Recomponiendo nuestro cosmogonía particular, hemos llegado a la conclusión de que siempre ha habido algo o alguien presente, ya que de no ser así, tampoco ahora habría nada ni nadie.
Como consecuencia de lo anterior, procedamos a considerar quién o qué cosa puede ser ese algo o alguien ( llamémosle autoser), y aquí hay dos posturas básicas: la primera, que el autoser sea el propio cosmos en sus diversas o infinitas etapas o facetas, que hoy se materializan en el universo que conocemos, y segunda, que sea un Dios creador, netamente separado de su creación.
Primera opción: Los componentes de la materia/ energía difícilmente pueden ser considerados candidatos, ya que existen hoy, pero en los primeros momentos del BB no existían. Tan solo los fotones y/o algunas partículas elementales que no conocemos podían subsistir a la temperaturas y presiones del inicio. Por otra parte, todas las partículas conocidas están sujetas a la experimentación y a leyes que les son ajenas y obedecen a las que el ser humanos les aplica sin poder resistirse... como si el dios fuera el experimentador humano.
Lo mismo le ocurre a un Dios Evolución. Si ha evolucionado, en algún momento no era lo que fuera hoy y tal vez inició su camino siendo un agregado molecular extraño, con propiedades especiales o con una suerte inesperada para poder progresar. ¿ Qué era y qué hacía antes de...? Por otra parte, siendo evolucionado, está sujeto a las leyes físicas y en algún momento puede ser desmontado por ellas. ¿ Qué haremos entonces sus amigos de hoy ?
Segunda opción, Dios creador. Veamos un argumento en su favor. Descartado el universo como autoser, por insuficiencia radical, necesitamos un candidato nuevo, distinto del anterior. No tenemos apenas información sobre su naturaleza ya que la ciencia no posee medios para experimentar con ella y tenemos que conformarnos, desde la ciencia, con lo que descubra la razón. Y eso es, por ahora lo poco que hay al respecto, aquí y ahora. Lo necesitamos como raíz de todo y origen de todo y debe poseer todo lo que, de una u otra manera, se manifiesta en el universo: los principios de la razón, los axiomas, los conceptos, las ideas, los valores, todo el universo mental que emana de nuestro interior, la belleza, la grandeza, lo intrincado y bien armado del mecanismo universal, todo lo positivo y bueno debe haber surgido de su presencia y ser.
Si ha surgido de él , él debe poseerlo. Si hay inteligencia, consciencia, han tenido que proceder de él. Luego debe ser, es, inteligente y consciente, Debe ser, es, personal. No tan solo un objeto sobre el que experimentar , sino Alguien. Y desde nuestra radical limitación, los que apenas sabemos resolver algunas ecuaciones diferenciales ( yo las tengo olvidadas ) o el problema de los tres cuerpos o los problemas de Hilbert, aunque parezcamos listos comparados con los caracoles, por ejemplo, sabemos que no alcanzamos demasiados saberes.
Dios debe estar ahí, pero si él mismo no nos lo explica, poco más podemos decir de él , salvo, desde la ciencia, saludarle y aceptarlo, que no es poco.
Resumen: Desde la ciencia actual, hay un empeño desmesurado en engendrar todo tipo de teorías, (la mayoría infalsables) en la búsqueda de alguna que, definitivamente, pueda apartar a Dios de nuestro horizonte vital. Fabricamos universos cíclicos, como una función trigonométrica , sin principio ni fin, y ya tenemos a nuestro dios. Creamos multiversos surgiendo de cada explosión de supernova o cada reverso de agujero negro y ya tenemos la solución. Por fin Dios habrá muerto y, por fin, reconozcámoslo, seremos libres para hacer lo que queramos, si podemos, sin trabas morales, sin obligaciones éticas, sin cortapisas, frenos ni remilgos en la experimentación, dioses y señores de nuestro destino. Porque Dios estorba a mucha gente que desearía vivir sin reglas ni normas, ¿no?.

Saludos