Autor Tema: Diario de la acequia de mi huerto  (Leído 1877 veces)

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #30 : enero 23, 2021, 04:58:55 am »
Cuando la gente llega a la edad que ahora se llama de la jubilación, supongo que por el júbilo que la palabra evoca, tiene que plantearse, forzosamente, qué va a hacer con el tiempo que , teóricamente, va a quedar a su disposición…
En las grandes ciudades suele haber una amplia oferta de posibles actividades. Muchas se dirigen a mantener a los jubilados  activos, mediante cursillos, actividades sociales, como grupos de teatro, pintura, gimnasia, actividades en los centro de la tercera edad, voluntariados diversos, etc, pero en los pequeños núcleos de población esto suele ser puramente testimonial. En estos lugares, casi siempre de tradición agrícola, es donde el jubilado puede y suele retomar la actividad agraria , que fue la de sus mayores y a la que, intermitentemente, ha estado dedicando algunos ratos toda su vida. En efecto, muchos han simultaneado su actividad laboral, en fábricas u oficinas, con el cuidado de algunas parcelas familiares, casas de pueblo, a menudo con huerta anexa, y es entonces, al jubilarse, cuando llega el momento de recuperar esta actividad, siempre en la medida que las fuerzas de cada uno le permitan.
Una vez decidida y aceptada, esta actividad se transforma. Lo que parece, visto desde cierta distancia, una labor amable y distendida, se complica y se extiende hasta abarcar de nuevo toda o casi toda la actividad diaria. La agenda del labrador o del horticultor aficionado, llamémosle así, es densa y exigente. Incluso en lo más riguroso del invierno, allá por el mes de Enero, ahora mismo,  las tareas se superponen: Las habas han tenido que sembrarse y estar nacidas, los ajos  también; la pequeña viña anexa ha de ser podada, y recogidos los sarmientos , hay que empezar a preparar los  terrenos donde van a plantarse las cebolla de primavera si aún no se ha hecho, podar los frutales, grandes y pequeños, cada uno a su tiempo, recoger los restos de poda, preparar los suelos, a menudo arrancar algún árbol muerto a lo largo del año que, para una persona mayor no es un trabajo menor y suele exigir un gran esfuerzo si el árbol no es pequeño, solicitar permisos para quemar los restos de poda o preparar los depósitos de compostaje necesarios, proteger y reforzar , si las hay, puertas, vallas, tejadillos, invernaderos, semilleros, etc. Queda revisar las semillas que van a sembrarse en dos o tres meses, limpiar los canalillos, regatos y tuberías por los que se van a regar las plantas, proteger del hielo las plantas delicadas, y, por terminar la lista, limpiar y engrasar las herramientas y pequeña maquinaria que suele guardarse en alguna casita o pequeño edificio anexo. Lo de pequeña maquinaria empieza a ser un eufemismo en los tiempos actuales, tan derrochadores de energía. Hace unos días, tuve que plantearme renovar la motoazada, de más de treinta años, casi tan vieja como yo , de tres caballos de potencia y, sorpresa, una moderna del mismo porte luce ahora unos hermosos siete caballos… con un consumo igual o menor. Todavía lo estoy pensando, más que nada por el cariño que los treinta años de convivencia han debido crear entre hombre y máquina, supongo. Como vemos, el descanso del jubilado, si elige esta opción de ocupación de su tiempo, deja de ser lo que parecía. No obstante, es un trabajo sin jefe, sin horario impuesto y sin observadores críticos que no sean, aunque tampoco es poco, la familia y los amigos. Las satisfacciones son enormes: la salud mejora, el carácter se dulcifica, los malos ratos disminuyen y, como retorno, la fruta, las verduras y  hasta algo de buen vino de cosecha propia ayudan a sobrellevar los calores del verano, los fríos del invierno y, en buena parte, a llenar la despensa a lo largo de todo el año. Y si además, le queda un sitio para criar gallinas o conejos,  el júbilo del jubilado puede llegar a ser completo.


piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #31 : enero 30, 2021, 05:21:33 am »
A partir de ahora, a medias con el conejo que me parasita a mí durante todo el año , recolectaré lo que va quedando, ya muy poco, de las fragantes zanahorias , la fresca y desconocida borraja de tallos y hojas cubiertos de aguijones minúsculos, las grandes hojas de acelga amarillenta que no teme al frío y otras delicatessen que no nombraré para evitar ser prolijo.
Y este invierno también haré leña de uno de los árboles más viejos del huerto, un gran manzano de mocetas , manzanas medianas, de piel áspera verde grisáceo que recuerda algo a la del melocotón, un árbol que conocí ya tan grande como es hoy, con cinco o seis años míos . Los grandes gusanos de la carcoma han horadado con decenas de túneles sus ramas y hasta un feo hongo ha colonizado sus entrañas, floreciendo cada otoño en un enorme sombrero pardusco, asquerosamente viscoso, que me apresuro a destruir apenas nace...
