Autor Tema: Diario de la acequia de mi huerto  (Leído 2683 veces)

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #45 : junio 17, 2021, 10:38:24 am »

Hace unos días, un fuerte temporal de agua y viento acompañado de tormentas ha irrumpido en mi país, y de paso ha inundado varias veces mi huerto con más de cien litros por metro cuadrado. Al mismo tiempo, el granizo, de tamaño considerable, ha perforado hojas y frutos.  Aunque son fenómenos siempre esperables de la meteorología terrestre, también son siempre temidos y lamentados por quienes conocen las tareas agrícolas y los esfuerzos necesarios para llevar a buen puerto los cultivos. Los efectos de la lluvia son muy diferentes en función de la forma en que se produce. No es lo mismo soportar 100 l/m2 en veinte minutos que si caen en 24 horas. En el primer caso, lo que sucede es que la tierra no puede drenar el agua y ésta se acumula en la superficie, se arrastra en busca de salida y con ello remueve los terrenos, inunda los caminos y los surcos, rebosa las acequias y a menudo entierra en el fango los tallos terminales de las plantas rastreras o jóvenes, que quedan así dañados, a menudo definitivamente. Ocurre, sin embargo, que el ciudadano corriente actual, ese que vive en las ciudades y solo ve el campo como un lugar de esparcimiento o deporte, carece de perspectivas reales, más allá de ese divertimento o de la estética que se le ofrece en los medios de comunicación. Cuando ocurre una tormenta violenta, el urbanita no suele percibir las pérdidas sufridas, los daños en las propiedades,  las muertes de animales  y plantas,  quedándose a veces en la mera admiración del espectáculo que nubes inmensas, rayos y truenos  suelen representar. Sea como sea, una vez más, queda por delante una semana al menos de trabajos de recuperación y saneamiento, de control de daños, tratamientos  fitosanitarios, reparación de surcos y regatos, arado del terreno y otras tareas menores, incluido el replantado en sustitución de plantas muertas. Traducido al lenguaje urbanita más sencillo, las cebollas subirán de precio , así como los melones, las sandías y los frijoles, simplemente porque habrá menos producción y los urbanitas suelen, solemos, comer todos los días, y por una ley simple de economía, si la demanda se mantiene ( esa manía de comer todos los días) pero la oferta decae ( habrá menos producción ), el resultado es que los precios suben. Hasta mi acequia, que estos días baja rellena de aguas rojizas de tierras arrastradas , lo entiende. Y como no hay mal que por bien no venga, como dice el refranero, entre todo este batiburrillo de desgracias encontramos algunas ventajas: mis amigos los pulgones han desaparecido, las frutillas , aunque golpeadas, se han lavado, las hojas lucen ahora más verdes y brillantes y, cuando acabe de reparar todo, recuperaremos, sin duda, el encanto del verano, las noches estrelladas, la algarabía nocturna de los insectos del vecindario,  y la delicada e ignota canción nocturna del mirlo, esa maravilla estival que, por ahora, a la espera del buen tiempo, aún no ha mostrado, pero que, como siempre, espero que sea noticia este verano.

