conocer y estudiar a Jesús. Pero aunque inestimables, no representan toda la enseñanza de Cristo a su Iglesia, la cual está en todo el Depósito Apostólico con que se deben completar estos cuatro documentos.
 


   

« Última Modificación: Octubre 07, 2015, 02:02:12 pm por Tinog »

cefas

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Re:LOS CUATRO EVANGELIOS
« Respuesta #1 : Abril 10, 2016, 01:07:55 pm »
El Evangelio de este domingo, Juan 21 , segundo después de  Pascua, narra el encuentro de Jesús resucitado con un grupo de discípulos en el mar de Galilea. Me voy a pescar, dice Pedro.... y vamos tambien nosotros contigo... y todos en la barca , toda la noche, red arriba y abajo, nada, ni un solo pez hasta el amanecer: los que somos pescadores aficionados o más que eso, conocemos muy bien la sensación de frustración y desasosiego que invaden en esas circunstancias, y podemos imaginar el estado de ánimo de los pescadores fracasados esa noche en el mar de Tiberíades. De todos modos, lo que me asombra y querría destacar en este texto de hoy es el detalle con que el autor sagrado describe los actores y los hechos, quiénes estaban, qué hacían y qué hicieron en cada circunstancia, hasta llegar al dato final del número de peces que había en la red, ciento cincuenta y tres. Este detalle final testifica que el propio autor del relato estuvo allí. Quien sea pescador, lo entenderá. Y en efecto, los hijos del Zebedeo estaban allí, y Juan , el narrador era uno de ellos. Yo también los hubiera contado, Señor Jesús. :)

cefas

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Re:LOS CUATRO EVANGELIOS
« Respuesta #2 : Enero 06, 2022, 07:09:52 am »
Hoy se celebra la Epifanía, Manifestación, del Señor Jesús. Los Reyes Magos, como los conocemos por acá, tres o unos ,  personajes importantes de la época, científicos y sabios de aquel tiempo, intentan una misión complicada: observan un fenómeno astronómico intrigante, investigan y se lanzan , seguramente sin la financiación oficial que se estila hoy,  en busca de la verdad... Y una vez localizado, obsequian al Niño con oro, incienso y mirra, pero hay un detalle que no he oido nunca comentar: ¿ Alguien se ha parado a pensar en qué se utilizaron esos materiales del obsequio? Aparte de lo que podemos pensar, tal vez en limosnas y ayudas a pobres gentes del lugar, al menos el oro pudo ser de gran utilidad al cabo de poco tiempo, habida cuenta de que la Familia tuvo que emigrar a Egipto huyendo de Herodes; José a la cabeza, llevando lo imprescindible, largas jornadas en caravana, llegada, búsqueda e instalación de nueva casa, niño pequeño que cuidar,  compra de herramientas de carpintería , supondremos, idioma nuevo, adaptación, y un largo etcétera de imprevistos que atender . En esto de la emigración, parece que no ha cambiado mucho el mundo en dos milenios. Y también es posible que a Jesús le contaran, en cuanto fue un poco mayor, en qué consistió ese episodio y cómo se necesitó ayuda para sobrellevarla. Por fin tal vez podamos entender alguna de las finalidades del áureo obsequio ... la Providencia funcionando por encima y adelantándose a los acontecimientos, como siempre, lo veamos o no.