Autor Tema: Diario de la acequia de mi huerto  (Leído 17958 veces)

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #45 : Junio 17, 2021, 10:38:24 am »

Hace unos días, un fuerte temporal de agua y viento acompañado de tormentas ha irrumpido en mi país, y de paso ha inundado varias veces mi huerto con más de cien litros por metro cuadrado. Al mismo tiempo, el granizo, de tamaño considerable, ha perforado hojas y frutos.  Aunque son fenómenos siempre esperables de la meteorología terrestre, también son siempre temidos y lamentados por quienes conocen las tareas agrícolas y los esfuerzos necesarios para llevar a buen puerto los cultivos. Los efectos de la lluvia son muy diferentes en función de la forma en que se produce. No es lo mismo soportar 100 l/m2 en veinte minutos que si caen en 24 horas. En el primer caso, lo que sucede es que la tierra no puede drenar el agua y ésta se acumula en la superficie, se arrastra en busca de salida y con ello remueve los terrenos, inunda los caminos y los surcos, rebosa las acequias y a menudo entierra en el fango los tallos terminales de las plantas rastreras o jóvenes, que quedan así dañados, a menudo definitivamente. Ocurre, sin embargo, que el ciudadano corriente actual, ese que vive en las ciudades y solo ve el campo como un lugar de esparcimiento o deporte, carece de perspectivas reales, más allá de ese divertimento o de la estética que se le ofrece en los medios de comunicación. Cuando ocurre una tormenta violenta, el urbanita no suele percibir las pérdidas sufridas, los daños en las propiedades,  las muertes de animales  y plantas,  quedándose a veces en la mera admiración del espectáculo que nubes inmensas, rayos y truenos  suelen representar. Sea como sea, una vez más, queda por delante una semana al menos de trabajos de recuperación y saneamiento, de control de daños, tratamientos  fitosanitarios, reparación de surcos y regatos, arado del terreno y otras tareas menores, incluido el replantado en sustitución de plantas muertas. Traducido al lenguaje urbanita más sencillo, las cebollas subirán de precio , así como los melones, las sandías y los frijoles, simplemente porque habrá menos producción y los urbanitas suelen, solemos, comer todos los días, y por una ley simple de economía, si la demanda se mantiene ( esa manía de comer todos los días) pero la oferta decae ( habrá menos producción ), el resultado es que los precios suben. Hasta mi acequia, que estos días baja rellena de aguas rojizas de tierras arrastradas , lo entiende. Y como no hay mal que por bien no venga, como dice el refranero, entre todo este batiburrillo de desgracias encontramos algunas ventajas: mis amigos los pulgones han desaparecido, las frutillas , aunque golpeadas, se han lavado, las hojas lucen ahora más verdes y brillantes y, cuando acabe de reparar todo, recuperaremos, sin duda, el encanto del verano, las noches estrelladas, la algarabía nocturna de los insectos del vecindario,  y la delicada e ignota canción nocturna del mirlo, esa maravilla estival que, por ahora, a la espera del buen tiempo, aún no ha mostrado, pero que, como siempre, espero que sea noticia este verano.