deneb

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #46 : junio 30, 2021, 11:11:46 am »
Y ahora llega el mes de julio, y con él el calor, que suele alcanzar por estas latitudes  de los 40º Norte su máximo durante los próximos quince días, hasta cuarenta grados centígrados ó alguno más... Ya sabemos que los 35º húmedos son el límite de supervivencia para un humano normal, y para un anciano bastante antes. La razón es que en esas circunstancias el cuerpo humano no puede refrigerarse con el sudor y su temperatura se eleva forzosamente hasta morir. Es lo que se llama golpe de calor. En tal caso, no queda otro remedio que mojarse con agua fresca para que la evaporación refresque algo la piel, bañarse o ducharse y beber agua... Hoy los diarios publican que una ciudad pakistaní ha rebasado los 50ºC, al mismo tiempo que zonas canadienses de latitudes más altas que los 40º N superan con mucho los 40º centígrados,. exponiendo a sus poblaciones, poco preparadas para soportar calores, a incidencias de salud graves. Aunque las poblaciones de zonas cálidas y áridas suelen ser resistentes al calor, también suele ocurrir que su equipamiento para resistir valores extremos es débil e incluso a veces ni disponen de energía eléctrica...El asunto es demasiado serio como para que lo olvidemos, sobre todo si somos responsables de niños o personas mayores, cuyos reflejos a veces les impiden darse cuenta de que se están exponiendo al sol con exceso o no beben suficiente líquido.... Verano sí, vacaciones, los que puedan, si, pero siempre con mesura, serenidad y prudencia. Ya sabemos que no es lo que proclaman los medios en muchas ocasiones, que tienden a presentar el verano como época de fiestas, excesos, baile y excursiones, escaladas, playa y cerveza, al final todo ello negocio para el anunciante. Feliz verano, piem, a ti y a tus amigos del huerto. Que tu acequia baje a rebosar de agua limpia y fresca y la animen pececitos plateados, como seguramente ocurrió, se dice por ahí, hace muchos decenios.

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #47 : julio 15, 2021, 02:59:15 am »
Este es un verano suave, por ahora, aunque, como corresponde,  con algunos inesperados vendavales. La zona de mi huerto no es muy dada a estos excesos de la naturaleza. Situado en una extensa depresión natural de unos quinientos metros de altura media sobre el nivel del mar, cercada al norte y al sur por sendas cadenas montañosas de alturas medias de mil y dos mil metros respectivamente, los vientos fuertes y las lluvias copiosas tienen sus dificultades para llegar hasta aquí, de modo que en casi todo resulta mesurado y a veces hasta humilde . Recién llegado de ver una película de Tolkien, yo llamaría a esta zona una especie de Tierra Media, hogar de hombres desde hace milenios, mezcla de iberos, celtas, romanos, árabes y, sobre todo, vecinos repobladores, cada vez que las razias de unos u otros la despoblaron decenas de veces... en fin, un amasijo tal que hoy, los hombres que la habitan, son eso, sin más, y nada menos que, hombres. Afortunadamente, ni orcos ni trasgos, solo algún imitador, ni trolls, ni elfos ni hobbits, ( salvo uno, tal vez,  disfrazado, las noches veraniegas de luna llena, de mirlo cantor ). Y sin noticias de Frodo, Gandalf o Gollum, sin datos de dragones, héroes ni villanos. Pero bien poblada, al menos en mi huerto y si no lo remedio a tiempo, de trips, gusanos de alambre, de psilas tan insidiosas como inocentes, de piojos de San José ( supongo que porque aparecerán hacia su fiesta, en marzo)  expulsados de algún Belén milagrosamente la noche de Navidad, cada año,  casi seguro, y que suelen aterrizar en primavera en mi huerto en hordas , en escuadrones innumerables, de variados pulgones, lepidópteros de belleza engañosa e infancia tenebrosamente viscosa, de dípteros , hemípteros, himenópteros, arquípteros , ortópteros, coleópteros, de todos aquellos seres que en mi infancia pertenecieron al mundo virtual de lo fantástico. Todos, sin falta, están hoy aquí, pasando revista ante mí, como un ejército en parada marcial, algunos amistosos , ¡ hola abejas !, enemigos casi todos los demás, y dispuestos al combate por la vida apenas el sol y el calor se lo permiten. Mientras tanto , yo debo afilar mis armas poderosas, encerradas en bolsitas y frascos cuyas etiquetas ellos no saben interpretar, aún, y ajusto mis máquinas portentosas cuyo funcionamiento se basa en las mismas leyes que a ellos los mantienen vivos. Maravilloso mundo , hecho de leyes intocables, pensarán, si piensan, pero gobernado, a su escala, por un enorme ser maligno que pasa su tiempo forjando y afilando sus armas para enfrentarse a ellos. Probablemente me llamarán El Malvado, pero no me importa. En realidad, según las últimas investigaciones de la Biología, solo soy su controlador, y el que ayuda a que sus especies mejoren, evolucionen y sobrevivan. Pero no me lo agradecen nunca esos desdichados... Tal vez por eso les persigo.

