Llega, de nuevo, el día de los fantasmas. Basta salir a la calle, mi calle está en España, para encontrarte, de frente, con multitud de seres oscuros, macabros, a veces diabólicos, con rostros cadavéricos, momias andantes, brujas, vampiros sangrantes, todo un paisaje de horror y muerte... sin embargo, cualquier observador medianamente despierto notará enseguida que la mayor parte de ellos, los seres maléficos, son de escaso porte y talla , y su expresión corporal, su brújula emocional, apunta más a jolgorio que a sangre, odio y sufrimiento. Y es que la fiesta del Hallowen, llegada de remotos lares vía electrónica moderna, intenta revertir el sentido de la muerte y del mal en general, mofarse ambos y tomárselos, si me permiten la expresión castiza de estos tiempos, a cachondeo. Que lo logren o no, dependerá de cada uno, y sospecho que solo los niños, desde su ignorancia natural, son capaces de hacerlo. Tal vez algunos adultos lo intenten también, pero no creo que los que están en su sano juicio lo consigan. La muerte y el sufrimiento son asuntos demasiado serios, como lo es la vida y su pérdida. Nuestra fiesta cristiana, Todos los Santos, que coincide en el tiempo con estos desvaríos, es muy otra. No celebramos la muerte ni nos reímos por ella, pero tampoco desesperamos cuando llega, porque nuestra muerte es la entrada a la Vida, y el dolor es solo el camino, o uno de los caminos, que llevan a ella. El lunes celebramos la fiesta de Todos los Santos, santos grandes y pequeños, gentes que fueron importantes para el mundo o desconocidos, sabios o sencillos, que murieron en los brazos de Dios, y ahora celebran, con nosotros, aún vivos, su misericordia y su amor, que los han acogido para siempre. Y el martes, ahora pocos lo recuerdan, es el día de los Difuntos, el día para recordar a los hermanos que , ya fallecidos, alcanzan en el Purgatorio la pureza que les permita acceder al cielo, y por los que ese día, confiados, rezaremos de modo especial. Como se ve, cualquier parecido con la realidad callejera, si se llega a ver alguno, será mera coincidencia.