"Un contemporáneo ha dicho, con sobradas razones, que, en los tiempos materialistas que vivimos, la única gente profundamente religiosa son los científicos serios. Difícilmente encontraremos, entre los talentos científicos más profundos, uno solo que carezca de sentimiento religioso". Las dos frases anteriores, que abren este mensaje, son de un científico sobresaliente, precisamente Albert Einstein. Aunque no llegó a ser un decidido defensor de un Dios personal, sí lo fue de la existencia de una inteligencia universal que gestionaba el mundo. Y es que la búsqueda de la razón última del cosmos es , a fin de cuentas, la tarea ineludible que espera, más pronto que tarde, a quien haga del saber y la búsqueda de la verdad el objetivo principal de su vida. Por diversos caminos y desde distintos orígenes, todo sabio afronta la que podemos llamar la pregunta definitiva.: ¿ Existe Dios ?.
Cuando llega al mundo, un casi infinito hecho de informaciones diversas, el ser humano no lo hace sin recursos. Tiene un cuerpo, sentidos que le permiten observar, tocar y comprobar; tiene una mente, una alma racional, consciente de sí misma y de la validez de los principios sobre los que se sustenta su capacidad racional, que le permite inducir, suponer, deducir, conocer, y se sustenta en un corazón sensible a la dicha y al dolor, sede de sentimientos que deberá examinar, comprender y gestionar. Cuando tenga la experiencia vital que dan los años, y una opinión y conocimiento del mundo y de sí mismo que lo conformará como hombre, como un ser que sabe y que sabe que sabe, seguramente habrá llegado el momento de responder a esa pregunta inquietante, cuál es, en definitiva, el motivo raíz última del mundo y de sí mismo..
Para responderla todos tienen medios parecidos, que son, esencialmente tres: la mente pensante, los sentidos observadores y la guía del corazón que busca la felicidad y el sentido último de la existencia. Y la humanidad ya ha elaborado, a lo largo de su historia, tres estructuras de apoyo fundamentales: Filosofía, Ciencia Y Religión. Y aunque tal vez fuera lógico confiar en los tres apoyos por igual, el científico suele, a menudo, confiar casi exclusivamente en el segundo, otorgándole incluso preeminencia. Ciencia sobre todo, y ciencia entendida como saber experimental contrastable, con exclusión de lo no experimentable. Pero no se da cuenta de que, al excluir el saber que proviene de otros campos, esa exclusión, por caprichosa e indemostrable, se invalida y, al invalidarse, anula todo el posible poder de una ciencia así concebida.
Ergo... es indispensable que la Ciencia respete la validez de las certezas de las otras fuentes de saber, fundamentalmente,
básicamente, y en un primer momento, de las que aporten la Filosofía, la razón.
Así, son verdades innegociables, so pena de destrucción de todo el proceso básico del conocimiento, las que están contenidas en los axiomas, postulados y teoremas básicos de las llamadas ciencias exactas, y las que estructuran los procesos mentales lógicos en la búsqueda de la verdad, la explicación razonable del cómo funciona nuestro mundo, desde los principios racionales a las álgebras más depuradas.
Si prestamos atención, la que hemos llamada gran pregunta no se contesta, en general, desde álgebras muy elaboradas o ecuaciones complejas, sino a menudo desde axiomas simples que , siendo imposibles de desmontar, nos sitúan frente a cuestiones inesperadas que no sabemos resolver desde nuestros supuestos saberes. Así lo expresa Einstein en las frases del inicio cuando apela a lo que llama, no ciencia, no saber, sino sentimiento religioso.
Así y todo, y coherentemente con la trascendencia de la pregunta, que trasciende, va más allá, del mundo físico, la Ciencia, el científico, que a menudo voluntariamente se autolimita a lo físico, ha ido encontrando pistas, indicios, razones, demostraciones, que apuntan decididamente a la necesidad de un este creador, ordenador y sustentador del cosmos tal como lo observamos.
Por eso, en la búsqueda de esas razones, y una vez más, podemos repasar las más conocidas, desde las pruebas de santo Tomás, las Ontológicas de San Anselmo y la prueba ontológica de Gödel, a las mil planteadas a lo largo del tiempo, la mayoría ya conocidas de cualquier científico serio que haya llegado a plantearse esta cuestión. Por razones obvias, me permito recordar la que podríamos considerar propia de este foro, que, partiendo de la evidencia de que hoy hay algo ( que certifica Nietzsche), deducimos que nunca pudo darse la situación de nada absoluta, puesto que, en tal caso, a continuación ya no se hubiera podido producir algo. Eso nos lleva a un necesario Autoser, a un ser existente de por sí, eterno. El Yo soy el que soy mosaico. Dios.
Por otra parte, diversos detalles que la Ciencia va descubriendo últimamente, la precisión de las constantes fundamentales, la expansión del Universo , la evolución cósmica en el inicio, la entropía vs. la gravedad, la física cuántica y sus paradojas y conexiones instantáneas, etc, están forzando a nuestros sabios a un ejercicio constante de imaginación que obliga, a algunos, a suponer la creación constante de infinitos universos paralelos (para lelos ?), creación infinita y además, gratuita, para compensar los desarreglos que ven como inevitables, eso sí, para ellos a coste cero. Absurdo.