Le diré adiós con la nostalgia que solo puede sentirse en el campo, entre criaturas absolutamente inocentes y benévolas, nacidas para servirnos de alimento , cobijo y calor y que jamás se niegan a cumplir su destino, hermosos árboles. Aunque se me van muriendo aparentemente , casi uno cada año, en mi corazón tengo un huerto abonado de afecto y agradables recuerdos , donde todos y cada uno de ellos, grandes y pequeños, tienen su lugar. Si vivo muchos años, acabará siendo un huerto amable, dilatado y hermoso, que regará  una acequia parecida a la misma acequia de siempre y que me servirá de refugio cuando, por fin, también a mí me llegue la hora definitiva del descanso. En ese huerto descansan ya, acunados por mi memoria agradecida, un gran peral de Don Guindo, otros manzanos de variadas  clases y el gran chopo que presidió desde siempre mis tardes del verano. Enhiesto y vigilante, solo se rindió cuando la erosión u otras causas que sospecho fueron  minando sus raíces a la vez que se iba desmoronando el terraplén que separaba las dos fincas adyacentes. Este año han muerto dos higueras gemelas que, con sus troncos enlazados en un abrazo secular, han dado frutos hasta ahora desde tiempos que no puedo precisar. En las tardes de invierno, cortas y gélidas, mientras podo lo que debe ser podado y recojo los restos que deben ir al compost,  aún imagino sus perfiles , sus frutos y algunas anécdotas que a lo largo de los años, cada uno de ellos protagonizó. 

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #32 : febrero 07, 2021, 12:44:09 pm »
Acabo de escribir un comentario en un diario local donde se informa que se ha puesto de moda en NY el cultivo de lechugas y otras especies comestibles en terrazas, azoteas y balcones...
Aunque supongo que el asunto es, en conjunto, como el chocolate del loro, y que tales cultivos no alterarán sensiblemente los balances de la gran ciudad, sí son una muestra más del incremento de la sensibilidad de la gente ante los problemas medioambientales. Al tiempo que animaba en mi comentario a los interesados en esta actividad, les recordaba que estos métodos son  como tener una mascota que cuidas y atiendes y  a la que le puedes sacar un filete de vez en cuando. La mascota perfecta.
Bajando de las terrazas y con los pies en la tierra, ayer por la mañana planté cuatro pinos piñoneros en un pequeña finca ( pieza llamamos aquí) que poseo a seis o siete kilómetros de mi casa. Proceden de una plantación de quince o veinte que realizó uno de mis hijos hace unos años y  que han prosperado, mal que bien, en unos briks de leche hasta medir hoy entre treinta y cuarenta centímetros de altura...
Me quedan, por tanto, como una docena para los que necesito urgentemente encontrar acomodo en piezas, ribazos o baldíos propios. Esta es una actividad que he desarrollado permanentemente desde hace muchos años. Cuando mis hijos eran niños, muchos paseos matinales de domingo eran para recolectar bellotas de coscoja, encina o roble y ayudar a la madre naturaleza enterrándolas directamente en el humus del sitio que nos parecía más apropiado, generalmente cerca del árbol que los produjo. Supongo que a lo largo de esos años , cientos de pequeños seres vegetales habrán nacido y crecido como resultado de estas  actividades. A algunos les seguí la pista y puedo asegurar que es una sensación deliciosa sentirse un poco " padre" de esos plantoncillos que solo tú conoces y que pugnan por sobrevivir a veces en ambientes secos o difíciles. De alguna forma te sientes uno con la naturaleza e incluso parte de su maquinaria vital.
Aquí queda la sugerencia para cuantos tenéis niños , salud, y la necesidad de encontrar algo interesante para las mañanas del domingo. Un millón de familias paseando por el campo podrían plantar unos cuantos arbolitos cada año si los ayuntamientos colaborasen preparando un poco los terrenos y aportando, en lo posible, aguas de riego para los primeros años del cultivo, hasta que las raíces penetraran en los suelos lo necesario para encontrar humedad...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #33 : marzo 01, 2021, 11:38:20 am »
Como por estas latitudes ( 40ºN ) ya no hay mares demasiado calientes, las borrascas que nos cruzan son más bien tibias y bienhechoras... sólo de vez en cuando, como parecía ocurrir los dos meses anteriores, alguna se desmanda y nos obsequia con ráfagas de viento por encima de los cien kilómetros por hora, tal vez en algunos momentos los ciento cuarenta, pero no dejan de ser episodios muy aislados. Los diarios españoles bautizaron a alguna como la "tormenta perfecta" y otras palabrejas impresionantes, pero me temo que, como ocurre a menudo, estos fenómenos son lejanamente parecidos a los verdaderos ciclones y huracanes tropicales. Basta comparar las imágenes que nos sirven los medios de comunicación. No obstante, para mis pequeños amigos del huerto, estos episodios no dejan de ser inquietantes. Acostumbrados a la buena vida, al riego fácil y al abono, les falta entrenamiento, ese esfuerzo frecuente que hace que el músculo se mantenga fuerte y poderoso, en forma frente al desafío... No necesitan anclar sus raíces profundamente en el suelo en busca de anclaje, humedad  y alimento, y sus ramas y brotes no han conocido más vientos que los que les trae alguna tormenta ocasional en el estío. Con un equipo así, bien alimentado, de hermoso y saludable aspecto pero rigurosamente desentrenado, va a ser difícil enfrentarse a una tormenta seria , aunque no sea del todo perfecta. La anterior, hace un par de años, me dejó un par de comprobantes, ambos en coníferas, que todavía siguen escoradas 45º a sotavento (  hacia el Este ) como testigos de la violencia que la madre naturaleza esconde a veces tras su tierna mirada azul. Esperemos que esta vez no nos mire demasiado airada. Lo digo porque esta mañana he plantado sesenta cebollitas compradas en el vivero, tiernas y jugosas, con un pequeño haz de raicillas blancas, una linda imagen de la fragilidad. Han quedado hincadas en los surcos, y regadas ligeramente para que se puedan adherir a la tierra e iniciar su desarrollo con más facilidad. No creo que el viento de la  próxima madrugada  las desarraigue, nunca lo ha hecho, pero aún han de soportar heladas nocturnas, amaneceres fríos y, probablemente, algunos días de sed por despiste de su dueño . A veces siento una enorme admiración por la ruda solidez de ciertas especies, como estas humildes cebollas, cuyo nombre no recuerdo haber leído en ninguna oda a la cebolla o en un verso, que sin belleza , sin color , sabor, sin olor agradables , más bien haciéndonos llorar, acaban presidiendo la mayoría de nuestros guisos. ¡ Honor, por tanto , y gloria a la cebolla, humilde y tierna, princesa de la olla !.

