Los cristianos, católicos más bien, de Nigeria, parecen seguir embarcados en el mismo navío, la nave del martirio. De vez en cuando, periódicamente, salta la noticia de una iglesita asaltada, con los fieles dentro, quemada y destruida por los valientes enemigos de quienes saben que siempre perdonan. Valientes que , además, desobedecen con ello el mandato de su libro sagrado que les avisa de que el mensaje de Jesús encierra el camino para alcanzar el temor de Dios. Esperemos que la misericordia de Dios les alcance antes de que se presenten ante El a dar cuenta de sus correrías asesinas. Por cierto, tras miles de víctimas martirizadas, no sabemos de ninguna flotilla de fervorosas ONGs rellena de amigos de los palestinos masacrados, que se haya acordado de estos africanos, que mueren a miles también, sin declaración alguna exigiendo el fin de un posible genocidio, ni embargo de armas ni otra sanción a los culpables directos, a sus financiadores o a los gobiernos que, pudiendo, no lo impiden.