Estos días, mi butaca anda repleta de Feynman, Don Ricardo Feynman, Nóbel de Física, del que soy y hubiera sido, de vivir hoy, seguramente, fan, porque su modo de ser, de pensar y opinar me ha caído siempre bien. Hace un tiempo compré un libro creo que de una hija suya, donde se recogen frases suyas referidas cuestiones varias y que viene a mostrar un retrato vívido y polícromo de su pensamiento global. Eso no significa que acepte todos sus puntos de vista y, como sucede con Don Alberto Einstein y otras figura similares, su grandeza intelectual puede no coincidir con los ideales de vida, de saberes y grandeza de un cristiano. Esto puede no gustar a muchos, pero, eso dice mi amigo el estoico, es lo que hay. Traigo hoy a Feynman a este tema porque creo que ha sido tan placentero como útil emplear algún tiempo a visionar de nuevo estos escritos y videos recogiendo resúmenes de sus conferencias y charlas , en los que podemos admirar la claridad de su pensamiento, la sencillez de sus explicaciones y la agudeza de su mente tratando de penetrar , a veces solo tratando, hasta lo impenetrable. En particular le veo confirmar la imposibilidad del continuo físico en el mundo en que existimos, asunto que también hemos defendido aquí, y afirmar con una certeza-opinión que no comparto, que la naturaleza es absurda, casi caótica. Su mismo método para determinar la trayectoria del fotón mediante procesos cuasi matemáticos y admitidos como tales, se diría estrambótico pero, como afirma admirado, funciona. Es el mismo método que propugna en sus conferencias sobre cromodinámica cuántica, que les invito a ojear. Como saben nuestros lectores, nosotros, si la naturaleza parece que se comporta inteligentemente, afirmamos que también existe una Inteligencia, escrita con mayúsculas, que puede actuar más o menos visiblemente. En el fondo, hasta Ockam nos daría la razón. Llegado a este punto , vuelvo a mi butaca a reconocer que son más relajantes otros temas pero, por qué no, de vez en cuando hay que darles una oportunidad a personajes como estos, en mi modesta opinión mucho más valiosos y dignos de atención que la turba de influencers y vips de pacotilla que asola hoy el panorama científico e intelectual.