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #34 : marzo 10, 2021, 12:16:59 pm »
Un serinus serinus ( mejor diría una ), verdecilla para los amigos, ha anidado esta primavera en los lugares de siempre, o sea cerca de los robustos setos de yedras, vides y otras ornamentales que crecen apiñadas formando gruesas paredes de verdor.  Este año ha montado su nido, con cuatro huevecillos, a caballo del tallo principal de una parra que surge de uno de los setos para extenderse unos metros hasta enlazar con otro similar un poco más al Este. No le sobra estabilidad, porque el tronco de la vid se extiende horizontalmente enlazando ambos setos y es precisamente en esa zona libre donde lo ha construido. Como los sarmientos de la parra siguen creciendo, cada día que pasa son más fuertes los efectos del viento y el nido parece un barquito endeble oscilando peligrosamente a cada embestida. El hecho curioso es que mamá verdecilla permanece inmutable en su sitio, asomada por el borde pero bien asentada en su nido, a menos de dos metros de altura, cuando paso por debajo, rozando las hojas y las ramas, a veces acompañado de una motoazada escandalosamente ruidosa, varias veces al día. Cada vez que paso me paro unos segundos y la miro, allí arriba,   cuarenta centímetros escasos de pico a nariz , sin que de muestra alguna de inquietud, más bien parece intrigada por mi conducta mientras su único ojo visible me examina y, supongo, identifica y reconoce. Eso sí, de vez en cuando abandona la tarea, supongo que para repostar, al menos hasta hoy, a despecho de un par de sospechosos cernícalos que suele deambular por la zona con las peores intenciones.
Ya he reforzado la estructura de sostén del pequeño nido con un par de apoyos , no sea que el cierzo desbarate alguna tarde todo el proyecto vital del pequeño inquilino del parral. Y tengo para mí que este pajarillo tan confiado no puede ser otro que el polluelo sin plumas que rescaté del suelo, cercado ya de hormigas asesinas, y que volví a colocar en su nido, escorado treinta grados , y solo a unos metros de donde hoy cuidaría su puesta... Supongo que, si lo es, como parece,  en su código pajaril de identificaciones me señalará como su particular equipo de rescate o, como decimos los humanos, el voluntario de Protección Civil que lo sacó del apuro..

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #35 : marzo 15, 2021, 10:30:00 am »
Mamá Naturaleza  puede ser un ama de casa eficaz pero no es una madre corriente, más bien creo que no es ni siquiera mamá de nada ni de nadie. Nos gusta darle ese tierno apelativo, supongo que para ganarnos su supuesta amable protección, pero mucho me temo que las cosas vayan en otra dirección, ya que la realidad nos ofrece a menudo una perspectiva muy distinta, inesperada en ocasiones,  a veces irónica e incluso cruel.
Cuando el otro día vinieron a visitarme a mi huerto unos parientes con niños, me encantó enseñar a los pequeños un nido de verdecillas con su trío de pequeños habitantes, emplumados ya, aunque todavía no voladores. Pero al hacerlo, uno de ellos , asustado, se lanzó al vacío, cayendo en la espesura de yedras y plantas del seto. Decidí dejar el asunto en paz y solo al caer la tarde asomó el fugitivo por debajo del seto corriendo desalado sobre la tierra limpia en busca de otro refugio. Previendo el peligro que supone la omnipresencia de mi gato, me apresuré a rescatarlo y devolverlo al nido, pero ¡ horror !, al intentarlo, los tres polluelos se fugaron al unísono ocultándose en la espesura del seto.
