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« Último mensaje por deneb Marzo 22, 2026, 04:35:07 am »
Ucrania, Irán, pongan cualquier guerra de este siglo...La estulticia humana, idiotez para los amigos, reaparece aquí y allá, sostenida y alimentada por el conjunto de déficits en el resto de cualidades que adornan al humano en su calidad de ser razonador. Ultimamente, este ser humano ha desarrollado algo casi inmaterial al que llama IA, AI en inglés, palabrita que en su versión hispana amplia es una interjección asociada a la lamentación pura y dura. Pues bien, parece ser que esta AI está ya plenamente integrada en las labores bélicas, al menos en las de mayor calado. El homo sapiens al cargo de la guerra en la localidad, además de su cohorte de jefes de estado mayor encargados de planificar y ofrecer alternativas bélicas plausibles, cuenta ahora con ese nuevo ayudante. Es poco creativo, flojo de entendederas, a veces muy poco fiable, pero a su favor tiene que no se duerme sobre los papeles, no para a descansar, no fuma ni bebe, y es tan rápido que aún no se ha secado la tinta de la última palabra de la nota impresa que lee, cuando ha repasado cien mil documentos relativos al asunto, los ha cotejado con otros cien mil se áreas afines y comienza a escribir la recomendación que deduce de todo ello. Agobiante para el jefe sapiens, pero alucinantemente exitoso en su rendimiento material. Medio segundo después de la pregunta, el jefe obtiene una respuesta. En lenguaje práctico, a la pregunta " En el área señalada en el mapa con el código A23-5 ¿ Qué objetivos señalarías para el bombardeo, indicando naturaleza probable, munición y equipo a usar ?. Medio segundo después, la impresora desgrana una lista ordenada de veinte objetivos, los mismos que señala la pantalla, listos para ser reducidos a humo y restos no identificables. Todo ello sin dar tiempo a que el ayudante militar de apoyo pueda señalar que el código del mapa contiene un pequeño error que añade extiende el área a una gran parcela densamente poblada... El jefe sonríe, quincuagésima vez en la mañana y, una vez más, con la rapidez que da la costumbre y la confianza, ordena ¡ acción ! y veinte proyectiles autoguiados, salen rugiendo a repartir su carga mortífera a los veinte lugares asignados, uno de ellos un edificio con un par de docenas de vehículos en su aparcamiento y dos grupos de sospechosos humanos en formación, probablemente en tareas de entrenamiento militar... Para cuando el jefe atiende la sospecha del ayudante, todos los niños que atendían sus horas de gimnasia matinal en los patios, las habían terminado abruptamente. El responsable, si lo decide algún juez meses más tarde, será con gran probabilidad legalmente inimputable.