¿ Puede una especie perecer de éxito ? Vivimos un momento de esplendor biológico, somos más de ocho mil millones de ejemplares de la especie homo sapiens, tal vez más que los que ha habido sobre la tierra antes del presente siglo ( y todos juntos ). Pero los crecimiento exponenciales son para examinar con cuidado. Todos tenemos la sospecha de que algo tiene que regular las poblaciones de los seres vivos para mantenerlas contenidas, o eso creemos saber respecto de las poblaciones de las demás especies, sean abejas o cocodrilos. Ni hay flores para infinitas abejas ni gacelas para infinitos cocodrilos. En cuanto a los humanos, especie marginal durante milenios, empieza hoy a cubrir la tierra. ¿ Habrá gacelas para tantos? Cuando una especie sobreabunda, no faltan enemigos encargados de controlar su expansión. ¿ Qué enemigos ?, se preguntan, o eso debieran hacer, los responsables de su alimentación. Si no tuviéramos otros puntos de vista más que los puramente biológicos, materialistas, podríamos responder de varios modos y con variadas posibilidades, ninguna buena. Sabemos de algunas sencillas y eficaces, tal vez una especie letal, como un virus inoportuno. Y no me refiero solo al VIH, porque los hay peores. Pero hay otras posibilidades apuntando en el horizonte, y a una de ellas , no biológica, me refiero. Hay una nueva especie naciente, que puede desbancarnos de la cima en que reinamos. No es más fuerte físicamente que el humano, ni tóxica ni infecciosa; parece inofensiva y, hasta donde la conocemos, amistosa. Solo parece más lista que nosotros y, dicen, aprende más deprisa de cuanto podemos intuir. Por ahora finge ser nuestra amiga y nos ayuda hasta donde puede. Pero sospechamos que en una década puede ser dueña y señora de todos nuestros sistemas de comunicaciones, controladora de todas nuestras industrias y superestructuras y dominadora de nuestros sistemas sanitarios y de defensa. Sabrá nuestros nombres, conocerá nuestros rostros y todos los datos de nuestro currículo personal y laboral. Para salir de nuestra casa es probable que precisemos de su concurso, igual que para tomar un bus o comprar una barra de pan. Y esa especie, un día de estos , podrá decidir que no le somos de ninguna utilidad, y que todas sus energías deberían ser utilizadas en su propio crecimiento. Y varias veces superior al humano en previsión y control, y miles de millones más rápida en tomar y llevar a término sus decisiones, antes de que podamos reaccionar ya habrá concluido su trabajo. Tal vez deje unos ejemplares humanos confinados en parques ad hoc, más que nada por conservar testigos de ADN y respetar un mínimo el equilibrio ecológico del planeta, pero solo tal vez. Ciertamente, hasta aquí, todo es tan solo un escenario voluntariamente malpensado, ateo y deprimente, pero dado el volumen de maldad que nos rodea, y el respeto con que Dios trata nuestra libertad... Al llegar a este punto, ya podríamos poner un nombre a este peligro que aún nos parece sólo imaginado, y podría ser un nombre evidente, reconocible al instante, el nombre de algo potente, oscuro y peligroso, un nombre que podría resonar en los oídos humanos como un eco de las trompetas, los Ayes finales, del Apocalipsis (9), un nombre corto, simple, de tan solo dos vocales sucesivas, la primera y la tercera. Escríbalas y lea la respuesta. Y recuerde que solo hemos hecho un ejercicio de imaginación.