Esto empeora un día tras otro. Cada vez que el J.Web envia una nueva imagen del lejano fondo del cosmos visible, cada vez más insondable, el número de galaxias posibles se multiplica, el catálogo se refuerza con miles de ellas en todas direcciones y el pobre astrónomo, mirando al cosmólogo, y ambos al filósofo, estallan en un grito de estupor. Hay fondo o no lo hay, esa empieza a ser la cuestión. Y esta mañana, deneb suele ir a misa a menudo, la lectura del día nos advertía que la sabiduría humana es nada frente a la de Dios. Y Dios, últimamente, se diría que está empeñado en demostrárnoslo. Y tal vez lo hace mostrándonos que el universo no es como lo imaginamos, ni siquiera, tal vez, como somos capaces de imaginarlo. Como suele decirse, cada respuesta que logramos contestar nos descubre cien nuevas preguntas que esperan respuesta. Siendo aún niño, un viejo profesor nos decía que el sabio se parece a alguien que, por fin, tras mucho esfuerzo, puede asomarse a la boca del pozo de ignorancia en el que nació, y descubre, apenas eleva sus ojos unos pocos centímetros del suelo, que hay cientos de objetos que debe entender y admirar. Si se eleva diez centímetros más, ya verá miles de cosas nuevas, y así sucesivamente.... Hoy el humano cree saberlo casi todo, pero apenas roza una respuesta nueva, se le acumulan diez nuevas cuestiones asociadas..., en una curva exponencial alucinante. Es una situación divertida, excitante, pero, a la vez, agotadora. Tan agotadora que, a largo plazo, puede obligarnos a reconsiderar nuestro afán de saberlo todo. Porque no estamos hechos solo para saber, como parece proclamar la ciencia de hoy. De hecho, hay muchísima gente que sabe muy poco del mundo, y no se siente más desgraciada que nuestros sabios, ni hay en la mayoría de las religiones mandamiento alguno que ordene conocer o comprender el mundo, sino más bien, al menos en la nuestra, usar sus bienes, el saber solo es uno de ellos, para mejora y beneficio propio y de los demás. Amor frente a sabiduría, o amor y sabiduría, pero en este orden. Parece que los bienes no nos van a faltar, el J.Web nos prueba que hay suficientes galaxias para alimentar a una humanidad inmensa. Pero tenemos que aprender a administrarlos y a agradecerlos a quien corresponde. A Dios.