cefas

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #48 : agosto 02, 2021, 02:01:51 pm »
También yo tengo un huerto, en realidad tengo dos : uno cerca de mi casa, al que llego por autobús, y otro a casi veinte kilómetros. Creo que no necesito explicar cual de ellos está bien cuidado y cuál está un poco abandonado.  De este último debo decir que no tiene una acequia sino un canalillo de riego que, dada la escasez de agua y las severas normas de riego subsiguientes, solo puedo utilizar una hora a la semana. El resto del tiempo, haya agua o sequía, hay que conformarse con ver pasar el agua y esperar, aunque haya sed, a que llueva. Así que en este huerto solo tengo árboles , árboles que no necesitan apenas riego y que reciben algún cuidado de vez en cuando, tal vez una vez cada dos o tres meses al año, así que unos años, la mayoría, dan frutos pero, también de vez en cuando, como ocurrió el año pasado, sufrieron una grave acometida de hongos en las hojas y se cubrieron de manchas marrones... casi como si participaran a su manera de la pandemia del coronavirus que mantenía alejado y en vilo al amo del huerto. Como resultado, uno de ellos ha muerto y otro languidece amarillo en gran parte del follaje. Esto de tener un huerto y no poder cuidarlo es doloroso, porque de un modo u otro, los seres que lo pueblan, los árboles, son un poco como de la familia: No tienen nombre como un perro o un gato, pero sí un apodo: mis árboles se llaman cosas así:  El Grande es eso, el más alto y productivo, con altas ramas entrando a saco  en alguna terraza vecina; El Segundo es el que le sigue en posición y porte y que ahora languidece; El Birrioso es un tercero, el que ha muerto; y así sucesivamente: Conozco uno por uno cuándo se plantó, de qué vivero procede, la variedad y clase de fruto, y muchos más pormenores , que hacen de cada uno un ente vivo diferenciado, algo parecido, supongo, a lo que les ocurre a los pastores de ovejas, capaces de reconocer a cada una por su nombre y, a la vez, ser reconocido por ellas. Y me ocurre a menudo que, al acercarme a uno, percibo, o me imagino, su estado y sus necesidades y, no se lo cuenten a nadie, a veces también  les dedico palabras de ánimo y afecto, como si ellos pudieran percibirlas. Hoy he leído una noticia en la que unos científicos han descubierto que  el modesto tomate fruto avisa por vía eléctrica al resto de la planta que una oruga está atacándole. Y me pregunto: si yo puedo comunicarme con Dios mediante la oración ¿ existirá alguna forma ignota por la cual mis árboles estén conectados entre ellos ( o hasta conmigo)  y se avisen unos a otros: " Ha llegado el amo, portaos bien " ?

