En estos tiempos, y en España, es frecuente encontrarte con emigrantes procedentes de Hispanoamérica, y aún más durante los últimos meses, con venezolanos... y estos días no estaría de más que los propios españoles pensáramos, como podrían hacerlo otros que viven circunstancias parecidas, en nuestra probable futura emigración...
Emigraremos cuando veamos nuestras tiendas vacías, nuestros sueldos devaluados por una inflación desatada, nuestros gobernantes sólidamente afincados en sus puestos , protegidos por leyes expresamente dictadas por ellos y para su propio provecho, y sobre todo cuando nuestras gentes hayan perdido mayoritariamente su capacidad de control sobre sus propias creencias y opiniones. Porque cuando la gente pierde esa capacidad de crítica racional, de filtrado de noticias y propagandas, de pensar por sí mismas con criterios racionales bien establecidos, entonces será la hora de empezar a hacer las maletas, o el hatillo si hace el caso. Algunos síntomas de estos peligros se ven ya ahora en España. Basta asomarse a las pantallas de nuestras televisiones, husmear en los mentideros y las tertulias de nuestras emisoras, para detectar la abundancia de mensajes idiotizantes, ( la palabra idiota ha sobrevivido incólume desde el latín de la Roma imperial hasta nuestros días ) y propagandas similares, preparados sutilmente para sustituir por eslóganes adecuados al pensamiento individual. Esta misma mañana, una emisora de radio española, más seria de lo habitual, ha dado, por enésima vez al año, entre otras, la noticia de que el Tesoro (la Hacienda pública) ha recurrido al mercado de deuda pública, a colocar, dicen, unos cuantos miles de millones de euros, en plazos varios hasta de cincuenta años. Eso de acudir al mercado de deuda, eso de colocar, eso de plazos de años tantos, encubre en realidad un proceso inacabable mediante el cual algunos de nuestros gobernantes, y tal vez de los suyos, de usted mismo que me lee, nos endeuda a todos y nos encadena a la obligación de pagar intereses y devolver ese dinero a los prestamistas. Y no solo a nosotros, sino a nuestros hijos y nietos. Ahora mismo, la deuda hispana está a niveles del PIB anual, lo que significa que debería trabajar todo un año y solamente para devolver el dinero prestado a mi país, sin contar los intereses...Y el gobernante nos lo aumenta periódicamente, cada semana o cada mes, transmitido en lenguaje técnico, el Tesoro Público realiza una captación de dinero, en un cierto mercado indefinido, aséptico, casi virtual, de modo que casi nadie lo traduzca a la realidad de su vida y su bolsillo. Y con algunos de los políticos ya conocidos, hechos de sueños vanos y promesas imposibles, cuyos proyectos son fundamentalmente medrar y sostenerse en sus posiciones de poder, temo que este país siga endeudándose , hasta caer, sin remedio, en el grupo de países pobres, guiados y embrutecidos por una caterva de gobernantes no ricos, sino escandalosamente ricos. La noticia real debía haber sido así: lamentándolo mucho, y como somos incapaces de cumplir los presupuestos anuales y otras promesas electorales excesivas, el Gobierno se ve obligado a aumentar nuestros ( o sea sus) niveles de deuda pública, que afectan a todos los ciudadanos, pidiendo a los inversores un nuevo préstamo de tantos miles de millones de euros... con lo que nuestra deuda nacional llega a los (PIB); y prometemos no volver a hacerlo.