deneb

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #46 : Junio 30, 2021, 11:11:46 am »
Y ahora llega el mes de julio, y con él el calor, que suele alcanzar por estas latitudes  de los 40º Norte su máximo durante los próximos quince días, hasta cuarenta grados centígrados ó alguno más... Ya sabemos que los 35º húmedos son el límite de supervivencia para un humano normal, y para un anciano bastante antes. La razón es que en esas circunstancias el cuerpo humano no puede refrigerarse con el sudor y su temperatura se eleva forzosamente hasta morir. Es lo que se llama golpe de calor. En tal caso, no queda otro remedio que mojarse con agua fresca para que la evaporación refresque algo la piel, bañarse o ducharse y beber agua... Hoy los diarios publican que una ciudad pakistaní ha rebasado los 50ºC, al mismo tiempo que zonas canadienses de latitudes más altas que los 40º N superan con mucho los 40º centígrados,. exponiendo a sus poblaciones, poco preparadas para soportar calores, a incidencias de salud graves. Aunque las poblaciones de zonas cálidas y áridas suelen ser resistentes al calor, también suele ocurrir que su equipamiento para resistir valores extremos es débil e incluso a veces ni disponen de energía eléctrica...El asunto es demasiado serio como para que lo olvidemos, sobre todo si somos responsables de niños o personas mayores, cuyos reflejos a veces les impiden darse cuenta de que se están exponiendo al sol con exceso o no beben suficiente líquido.... Verano sí, vacaciones, los que puedan, si, pero siempre con mesura, serenidad y prudencia. Ya sabemos que no es lo que proclaman los medios en muchas ocasiones, que tienden a presentar el verano como época de fiestas, excesos, baile y excursiones, escaladas, playa y cerveza, al final todo ello negocio para el anunciante. Feliz verano, piem, a ti y a tus amigos del huerto. Que tu acequia baje a rebosar de agua limpia y fresca y la animen pececitos plateados, como seguramente ocurrió, se dice por ahí, hace muchos decenios.

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #47 : Julio 15, 2021, 02:59:15 am »
Este es un verano suave, por ahora, aunque, como corresponde,  con algunos inesperados vendavales. La zona de mi huerto no es muy dada a estos excesos de la naturaleza. Situado en una extensa depresión natural de unos quinientos metros de altura media sobre el nivel del mar, cercada al norte y al sur por sendas cadenas montañosas de alturas medias de mil y dos mil metros respectivamente, los vientos fuertes y las lluvias copiosas tienen sus dificultades para llegar hasta aquí, de modo que en casi todo resulta mesurado y a veces hasta humilde . Recién llegado de ver una película de Tolkien, yo llamaría a esta zona una especie de Tierra Media, hogar de hombres desde hace milenios, mezcla de iberos, celtas, romanos, árabes y, sobre todo, vecinos repobladores, cada vez que las razias de unos u otros la despoblaron decenas de veces... en fin, un amasijo tal que hoy, los hombres que la habitan, son eso, sin más, y nada menos que, hombres. Afortunadamente, ni orcos ni trasgos, solo algún imitador, ni trolls, ni elfos ni hobbits, ( salvo uno, tal vez,  disfrazado, las noches veraniegas de luna llena, de mirlo cantor ). Y sin noticias de Frodo, Gandalf o Gollum, sin datos de dragones, héroes ni villanos. Pero bien poblada, al menos en mi huerto y si no lo remedio a tiempo, de trips, gusanos de alambre, de psilas tan insidiosas como inocentes, de piojos de San José ( supongo que porque aparecerán hacia su fiesta, en marzo)  expulsados de algún Belén milagrosamente la noche de Navidad, cada año,  casi seguro, y que suelen aterrizar en primavera en mi huerto en hordas , en escuadrones innumerables, de variados pulgones, lepidópteros de belleza engañosa e infancia tenebrosamente viscosa, de dípteros , hemípteros, himenópteros, arquípteros , ortópteros, coleópteros, de todos aquellos seres que en mi infancia pertenecieron al mundo virtual de lo fantástico. Todos, sin falta, están hoy aquí, pasando revista ante mí, como un ejército en parada marcial, algunos amistosos , ¡ hola abejas !, enemigos casi todos los demás, y dispuestos al combate por la vida apenas el sol y el calor se lo permiten. Mientras tanto , yo debo afilar mis armas poderosas, encerradas en bolsitas y frascos cuyas etiquetas ellos no saben interpretar, aún, y ajusto mis máquinas portentosas cuyo funcionamiento se basa en las mismas leyes que a ellos los mantienen vivos. Maravilloso mundo , hecho de leyes intocables, pensarán, si piensan, pero gobernado, a su escala, por un enorme ser maligno que pasa su tiempo forjando y afilando sus armas para enfrentarse a ellos. Probablemente me llamarán El Malvado, pero no me importa. En realidad, según las últimas investigaciones de la Biología, solo soy su controlador, y el que ayuda a que sus especies mejoren, evolucionen y sobrevivan. Pero no me lo agradecen nunca esos desdichados... Tal vez por eso les persigo.

