Caundo una obra literaria, fílmica, artística, tiene un gran éxito, la tentación inmediata suele ser probar fortuna creando segundas partes, terceras, hasta agotar, si es posible, la fuente de ingresos, fama y experiencias que se pueda lograr. Vemos así remakes de casi todas las creaciones originales que resultaron en grandes éxitos: , Star Wars, Indiana Jones, 007, Harry Potter, El Señor de los anillos, y un vasto etc que cada uno puede completar. Y estos días, husmeando entre las oferta de una conocida empresa suministradora de series y películas, he encontrado algunos ejemplos de entre las citadas más arriba. Después de verlas, me estoy reafirmando en la opinión que ya tenía: que algunos , pocos, tres o cuatro a lo sumo, consiguen ser aceptables, en ideas y calidad, pero que si se abusa de ellos, los siguientes enseguida presentan síntomas de agotamiento. La fascinación del Halcón Milenario alcanzando la velocidad de la luz empieza a decaer después de verle hacerlo una y otra vez , y algo semejante les ocurre a los ajustados disparos de 007, los latigazos de Indiana, las peripecias mágicas de Harry Potter, etc etc etc. Es lo que me ocurrió el otro día cuando, satisfecho y feliz, apreté el botón para seguir disfrutando de las apasionantes, antes, aventuras de mis personajes favoritos. Pero a los cinco minutos había reconocido prácticamente todos los artilugios que me habían intrigado antes, los personajes lucían trajes y facturas habituales, los problemas de la intriga resultaron, con otros apelativos, repetición de los de otros episodios... y el encanto se disipó. Tal vez, por razones como éstas, se creó el refrán o dicho que todos conocemos: nunca segundas ( cuartas como mucho ) partes fueron buenas. Es preferible volver a ver ( habría que crear un verbo nuevo para indicar que se vuelve a ver, por ejemplo rever), es preferible rever la original o la segunda película de una serie, porque aún contienen informaciones y datos nuevos, que son los que nos impactaron, antes que un remake enésimo sin aportaciones reseñables. Por cierto,, ayer reví, volví a ver , y sobre todo oir, reoí, con la misma delicia de siempre "La Muerte tenía un precio ". La música de Ennio Morricone siempre me emociona. Ahora mismo, mientras escribo, me acompaño con la rítmica banda sonora de La Muerte tenía un precio ...