Leo en el ABC de hoy un artículo sobre la aventura de un joven que, necesitado, como otros muchos, de solucionar su vida económica, se aventura en el mundo del negocio bursátil sin suficiente formación y, en su caso, como en el de la mayoría, sin la suerte, ese ídolo que el ser humano sigue adorando. Las dificultades que los jóvenes de hoy deben vencer para lograr posicionarse en la sociedad, independizarse de sus padres, crear una familia, etc, suelen ser objeto de profundas y poco productivas discusiones. Por empezar hoy con una primera impresión global, pues el tema es tan complejo que exigiría muchas otras, solo comparar las circunstancias de hoy con las de hace medio siglo arroja ya alguna luz sobre el problema. Respetemos el axioma básico de la economía individual, que reza: " No puedes consumir más bienes que los que produces". No respetarlo supone empobrecer el sistema o al individuo pues los bienes disponibles disminuirán. A día de hoy, el ser humano de nuestros países dispone de tantos bienes o al menos se considera con derecho a disfrutar de tantos bienes que resulta dudoso que pueda o se puedan producir tantos. Buena ropa, móvil y ordenador, frigorífico, TV varios canales, buena vivienda, con calefacción, coche y garaje, calle asfaltada, iluminada, vigilada, servicios municipales de recogida de basuras, sanitarios disponibles las 24 horas del día, vacaciones pagadas, autobuses y trenes disponibles, serían bienes que hoy se consideran como derechos y que alguien, casi siempre otros, deben crear o financiar. En la palabra otros está la primera y tal vez principal vía de solución, si pensamos que en el "otros" estamos todos incluidos. Y si nosotros no somos capaces de crear bienes a esa escala, esencialmente si es por falta de formación o falta de esfuerzo personal, tampoco podemos exigirlo a los otros restantes. Y , en conjunto, empieza a ser evidente que estamos considerando bienes necesarios a muchos que son perfectamente desechables como tales. Una vez más, a los amigos del ocio y la pereza, que haberlos, haylos, conviene recordarles la frase de San Pablo en su segunda Carta a los Tesalonicenses (3,10) "Y mientras estuvimos entre vosotros, os advertíamos que el que no quiere trabajar, no coma."