cefas

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #48 : Agosto 02, 2021, 02:01:51 pm »
También yo tengo un huerto, en realidad tengo dos : uno cerca de mi casa, al que llego por autobús, y otro a casi veinte kilómetros. Creo que no necesito explicar cual de ellos está bien cuidado y cuál está un poco abandonado.  De este último debo decir que no tiene una acequia sino un canalillo de riego que, dada la escasez de agua y las severas normas de riego subsiguientes, solo puedo utilizar una hora a la semana. El resto del tiempo, haya agua o sequía, hay que conformarse con ver pasar el agua y esperar, aunque haya sed, a que llueva. Así que en este huerto solo tengo árboles , árboles que no necesitan apenas riego y que reciben algún cuidado de vez en cuando, tal vez una vez cada dos o tres meses al año, así que unos años, la mayoría, dan frutos pero, también de vez en cuando, como ocurrió el año pasado, sufrieron una grave acometida de hongos en las hojas y se cubrieron de manchas marrones... casi como si participaran a su manera de la pandemia del coronavirus que mantenía alejado y en vilo al amo del huerto. Como resultado, uno de ellos ha muerto y otro languidece amarillo en gran parte del follaje. Esto de tener un huerto y no poder cuidarlo es doloroso, porque de un modo u otro, los seres que lo pueblan, los árboles, son un poco como de la familia: No tienen nombre como un perro o un gato, pero sí un apodo: mis árboles se llaman cosas así:  El Grande es eso, el más alto y productivo, con altas ramas entrando a saco  en alguna terraza vecina; El Segundo es el que le sigue en posición y porte y que ahora languidece; El Birrioso es un tercero, el que ha muerto; y así sucesivamente: Conozco uno por uno cuándo se plantó, de qué vivero procede, la variedad y clase de fruto, y muchos más pormenores , que hacen de cada uno un ente vivo diferenciado, algo parecido, supongo, a lo que les ocurre a los pastores de ovejas, capaces de reconocer a cada una por su nombre y, a la vez, ser reconocido por ellas. Y me ocurre a menudo que, al acercarme a uno, percibo, o me imagino, su estado y sus necesidades y, no se lo cuenten a nadie, a veces también  les dedico palabras de ánimo y afecto, como si ellos pudieran percibirlas. Hoy he leído una noticia en la que unos científicos han descubierto que  el modesto tomate fruto avisa por vía eléctrica al resto de la planta que una oruga está atacándole. Y me pregunto: si yo puedo comunicarme con Dios mediante la oración ¿ existirá alguna forma ignota por la cual mis árboles estén conectados entre ellos ( o hasta conmigo)  y se avisen unos a otros: " Ha llegado el amo, portaos bien " ?