Supe que seguían allí al día siguiente porque se oía su piar, e incluso advertí cómo uno de ellos corría acompañado de uno de los padres en busca de otro refugio, pero me temo que alguno haya caído en manos, más bien en garras, de mi gato Mochi, que a veces está encantado con ciertas costumbres de mamá Naturaleza. Me queda, con todo, un regusto de culpa por haber intervenido, con buena voluntad pero en exceso,  en un proceso, el de la cría de esos pajarillos que, de otro modo, hubiera terminado mejor. Estoy seguro que el próximo nido estará a cuatro metros de altura, a cien metros de mi huerto y en lo más recóndito de cualquier espeso matorral. Es lo que yo haría, queridas verdecillas. Afortunadamente, pasado el tiempo, hoy puedo afirmar que varias parejas de esas mis queridas verdecillas siguen anidando en el huerto y en las mismas zonas e incluso en los mismos setos y en los mismos árboles donde lo han venido haciendo desde siempre, a pesar de mis interferencias, siempre  bienintencionadas...


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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #36 : marzo 31, 2021, 10:36:33 am »
Salí, como muchos otros, de las fiestas de Navidad, con unos kilos de más y el firme propósito de remediarlo sin tardanza, que me está costando mucho lograr . Y me topo de pronto por ahí con un artículo que preconiza la dieta de insectos para un futuro más viable y dichoso. Ciertamente los tengo un poco olvidados. Llevo bastantes días sin verlos ni sentirlos, seguramente latentes bajo unos centímetros de tierra u ocultos en las grietas de los troncos o en las cajas de fruta que duermen apiladas en mi pequeño almacén. Ni de lejos barruntan que los humanos anden planeando convertirlos en microfiletes, hamburguesas de insecto o nutritivos aditivos para nuestros calditos invernales... asunto, por otra parte, técnicamente complicado, dado su tamaño habitual. Eso creen los infelices, porque no tienen ni idea de nuestra capacidad científica y nuestro conocimiento de los entresijos de la vida. Y ni pueden imaginar una ingeniería genética modificando, por ejemplo,  al esbelto saltamontes para dotarlo de un par de hermosos muslos, mejor de cuatro o seis, cada uno con 250gr. de apetitosa proteína digestiva y saludable. Será el futuro pollo de las masas , el  saltapollo, que con el grillopollo y media docena más de especímenes novedosos remediarán definitivamente el hambre de un mundo con treinta mil millones de habitantes...
A menos, claro está, que de una vez por todas aparezca, por fin, un depredador eficaz que nos mantenga a los humanos en los justos límites de población. Y no hace falta que sea muy grande. Estos meses ronda por aquí un ensayo en forma de virus, bastante eficaz, pero espero que sea otro ensayo fallido. Y me alegro por los insectos, porque en el fondo se que me necesitan. Sin mí y mis labores de escarda, siembra y poda, no podrían disfrutar de las delicadezas de la cereza, el aroma de las fresas, el vigor de las habas, el sabor de las manzanas, las ciruelas, los melocotones, las uvas... que comparten conmigo más o menos amistosamente. Que descansen tranquilos en sus precarios refugios hasta mediados de Abril. Entonces, evaporadas las locas ideas que provocaron el champán y las uvas de final de año, y recuperadas las temperaturas primaverales, retomaremos nuestra vieja, relativa, pero necesaria,  amistad.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #37 : abril 06, 2021, 12:35:37 pm »
Sumergido, más bien ahogado en el mar confuso del cambio climático, mi huerto se debatía, hace solo un par de meses, en un frío intenso, dentro, por supuesto, de la relatividad del frío, ese concepto de algo inexistente al que hace posible la existencia del calor. No fueron más que algunos grados bajo cero ( centígrados) pero insistentes a lo largo de los días, producto de los vientos que  llegan o del atlántico norte o de  centroeuropa y, más allá, de las románticas estepas rusas, que dicen nuestros hombres y mujeres del tiempo. El caso es que por esos días había yo podado trabajosamente un par de hileras de coníferas ornamentales que crecieron demasiado, y había decidido quemarlas, previo permiso legal, desde luego. Y aquella mañana helada, todavía verdes y frescas, las ramas se resistían al fuego con inusitada energía. Al principio, de la pira brotaba un humo blanco, espeso, casi sólido, de un acre olor a incienso, sin llama, pero constante. Solo al cabo de un buen rato y de varios intentos fallidos logré que el fuego  se materializase en algunas llamaradas rojizas que, por desgracia, insistieron varias veces en  autoextinguirse ahogadas en la espesa columna de humo. Estoy seguro que su místico olor a incienso perfumó esa mañana la vida de muchas gentes lejanas y penetró bajo las puertas de ermitas e iglesias de la comarca que celebraron ese día la festividad del fuego sin saber por qué.  A mediodía, después de varias horas de labor, todavía quedaba un hermoso montón de brasas mezcladas con hojarasca renegrida y ramas a medio quemar. Opté por cubrirlas de tierra, ahogando así la combustión y convirtiendo los restos en rico carbón vegetal. Pero he ahí el problema. De pronto supe lo que significa tener el terreno helado. No había tierra suelta disponible, ni siquiera agua líquida para apagar los rescoldos. Todo lo que en la vida cotidiana, el ochenta o el noventa por ciento del tiempo, consideramos evidente y disponible se había volatilizado. Mi huerto helado era un huerto distinto al habitual, no entendía mi lenguaje ni respondía a mis actos. Era el amigo dormido que no responde a nuestra llamada urgente. Pero había, casi siempre la hay, una sencilla solución. Desplacé una zana de brasas a un lado y bajo ellas encontré la tierra caliente, ya sin hielo, incluso humeante, que necesitaba. Algunas, eso sí, bastantes, paladas de esa tierra tibia transformaron los restos en un precioso minivolcán, con sus laderas terrosas, sin vegetación, como de quinientos milímetros de altitud, que expresada en milímetros hasta parece un poquito imponente,  rodeada su cumbre de humos y vapores, negro sobre blanco , calientes y hasta peligrosos , más que nada por aquello del monóxido de carbono. En la mañana siguiente seguía ahí, pero ya anulado por la nieve y la lluvia que regaron mi huerto. El suelo, embarrado a la vista, conservaba todavía a algunos centímetros de profundidad una dura capa de tierra helada, hosca e impenetrable que perduró, supongo, una semana o dos, hasta que las yemas del almendro declararon, al abrirse, que la primavera, mi fiel amiga, estabaa punto de llegar. Entonces derribé el volcán, y sus restos, como ocurre con los de verdad, fecundaron mi tierra y alimentarán nuevas vidas. Todavía queda, en la zona que soportó la hoguera, un rastro negruzco de tizones pequeños y trazas de polvo de carbón vegetal. Son los restos de mi volcán .

