Suele decirse que las guerras actuales obedecen a motivos generalmente económicos, lo que parece sencillo pero a la vez demasiado simple. En ocasiones también se produjeron hasta por motivos dinásticos, aunque fuera cuando los monarcas gozaban de poderes absolutos, situación que , en general, no se produce ahora . Sin embargo hay otro factor que suele estar presente en las guerras actuales y no suele tenerse en cuenta, y es el sentimiento nacionalista, una emoción necesaria en las pequeñas agrupaciones humanas, pero nociva cuando es aplicado a grandes grupos sociales. En efecto, el nacionalismo, inicialmente tribalismo, sería el sentimiento que liga al ser humano al grupo en el que ha nacido y se ha desarrollado. Cuando el grupo humano habitual, tribal, superando al grupo familiar, resulta claramente insuficiente para asegurar la vida y el bienestar a sus integrantes frente a los peligros de la selva, la sabana o la tundra, la tribu cede el protagonismo a la ciudad estado, a la nación, y son ellas las que proveen y garantizan los medios de vida y defensa. La secuencia sigue de cerca el desarrollo de la complejidad humana, de la ciencia y la tecnología.
Las guerras hacen lo mismo: luchas tribales, entre pequeños grupo, luego entre ciudades Atenas, Esparta, Roma, Venecia, más tarde entre naciones como las europeas. Nuestros antepasados han luchado atenienses contra espartanos, juntos ambos contra Roma, ingleses contra franceses, juntos contra Hitler y en un futuro incierto, podríamos sufrir guerras universales, hemisferio contra hemisferio, porque cuando se puede desayunar en Atenas, comer en México y cenar en Pekín resulta difícil dividir el planeta en pequeñas zonas aisladas, independientes y ajenas al devenir del resto. Los grandes grupos humanos actuales, y no ya la tribu, la ciudad, la nación , sino la religión, la opción política , la historia , cada uno separadamente o en grupo son ahora los grandes ( y falsos) motivos, las emociones profundas, con los que se intenta justificar las guerras. Y todos sabemos que la violencia sólo es justificable para superar una injusticia insufrible que exija defendernos en proporción con la que se ejerce contra nosotros. Aún ahora, remanentes del pasado, algunas naciones
y ciertos sistemas políticos pueden movilizar a grandes grupos humanos para hacerlos sentir como distintos y motivarlos para la guerra, aunque la noción de nación, el viejo nacionalismo, vaya dejando de ser lo esencial, para ser sustituido, al menos parcialmente, por el sentimiento de humanidad global, que sería más adecuado. Un sentimiento de unidad total del ser humano, de hermandad global, que debe dedicar todas sus energías al progreso moral, material, técnico y de todo orden, a construir, y nunca a destruir. Llegados a este punto, casi todo el mundo alcanza a detectar la posición correcta, incluso los dirigentes mundiales que pueden revertirla. Por qué no lo hacen algunos, lo sabe cada uno, y es su responsabilidad personal ante Dios y la Historia. Lo terrible de ser dirigente es que te haces responsables de ello al aceptar el cargo. También lo saben. Y los millones de muertos , dolores y sufrimientos causados en una guerra pesarán mucho tras la muerte, en esa balanza con una sola entrada y dos únicas salidas. También lo saben y, si son los culpables, van a tener tiempo, mucho tiempo, un tiempo interminable, para lamentarlo.