Hola Pacolo. Sobre tu mensaje del día 28, y antes de abordar otros aspectos posibles, creo conveniente exponer aquí algunas consideraciones generales acerca del lenguaje en español y sus vericuetos , que es instrumento rico en matices y propenso s despistar a los usuarios, entre lo que figuramos. Por eso, como habrás comprobado, en algunos temas hemos empezado con un primer mensaje relacionado con el significado de las palabras básicas empleadas al escribir el título inicial. Y voy a intentar algo parecido aquí, empezando por diferenciar delito de pecado, y viceversa...
Delito .- Acción u omisión voluntaria o imprudente penada por la ley. es una definición frecuente.
Cuando hablamos de ley, sin especificar, solemos referirnos a las leyes puramente humanas, dictadas por los seres humanos, gobiernos y parlamentos, tantos como naciones. Si estamos tratando el tema en el plano de lo religioso, donde las normas y leyes varían de una religión a otra, total o parcialmente, también tendremos tantas leyes distintas como religiones. En cada plano, civil o religioso, encontraremos diferentes sensibilidades, juicios y opiniones. Las leyes humanas, de esta forma consideradas, a veces coincidirán con las leyes que dictan las religiones y a veces, no. El las leyes humanas en general , no se usa, que yo sepa, excepción hecha de alguna teocracia suelta, ni siquiera el término pecado. Los jueces, igualmente, condenan por faltas o delitos, pero no por pecados.
Por otra parte, sería lógico suponer que debe existir , desde nuestro origen, alguna ley o sistema de leyes universales, que guíen y ordenen la vida y actividades de nuestra especie, como vemos que ocurre con todas las demás. Algunas religiones, como la cristiana, creen que existe esa ley universal, la llamada ley natural, que sería obvia y universal, que todo ser humano lleva impresa en el alma al nacer, y que debería ser obedecida por todos , pues procede de Dios. Pero no todas las legislaciones humanas o religiosas la reconocen por igual
Pecado.- En general, las religiones denominarán pecado a los actos u omisiones contra aquellas leyes que cada religión acepte como válidas, mientras que, las autoridades humanas o civiles, que suelen prescindir de la palabra pecado, llamarán delitos a los actos u omisiones contrarios a las suyas.
Los cristianos aceptan también sin problemas las leyes justas dictadas por la autoridad puramente civil, " Dad al César lo que es del César " ( en Mateo, 22, 16-22), mientras respeten la citada ley natural y los principios intrínsecamente ligados o revelados al cristianismo. Así, no aceptará la mentira, el asesinato, en sus variadas formas, o situaciones como la poligamia, aunque en otras religiones sea aceptada, y alguna ley civil tal vez lo haga o no, en alguna parte, y viceversa, en un variado muestrario de posibilidades... Y cuando las leyes humanas se oponen a la ley natural o al precepto religioso, el dilema que se presenta, y no solo a los cristianos, es inmediato: obedecer o negarse ( objeción de conciencia ). Muchas legislaciones del mundo occidental respetan en conjunto la ley natural, pero siempre hay áreas o casos en los que existe discrepancia, como en el caso del aborto, por ejemplo. En resumen, se peca contra la ley de Dios ( o de sus dioses y preceptos, según religiones) y se delinque contra las leyes humanas. Si el precepto desobedecido es precepto en el plano religioso y en la ley humana la vez , el acto puede ser delito y pecado a la vez, según la perspectiva desde la que se lo examine. Casuística, hay mucha. Si aceptamos esta distinción, vemos que delito y pecado van a ser dos conceptos distintos aunque tengan áreas comunes en las que pueden crearse conflictos. Además, en el lenguaje común, pecado y delito suelen usarse con significados variados, que inducen a la confusión, como cuando decimos que es delito comer tanta carne cuando hay tanta hambre en el mundo, indicando solamente que parece inapropiado o poco solidario...Y por todo ello, conviene mantener actualizada nuestra información y nuestro lenguaje, para ser capaces de decir las cosas con precisión y entenderlas en sus justos términos.