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #38 : abril 15, 2021, 04:26:49 am »
Esta primavera no está siendo muy benévola conmigo. Varias incidencias de todo tipo, pandemia incluida,  aunque no graves, me han impedido atender bien las labores del huerto. La hierba, sobre todo la hierba, la omnipresente y lozana hierba, se ha extendido como una plaga y dominado hasta los más escondidos rincones. Ha sepultado las borrajas, asfixiado los puerros, ahogado los jóvenes ajos y las cebollas, inundado los alcorques, los caminos y los setos vivos , las vides y los rosales, con su engañoso precioso manto de verdor.
Pero por fin, y después de días de trabajo duro, un montón de horas de cortacesped todoterreno y, lo confieso, veinte litros de mezcla herbicida aquí y allá , he conseguido recuperar una parte del orden que otros años solía reinar en mi parcela. Y mientras yo me afano en amortizar el tiempo y las opciones perdidas por el retraso en las labores, la primavera , sin problemas de salud, sigue su eterno programa, incansable y hermosa. Ayer, primer aviso, algunas nubes rodantes desfilaron haciendo sonar los tambores del trueno y dejaron caer las primeras gotas tibias de la temporada, veinte grados a la sombra. Y ayer también, casi en horas, los tres cerezos que sombrean la casita se cubrieron de un deslumbrante blanco vestido nupcial. Solo durará unos días, prudentemente, porque se haría insoportable admirar tanta belleza mucho tiempo. Y esta mañana, en el alboroto matinal de las aves, también se ha oído el canto melodioso del mirlo, tal vez el mismo mirlo músico que cada año me trae de no se qué lejanos lugares, una de esas melodías simples pero misteriosamente hermosa, a la que llamo canción de mi verano. Traducida al lenguaje musical humano, la de este año suena así: do re mi re do do la. Como no conozco el código en que se expresa ese lenguaje musical y florido, tan solo puedo intentar una respuesta amistosa a ese armonioso saludo de la naturaleza. Sería ésta: sol la si la sol sol do.  En do mayor. Es lo que tiene ser  aficionado a la música , que con el tiempo,  todo, hasta el pensamiento abstracto, deja traslucir Mi La Do  musical.



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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #39 : abril 30, 2021, 07:05:33 pm »
Tengo la costumbre de utilizar varillas cuadradas de hierro de 12 ó de 14 mm de lado para señalizar el comienzo y el final de los surcos de cada cultivo, clavándolas fuertemente en el terreno . Teniendo en cuenta que el hierro es conductor y que en verano, con las debidas excepciones, las tormentas eléctricas son frecuentes en esta zona , me planteé la conveniencia de sustituir esas varas por otras de algún material no conductor... no fuera que , con el terreno húmedo, se transformaran en pequeños pararrayos que, en vez de pararlos, sirvieran para atraerlos y darme un buen disgusto. Sin embargo, ni la madera ni el plástico, los más accesibles, presentan la rigidez y resistencia del hierro o el acero, así que decidí mantener el hierro, porque, entre otras funciones, su resistencia es útil para tensar las guías que mantienen enhiestos algunos cultivos altos, como tomates , y otros más débiles frente al viento, como los pimientos . Sea como fuere, ahí estaban, desafiando la tormenta, mientras y, precavido, me refugiaba prontamente  en la casita junto a la acequia, por si acaso...
