Este tema, sigue estos días en primera línea, mayormente entre los usuarios y visitantes de habla hispana, pero podría generalizarse, la experiencia lo demuestra cada día, a todos los países. lenguas y religiones. Ahora el dolor se ceba en España, pero mañana golpeará en cualquier otro lugar. Y aunque alguna reacción instintiva mire a Dios preguntándose el por qué, algunas reflexiones ayudan a encontrar, a veces con facilidad, entre los humanos, a los primeros responsables. Hay un choque de trenes, de aviones, de barcos, sea donde sea: se buscan las causas. Si la causa no es natural, un desmán más de la naturaleza, la lógica obliga a buscar responsables humanos. Lo malo es que, cuando los hay, a veces ellos mismos ya habrán buscado el modo de permanecer ocultos, con lo cual el enigma resultará casi impenetrable. El verdadero culpable, llamémoslo responsable, alegará que se hizo la revisión que marca el protocolo, el mantenimiento que señalaba el proveedor, y presentará documentos que lo acreditan, a menudo textos en los que se atestigua que se realizó todo exactamente, con todas las firmas y los sellos requeridos. Luego, el examen minucioso tal vez revelará que el material no era el proyectado, el mantenimiento solo se hizo parcialmente, las revisiones fueron mera formalidad, los exámenes fueron solo formalidades sin contenido... y empezará la larga cadena de sentencias y recursos que llegará a fin cuando ya apenas quede recuerdo de los hechos que los motivaron. Hay al respecto una larga y nutrida experiencia con los siniestros de aviones, por ejemplo, en los que las causas han sido, a menudo, defectos, fallos y errores atribuibles a humanos, diseñadores, fabricantes y operadores. Por fortuna, los organismos encargados de su esclarecimiento a menudo son eficaces y los propios usuarios, los pilotos, primeras víctimas potenciales, son los más motivados a la hora de exigir claridad y cumplimiento. En el siniestro actual, los maquinistas están empezando a alzar su voz exigiendo calidad en las tareas de mantenimiento de los sistemas a los que confían a diario sus vidas y las de sus pasajeros. En resumen, y por desgracia, en algunos accidentes, puede haber responsables por acción u omisión que nunca aparecerán, pruebas destruidas en el accidente, certificados de calidad emitidos sin garantía real, normas de fabricación que se incumplieron, y otras circunstancias que la intervención humana va añadiendo mientras se complica el esclarecimiento de lo sucedido. Volviendo al suceso actual, cuando la última sentencia de este siniestro se dicte, es posible que la niña huérfana encontrada vagando por las vías, en la oscuridad, después del accidente, ya haya olvidado los rostros de los seres queridos que esa horrible noche le arrebató. Pero que la tristeza no anule nuestra esperanza. Pedimos a Dios que acoja con misericordia y amor a las víctimas.