Colocado frente al vacío, ese ente tridimensional trufado de propiedades fantásticas, he hallado un argumento sólido: Si ahora está ahí (evidencia), nunca se dió la nada ( porque la nada es infértil). Por tanto, si nunca se dió la nada, siempre hubo algo. Algo eterno. Solo queda darle un nombre. Con mayúscula, please.
Un comentario en El Pais, sobre un libro de Guido Tonelli " La elegancia del vacío",