Pero el hecho es que, un poco después de tomar esta decisión, leí en alguna parte que existen unos pararrayos digamos preventivos, basados en el funcionamiento de un condensador eléctrico, de modo que el aparato se estructura como uno de ellos. Cuando la nube cargada, digamos positivamente , sobrevuela el aparato, éste, o al menos su parte superior, en vez de emitir electrones para neutralizarla , creando de paso el canal de descarga potencial,  quedaría cargado positivamente, de modo que se dificulta una descarga hacia el o desde el suelo... Mi sistema  antirrayos práctico, llamado chapuza tecnológica por mis amigos, consiste en colocar sobre la punta de la vara metálica un cilindro aislante (  frasco de plástico sin el fondo ), y sobre él otro metálico ( bote metálico sin su tapa). De ese modo, las cargas quedarían así, en el ejemplo descrito: La nube ( zona baja) positiva induce cargas negativas en el suelo, pero estas cargas, en la punta de la varilla aislada por el frasco, inducen a  su vez cargas positivas en el bote metálico que se enfrenta a la nube. Nada de canal guía para la descarga, supongo. Es un condensador de baja capacidad, eso sí, pero con sus tres componentes básicos, armadura suelo, aislante y armadura bote. Espero que no lleguéis a leer en lo sucesivo alguna noticia como ésta: " Un agricultor aficionado , también aficionado a la ciencia práctica, ha resultado alcanzado por el rayo mientras faenaba entre pararrayos caseros de su invención. Las autoridades han iniciado una investigación para saber si la infección, perdón, la afición, está extendida y hay otras personas en peligro." Como en este foro abundan el saber y la afición por la ciencia aplicada, además de la teórica, espero de la benevolencia de alguien que, si ando errado, me corrija cuanto antes, que no son éstos temas para jugar con ellos. Saludos.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #40 : mayo 04, 2021, 11:56:52 am »
Hace un par de meses, con el huerto en pleno preparándose para la primavera inminente, compré una motoazada, que es máquina de gran utilidad, la que ayuda en las  labores más duras, de arado,  en los suelos. Hace unos años, cuando todavía la mano de obra no suponía un costo excesivo, era frecuente que la compra viniese unida a la visita de un técnico vendedor que  la traía, la montaba, la ponía en marcha, y te hacía una prolija demostración de las bondades. Ahora, cuando la mano de obra supone una carga económica más importante, la mayoría de los productos comprados, sean sencillos o complejos, suelen venir perfectamente embalados en sus cajas, semimontados, casi como una sencilla mesa o una silla cualquiera.  Puedes sentarte, abrir cuidadosamente la caja, en este caso todo un cajón, ir sacando los componentes, y siguiendo paso a paso el libro de instrucciones de montaje, en una hora, o dos, según tu experiencia,  tal vez lo consigas. No medí el tiempo, pero lo conseguí; monté la máquina, le eché aceite al cárter, gasolina al depósito , revisé los tubos del combustible, el filtro del aire, y algún detalle más y, casi como en una botadura de yate barato, tiré de la cuerda del arranque….  y milagrosamente, arrancó. Hasta la probé un ratito arando unos metros cuadrados, y  me pareció que sonaba bien, con ese chasquido de motor nuevo que corresponde en estos casos… Todo casi perfecto, pero… de pronto, casi sin querer, leo la pegatina que señala el cubicaje del motor: 79 centímetros cúbicos ( 79 cc), y ese número me pareció raro sin saber bien por qué. Miro la factura, que deambulaba por el suelo, removida por las rachas de viento de la tarde… y leo, 98 cc. De 79 a 98 hay una diferencia de 19 cc, algo así como un 20 por ciento. Y eso es mucho. Es como haber comprado un coche de cien caballos y llevarte a casa uno de ochenta. En mi caso puede suponer un caballo menos, que es cantidad notable y muy digna de tenerse en cuenta.  Como, por otra parte, la horquilla de control me quedaba un poco alta, traté de ajustarla moviendo un tornillo de ajuste que llevaba al efecto. ¿ Que qué pasó ?. Pasó lo que, ya puestos, debía pasar. Que tenía tres posiciones posibles pero los agujeros no se correspondían y solo podía colocarse en una, precisamente, y hasta sospechosamente, en la que venía premontada. No les voy a aburrir con los problemas que siguieron a ese par de descubrimientos ni les voy a citar la marca y el fabricante Las máquinas que se llaman nuevas casi siempre tienen problemas: a menudo algunos pequeños, de vez en cuando alguno más serio y una vez al decenio, varios problemas serios a la vez. Como me ha tocado a mí, he caído en la tentación de contarlo aquí. La calidad asegurada, el buen hacer y la precisión no parecen virtudes humanas. Cuando no es la chapa, es la pintura, o el cable cortado, o una conexión floja, o un golpe en el transporte, o varias a la vez. Y es que, bien mirado , la probabilidad de que una máquina esté perfecta es el cociente entre los casos favorables, uno solo , y los casos posibles, al menos tantos como piezas, conexiones y montajes con posible defecto lleve incorporados. Entonces, amigo mío ¿ cómo voy a quejarme yo, que planto una fila, con 30 plantitas de tomate, que parece fácil tarea y, vistas de frente, no consigo  alinear bien ni tres seguidas ? Qué horrible diferencia con esas otras maquinitas de precisión que tengo en el huerto , minúsculas pero perfectas , pintadas de todos los colores, con sus antenas diseñadas cuidadosamente, sus alas transparentes siempre dispuestas al vuelo, sus depósitos siempre llenos, sus, sus…  y su precio, tan ridículo comparado con sus prestaciones. Si, lo han adivinado, se llaman insectos. Y todos de la misma marca. Casi divinos.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #41 : mayo 12, 2021, 10:49:53 am »