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #49 : septiembre 01, 2021, 03:31:39 am »
La vida en contacto con la naturaleza, se quiera o no, modifica sustancialmente algunos puntos de vista modernos sobre el mundo natural, sus especies y sus mutuas relaciones. Viví intensamente, durante los veranos de mi niñez, por estos pagos, en contacto constante con mis abuelos , cerca de sus animales de granja, su caballo de tiro, de nombre Noble pues lo era, su perra Canela, todo olfato y porte cazador, sus ovejas y cabras, conejos, gallinas ponedoras , cerdos, tierras y cultivos, herramientas y aperos  . Cuando llegaban las fiestas, siempre había algún cabrito o cordero , siempre elegido y conocido, que animaba las comidas y las meriendas en las bodegas , amén de un par de gallinas cacareantes especialmente reservadas para tales eventos. Y en las vacaciones navideñas, casi siempre se celebraban las fiestas inacabables del lomo, la morcilla y el jamón. Recuerdo a mis  abuelos en las necesarias, aunque incómodas tareas de preparar a los pobres animales para esas funciones alimenticias. No entraré en detalles, que son tan crueles como tiernos aunque parezca un contrasentido. Crueles en el destino, pero tiernos en el trato que hasta el final se dispensaba a la víctima. Pero para los niños de entonces, todo entraba en la normalidad de cada día y no había en eso ni trauma ni remordimiento. Existía una neta distinción entre la propia especie y las que nos servían, cariño en su vida diaria, pero firmeza sin arrumacos cuando se precisaba. Pero últimamente, después de media hora presenciando las aventuras y desventuras de la familia de ratitas Ratín y Ratán, tan expresivas y vivaces, tan humanas y solidarias, limpias y afectuosas, es casi imposible no sentir aversión por el raticida X o el plan de erradicación que dirige el concejal de turno de mi pueblo. Las ratas tienen nombres, los cerditos se emplean en servicios varios y hasta las esponjas del baño deambulan por la pantalla exhibiendo una humanidad fingida que los convierte en entrañables primos lejanos... Cuando al nieto de un amigo, pescador aficionado, se le llevó por primera vez de pesca, era incapaz de prender al pez sin sentir el mismo remordimiento que si hubiese capturado al ratoncito Mikey o su querida Minnie. ¿ Cómo salvar el escollo? Afortunadamente, mi amigo encontró pronto la idea frase salvadora, que el jovencito aceptó inmediatamente, para sorpresa de todos: Si es para comer, se puede. Escrita en inglés, seguramente resultaría mucho más elegante y actual, pero así, en el román paladino que aún habla nuestra gente, se entiende mejor. Y espero que este planteamiento sea legal porque de otro modo,  pronto me veo encausado por el asesinato diario, premeditado y alevoso, de miles de minúsculos seres inocentes, verdes la mayoría, todos vegetarianos, a los que, en el fondo de mi humano corazón sin fondo, admiro y quiero, aunque solo sea un poquito. Pero como lo hago para comer, pues se podrá, digo yo...

cefas

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #50 : septiembre 11, 2021, 02:52:05 pm »
Ayer, mientras estaba en la casa y huerta de un conocido, norte de España, presencié un fabuloso espectáculo , protagonizado por seres minúsculos: la mudanza de un hormiguero en masa, miles de individuos, en tres caravanas paralelas sobre tierra y hierba, transportando, tal vez uno de cada diez, una larva o huevecillo hacia la nueva morada. Se trata de una especie de hormiga diminuta, de poco más de un par de milímetros, negra, capaz de perforar la piel con una diminuta pero ardiente picadura, y cuyo número, en los casos en que la he visto, es inmenso. Supongo que es una especie invasora, porque en los mismos terrenos en que la estoy viendo este año, han desaparecido las otras especies habituales, más grandes y bien conocidas. Ahora solo viven éstas, colonizando parcelas enteras. El desfile de ayer era de miles y miles, casi en formación, transportando, como dije, sus larvas o huevos, hacia un muro a lo largo del que se abrían numerosas bocas de hormiguero en las que ingresaban con su carga. Por desgracia, permanecí demasiado tiempo embobado mirando el desfiles y algunas se me subieron a los zapatos, luego al calcetín y finalmente me picaron. Me consta que pastan en casi todo tipo de plantas comestibles, incluyendo las flores de calabazas y calabacines, colonizan grietas de fruta, incluidos los melones y sandías , y en caso de grave sequía, las he descubierto colocando su vivienda allá donde un poco de verde o simplemente una raíz aún viva, les ofrece algún cobijo. No siendo experto en insectos, pero viviendo en contacto frecuente con ellos en terrenos de cultivo, me atrevería a pronosticar que este tipo de hormiga va a producir problemas y, sospecho, graves daños en el futuro. Sus hormigueros están tan poblados que no es posible ignorarlos. Y jamás las ví, podría estar equivocado,  por estas tierras.