Parece claro que la Ciencia llamada experimental no dispone ni espera disponer de herramientas definitivas, y a la vez tampoco parece dispuesta a aprovechar las que le pueden ofrecer otras ciencias . Se conforma con aceptar teorías falsables, acomodándose a una situación de perpetua provisionalidad en la que se siente más cómoda.
¿ Por qué el ser humano, disponiendo de tantos indicios y pruebas de la existencia de Dios tiene tanta dificultad para aceptarla. ?
De entrada, la inmensa mayoría de los humanos acepta que la Tierra es un planeta infectado de mal, de males físicos y mentales, tan fáciles de definir como de localizar. Y ese mal, desde el punto de vista del materialismo podríamos identificarlo como discordancia entre los ideales del ser humano y la realidad del devenir de su existencia. Resumido, casi nada ocurre de acuerdo con sus planes de felicidad y placer. En el planeta Tierra algo ha ido terriblemente mal.
A nivel físico, el cuerpo humano está sujeto, como el resto de seres vivos, al dolor, la enfermedad, la precariedad y la muerte.
A nivel mental, el ser humano sufre, además, de la incoherencia entre el ideal de sabiduría y felicidad al que aspira y la realidad de mediocridad, ignorancia y falsedades que padece.
A nivel moral, la disparidad entre las normas éticas que la conciencia personal innata dicta y la conducta de muchos es a menudo notable y ha alcanzado a veces límites difícilmente superables, verdaderos monumentos de odio y criminalidad.
Así las cosas, no podemos extrañarnos de que al ser humano le resulte difícil superar estos defectos y alcanzar con mayor o menor facilidad, el conocimiento del origen esencial de cuanto es y cuanto lo rodea, la realidad de un Dios al que no ve.
Dispone de algunas evidencias que no puede negar. La más elemental, tal vez, sea la que hemos adoptado en este foro que le obliga a aceptar la existencia de un Algo eterno inhibidor de la nada. Pero, como ese algo no se limita a estar ahí, sino que supone las aparentemente incómodas obligaciones de ajustarse a las especificaciones de todo proyecto creativo, el ser humano suele preferir negarlo para evitarse sentirse obligado a cumplirlas. ¿ Por qué? Probablemente porque, la presencia del mal, perturbando su diseño original, le impide ver como perfección una ética que es necesaria para cumplir los fines para los que ha sido creado. Un claro ejemplo y prueba de esa dañina, por maligna, distorsión mental, que impide al humano sacar conclusiones coherentes se comprueba en un caso tan frecuente como clamoroso de inconsecuencia menta:. He aquí que, cuando el humano descubre en la naturaleza un objeto manufacturado por otro humano, tal vez un simple punzón, lo distingue fácilmente y lo llama artificial, porque, afirma, la naturaleza no posee ni la capacidad ni la inteligencia necesarias para poder fabricarlo ella misma. Un milenio más tarde, los humanos descubren que la vida se desarrolla en el entorno de complejísimas estructuras , hélices enrolladas compuestas de cadenas moleculares estrictamente determinadas, semejantes a libros completos de instrucciones detalladas, millones de veces más complejas que el punzón definido como artificial. Pero el punzón se acepta como signo de inteligencia y el ADN, el ARN y toda la maraña de biomoléculas que vamos descubriendo, son sólo, se atreven a afirmar, efecto de una ciega evolución, gobernada, para mayor ridículo, por el azar.
Si el proceso lo hubiera vivido una inteligencia alien, limpia, no humana, ni tensionada ni deformada ni traicionada por el mal, hubiera establecido, sin dudarlo, la siguiente proporción: punzón es a ADN como inteligencia humana es a Inteligencia de X. Y de ahí a descubrir a Dios en X no hubiera necesitado más allá de un cuanto de tiempo de Plank. ( El tiempo de Planck es una unidad de tiempo extremadamente pequeña, aproximadamente \(5.391\times 10^{-44}\) segundos.)
Utilizar un proceso semejante de lógica natural debiera llevar a los seres humanos a concluir que si la inteligencia humana ha creado y se ve claramente manifestada en algo tan sencillo como un punzón, un hacha de piedra o cualquier utensilio de nuestra Edad de Piedra, es igualmente sencillo deducir que otra inteligencia ha debido crear y se manifiesta en la existencia del ser humano, y en este camino hallaremos al factor primero, el Algo primigenio inevitable, como causa, fuente y origen de lo existente. Llamémosle Dios.
Pese a todo, y para desgracia de muchos, como se cita en Isaías 25, 7-12, " el velo que oculta a todos los pueblos, la cortina que cubre a todas las naciones", la espesa niebla de mal que dificulta el conocimiento de la Verdad, aún no se ha disipado del todo.