En el pueblecito donde paso algunos domingos, de un solo templo, una sola parroquia, un solo cura y una sola misa a la semana, se han celebrado hoy dos bautizos.Me ha extrañado ver hoy a la puerta de la iglesia, y a la hora de la misa dominical, un buen grupo de gentes poco habituales, bastantes niños, especie poco frecuente, esperando todos a los bautizandos y al sacerdote, siempre tan atareado, pueblo tras pueblo... La ceremonia del bautismo es en sí misma muy significativa, aunque a veces la duración de los ritos acabe distrayendo a algunos de lo fundamental... El Bautismo es, para los cristianos, algo inolvidable, y aunque la mayoría lo recibimos de muy pequeños, marcó un hito esencial en nuestra existencia. Por el Bautismo fuimos injertados en Cristo y pasamos a formar parte de su cuerpo místico, la Iglesia. Y como en las vid la savia nutre a todos sus partes, la vida divina divina de la gracia nos nutre a los fieles cristianos. Ocasiones como ésta, presenciando un bautismo, pueden ser aprovechadas para agradecer la gracia de haber sido elegidos para formar parte del pueblo de los hijos de Dios y vivir en la esperanza de la vida eterna. Esto da un sentido pleno a nuestra vida y se extiende más allá de la muerte, en una visión sin término de paz, amor y felicidad en Dios mismo. En el Evangelio de hoy, Cristo pregunta a sus apóstoles si piensan dejarle: " Dijo pues, Jesús a los Doce; ¿ Acaso también vosotros queréis marcharos ?. Respondióle Simón Pedro: Señor, ¿ a quién iremos ? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios." Juan (6, 68-70)