El pecado Original y por lo tanto el mas grabe de todos los pecados es la falta de fe en Dios, no porque Dios necesite nuestra confianza, porque cuando la fe se apaga, el alma pierde su norte.
No es Dios quien se aleja: somos nosotros quienes dejamos de creer que su misericordia.
Judas Iscariote entrega a Jesús, pero su verdadero abismo comienza cuando deja de creer que aún podía volver y al no creer en la misericordia que siempre estuvo a su alcance, se encierra en la desesperación.
En el Evangelio de Juan, Jesús habla de la traición justo después de lavar los pies de sus discípulos. Se arrodilla ante ellos, también ante Judas, sabiendo lo que está por venir. Ese gesto silencioso revela un amor que no retrocede ante la herida. Jesús no ama porque lo merezcan; ama porque es su manera de existir. Su fidelidad no depende de la respuesta humana, sino de la profundidad de su propio corazón.
El trágico final de Judas Iscariote aparece con toda su crudeza en el Evangelio de Mateo: lleno de remordimiento, devuelve las treinta monedas y luego se quita la vida. Es una escena dura, que nos deja sin palabras. Pero la tragedia más profunda de Judas no está solo en la traición —por devastadora que fuera—, sino en lo que ocurrió después. Reconoció su pecado, sintió el peso del dolor, pero no pudo dar el paso decisivo: creer en la misericordia de Dios. Tener Fe en Dios.
Porque la verdad es que Cristo le habría perdonado. El mismo Señor que perdonó a Pedro, que perdonó a los que lo crucificaron, seguramente habría perdonado a Judas.
La incapacidad de Judas de creer que el amor de Dios es más grande que cualquier oscuridad humana. Su historia nos recuerda que la desesperación no nace del error, sino de olvidar que siempre hay un abrazo esperándonos, incluso cuando creemos haberlo arruinado todo.
La fe florece cuando dejamos de medir y empezamos a confiar. Cuando servimos sin esperar nada.
Cuando descubrimos que el amor verdadero no se sostiene en la reciprocidad, sino en la certeza de que Dios actúa precisamente en esos lugares donde más nos cuesta permanecer.