Después de unos meses secos y extraños, con alternancias continuas de frío y calor,  pero casi siempre sin lluvia, a veces un escuálido litro por metro cuadrado cada mes, por fin han caído las primeras gotas un poco gruesas, unos modestos quince litros por metro cuadrado que he medido en mi también modesto pluviómetro, un bote ya vacío, de melocotón en almíbar, cuidadosamente colocado en un lugar alejado de cualquier obstáculo que pudiera alterar su precisión. Venden en cualquier tienda del ramo preciosos medidores de lluvia en plástico de colores, con formas y diseños profesionales, y precios proporcionales al volumen de la cartera del diseñador, casi siempre desproporcionados a la sencillez del objeto. Usamos por estos lares decir, para significar lo simple de un artefacto: " tiene un mecanismo más sencillo que un sonajero", ya saben, una cavidad en la que se agitan unos granos de arroz o unas piedrecillas para distraer al bebé. También, e incluso con más propiedad podríamos decir que es más sencillo, cosa imposible, que un pluviómetro. Ya se que el mío debería prever las salpicaduras y la excesiva evaporación, pero para un usuario corriente, que solo pretende conocer cuánto ha llovido la noche anterior, por ejemplo, basta un diseño elemental. Lo que sí debe saber el usuario, y el libro de instrucciones así lo indica, es que el recipiente conviene que sea cilíndrico y colocado en lugar aislado y algo elevado para que no recoja, y nos engañe con ello, las salpicaduras que ocurran en su entorno. Respecto a cómo efectuar la medición, y ya que estamos en un foro a veces casi o del todo científico, dejaremos que lo descubra el lector. De todos modos, si pasados diez minutos de cálculo, para el que pueden usar calculadora manual, no han llegado a una solución, daremos una pista: cada milímetro de altura que alcance el agua recogida en el bote significa que ha llovido la cantidad de : palabras desde la vigésima  cuarta de este post. Espero que no lo haya necesitado. Como en algunos lugares caen a veces hasta trescientos litros de una vez ,  queda claro que cada uno tiene que diseñar su medidor adecuándolo al clima de su zona. Para mi huerto, modesto en esto del llover, me basta un bote sencillo: ¿ a ver de dónde saco yo un bote de melocotón en almíbar de 300 mm de altura ?. Con semejante tamaño, y no es broma, tengo para casi todo el año, porque en mi huerto, sobre todo en verano, y a veces durante más tiempo, lo que abunda es la sed. Aunque no me quejo porque, gracias a Dios , cuento con la acequia que, en unos minutos, podría inundar mi huerto con más de medio metro de agua…  Bien mirado, ¿para qué quiero yo un pluviómetro ?

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #42 : mayo 15, 2021, 12:22:00 pm »
La primera tormenta seria aunque algo tardía  de este año agrícola pasó sobre mi huerto en la tarde de ayer. Como yo andaba por la cocina fregando platos , no estuve al tanto de los preparativos, hasta que un primer trueno me avisó de su proximidad. En esta zona, suelen llegar desde el suroeste, disimuladas entre un laberinto de nubes con apariencia inocente hasta que, en pocos minutos, se define claramente la típica estructura tormentosa, oscura, extensa y amenazadora. Arriba, muy arriba, las cimas blancas del cúmulo madre, como yo lo llamo, derramándose en cirros helados y por debajo  miles de metros de ominosa oscuridad creciente cruzada de rayos y truenos ,  una mezcla confusa de sienas, marrones y grises, cada vez más tintados de azules oscuros y negros, hasta definirse la oscura cortina que anuncia la llegada de la precipitación. Ayer,  fue un repentino estruendo de granizo seco ( el que no está húmedo de agua ni mezclado con lluvia ) sobre la cubierta del porche y el tejado , un desconcierto brutal e inesperado que duró solo cuatro o cinco segundos.  Luego, de pronto, otra vez silencio. Sensación de susto . En realidad, no había identificado el ruido cuando me asomé por la puerta al mundo exterior. Más bien lo había relacionado con el ruido de mil bolsas de plástico algo rígido manoseadas y estrujadas a la vez...  Luego, unos cuantos segundos más tarde , volvió el granizo conocido, la lluvia violenta , el viento que tira las pequeñas frutillas sobrantes de mayo y nos ahorra el trabajo de eliminarlas, las cosas que caen, las que el viento se lleva, las que se mojan indebidamente, las ropas al sol que hay que recoger con urgencia , la ventana abierta que bate peligrosamente... Cuando la tormenta pasó, enseñándonos desde el nordeste los flancos de sus torres nubosas y las grises cortinas de lluvia y granizo que azotaban otros campo, era el momento de recoger el revoltijo de objetos arrastrados, desatascar el desagüe del tejadillo que aún chorreaba agua  sobre el asador y admirar, una vez más, la belleza y la fuerza de la madre Naturaleza. Detrás de mí, al otro lado de la caseta de mi huerto, la acequia se volvía rojiza por momentos, drenando ya las torrenteras de las colinas, los tejados de las bodegas, los surcos anegados de las viñas...

