Los obispos son los sucesores de los apóstoles, palabra que significa «enviados». Esto suscita una pregunta esencial: ¿enviados por quién? Los doce apóstoles originales fueron enviados directamente por Jesucristo.
Nuestro Señor dijo a San Pedro: «Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia», Mt 16,18-20. constituyéndolo vicario de Cristo. Por ello, el papa —sucesor de San Pedro y máxima autoridad visible de Cristo en la tierra— es el único que posee la facultad de nombrar a los futuros obispos.
En consecuencia, quien no está en comunión con el Papa tampoco está en comunión con Cristo, pues rompe la unidad apostólica que Él mismo estableció.
A muchas personas les resulta difícil asumir esta verdad porque interpretan la Iglesia desde categorías exclusivamente sociológicas o políticas, reduciéndola a una institución humana sujeta a dinámicas de poder. Desde esa perspectiva limitada, algunos optan por distanciarse del Romano Pontífice.
No obstante, la figura del papa es insustituible en la estructura eclesial: su autoridad no depende de sus cualidades personales ni de su desempeño humano, sino de la naturaleza sacramental y jurídica del ministerio petrino, cuya legitimidad proviene de Cristo .