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #43 : junio 03, 2021, 11:51:13 am »
Ayer, en un periódico local español, apareció una noticia esperanzadora para el futuro de nuestros bosques, estos días cercanos al verano, cuando la sequía estival que ya asoma y algunos incendios forestales recurrentes  vuelven a recordarnos que nuestros árboles viven " en libertad condicional". Más de cien personas, en una pequeña localidad cercana, han participado estos días en una plantación popular de árboles para recuperar un paraje deforestado. Noticias como ésta son una bocanada de aire fresco en este desolado panorama de incendios que nutre las portadas de nuestros diarios y los servicios informativos cada semana, provocados por pirómanos, rayos, descuidos de agricultores, hogueras abandonadas ,   barbacoas improvisadas o simples colillas de algún visitante despistado. Y se me ocurre que además de a pagar nuestros impuestos una vez al año, sería interesante que se nos pudiera obligar a cada ciudadano a plantar un árbol al año. En un país como España, con unos cuarenta millones de nuevos árboles anuales ( 40M) , y a veinticinco ( 5 x 5 ) metros cuadrados por árbol, tendríamos un total de 40M x 25 = 1000M  de m2, o sea mil kilómetros cuadrados reforestados cada año... A ver si alguien nos anima a hacerlo.
Y volviendo al quehacer diario, esta vez de incendiario legalizado, estos días tengo que acudir a quemar los restos de poda de un olivar fronterizo con zonas de monte bajo. Además del permiso del Ayuntamiento local debo contar con el visto bueno del guarda forestal de la zona. A quienes no tienen que pelear con el fuego en estas circunstancias les será difícil imaginar cómo corren las llamas cuando alcanzan una zona de material combustible bien seco y polvoriento y la sensación de impotencia que parece imponerse ante la furia de ese elemento desatado o tan solo a la posibilidad de que se escape a nuestro control. Llevaremos agua y cuantos elementos nos sea posible. Luego, esperemos que el viento no se espante en alguna ráfaga traidora que arrastre las llamas más allá de nuestro olivar. Alguna vez ya lo hizo. Y allí no tengo el apoyo y la seguridad del caudal firme y poderoso de la acequia de mi huerto, que hoy nos envía sus saludos desde la tranquilidad soñolienta de una soleada tarde primaveral , a solo unos cien litros por segundo...

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #44 : junio 10, 2021, 03:01:43 am »
Se acerca el verano. El verano es a menudo por estos lares meteorológicamente neutro, con pocas tormentas, escasos vientos, algunos rayos y truenos, pero bien dotado de calor, calor y más calor, tanto que a menudo queda tan solo una actividad a realizar sin falta: regar, regar y regar, para devolver a las plantas el agua que pierden , de pie al sol desde el amanecer al crepúsculo, en un tormento semejante al del reo sujeto a la estaca tostándose al sol en el patio de la prisión o en pleno desierto . Y en esta tarea incansable que solo ha terminado cuando el otoño ha traído las primeras lluvias, veo que las plantas, aún bien cuidadas y alimentadas con el agua de la acequia , decaen progresivamente hasta que un chubasco una tarde cualquiera les aporta unos litros de benéfica agua de la lluvia. Entonces, mejor al amanecer siguiente, se observa el milagro : los pimientos se enderezan, las hojas brillan con nuevo verdor, los frutos se esponjan y colorean, la hierba crece de nuevo sin medida... en una explosión de vida ligada siempre a la presencia del agua de lluvia de verano. Y he pensado, ya que este fenómeno se produce siempre,  en la posibilidad de que el agua de riego, caliza casi siempre, obture, al igual que ocurre en las lavadoras y lavavajillas, con sus depósitos de cal, los finísimos poros por donde las raicillas absorben su alimento del suelo. Cuando el agua destilada de la lluvia los limpia , las funciones se recuperarían y empezaría un nuevo ciclo renovado.
Como tengo agua de lluvia recogida, pienso en experimentar directamente regando con ella algunas plantas para observar los resultados. Si alguien que lea esto lo hace, puede comparar resultados regando dos plantas iguales con agua caliza y con agua de lluvia. No se si funcionará tan radicalmente como lo presento, pero probemos...
Y para finalizar, dentro de la agenda de actos y actores en el festival de cada verano y sus visitrantes ilustres, citaré hoy al protagonista musical del estío, el inevitable mirlo cantor de melodías ignotas aprendidas a la luz de la luna,  apuntaré la presencia en mi acequia de un hermoso lución gris, de casi treinta cm de longitud, caído en el barro del fondo y en peligro inminente de muerte por ahogamiento apenas las aguas crecieran un poco, y un lindo pajarillo oscuro, lo supongo una curruca juvenil, que aguantó  mi presencia a escasos treinta centímetros de mi cara, mientras emitía su suave llamada doble ps ps , observándome cuidadosamente durante unos segundos que me parecieron interminables. Salvado el lución del ahogo, en apenas unos segundos lo pierdo de vista agazapado entre la hojarasca donde lo he depositado. Está aquí, me decía, pero es invisible, hasta que un ligero movimiento lo delata. Encontrar un lución, o una rana es para mí una buena señal, porque demuestra que aún son capaces de sobrevivir entre el hormigón, los pesticidas, los residuos vegetales arrojados al agua y la dejadez de algunos de los que cobran por impedir que desaparezcan del todo; y que un pajarillo se me acerque sin temor, casi un milagro.