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #49 : Septiembre 01, 2021, 03:31:39 am »
La vida en contacto con la naturaleza, se quiera o no, modifica sustancialmente algunos puntos de vista modernos sobre el mundo natural, sus especies y sus mutuas relaciones. Viví intensamente, durante los veranos de mi niñez, por estos pagos, en contacto constante con mis abuelos , cerca de sus animales de granja, su caballo de tiro, de nombre Noble pues lo era, su perra Canela, todo olfato y porte cazador, sus ovejas y cabras, conejos, gallinas ponedoras , cerdos, tierras y cultivos, herramientas y aperos  . Cuando llegaban las fiestas, siempre había algún cabrito o cordero , siempre elegido y conocido, que animaba las comidas y las meriendas en las bodegas , amén de un par de gallinas cacareantes especialmente reservadas para tales eventos. Y en las vacaciones navideñas, casi siempre se celebraban las fiestas inacabables del lomo, la morcilla y el jamón. Recuerdo a mis  abuelos en las necesarias, aunque incómodas tareas de preparar a los pobres animales para esas funciones alimenticias. No entraré en detalles, que son tan crueles como tiernos aunque parezca un contrasentido. Crueles en el destino, pero tiernos en el trato que hasta el final se dispensaba a la víctima. Pero para los niños de entonces, todo entraba en la normalidad de cada día y no había en eso ni trauma ni remordimiento. Existía una neta distinción entre la propia especie y las que nos servían, cariño en su vida diaria, pero firmeza sin arrumacos cuando se precisaba. Pero últimamente, después de media hora presenciando las aventuras y desventuras de la familia de ratitas Ratín y Ratán, tan expresivas y vivaces, tan humanas y solidarias, limpias y afectuosas, es casi imposible no sentir aversión por el raticida X o el plan de erradicación que dirige el concejal de turno de mi pueblo. Las ratas tienen nombres, los cerditos se emplean en servicios varios y hasta las esponjas del baño deambulan por la pantalla exhibiendo una humanidad fingida que los convierte en entrañables primos lejanos... Cuando al nieto de un amigo, pescador aficionado, se le llevó por primera vez de pesca, era incapaz de prender al pez sin sentir el mismo remordimiento que si hubiese capturado al ratoncito Mikey o su querida Minnie. ¿ Cómo salvar el escollo? Afortunadamente, mi amigo encontró pronto la idea frase salvadora, que el jovencito aceptó inmediatamente, para sorpresa de todos: Si es para comer, se puede. Escrita en inglés, seguramente resultaría mucho más elegante y actual, pero así, en el román paladino que aún habla nuestra gente, se entiende mejor. Y espero que este planteamiento sea legal porque de otro modo,  pronto me veo encausado por el asesinato diario, premeditado y alevoso, de miles de minúsculos seres inocentes, verdes la mayoría, todos vegetarianos, a los que, en el fondo de mi humano corazón sin fondo, admiro y quiero, aunque solo sea un poquito. Pero como lo hago para comer, pues se podrá, digo yo...

cefas

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #50 : Septiembre 11, 2021, 02:52:05 pm »
Ayer, mientras estaba en la casa y huerta de un conocido, norte de España, presencié un fabuloso espectáculo , protagonizado por seres minúsculos: la mudanza de un hormiguero en masa, miles de individuos, en tres caravanas paralelas sobre tierra y hierba, transportando, tal vez uno de cada diez, una larva o huevecillo hacia la nueva morada. Se trata de una especie de hormiga diminuta, de poco más de un par de milímetros, negra, capaz de perforar la piel con una diminuta pero ardiente picadura, y cuyo número, en los casos en que la he visto, es inmenso. Supongo que es una especie invasora, porque en los mismos terrenos en que la estoy viendo este año, han desaparecido las otras especies habituales, más grandes y bien conocidas. Ahora solo viven éstas, colonizando parcelas enteras. El desfile de ayer era de miles y miles, casi en formación, transportando, como dije, sus larvas o huevos, hacia un muro a lo largo del que se abrían numerosas bocas de hormiguero en las que ingresaban con su carga. Por desgracia, permanecí demasiado tiempo embobado mirando el desfiles y algunas se me subieron a los zapatos, luego al calcetín y finalmente me picaron. Me consta que pastan en casi todo tipo de plantas comestibles, incluyendo las flores de calabazas y calabacines, colonizan grietas de fruta, incluidos los melones y sandías , y en caso de grave sequía, las he descubierto colocando su vivienda allá donde un poco de verde o simplemente una raíz aún viva, les ofrece algún cobijo. No siendo experto en insectos, pero viviendo en contacto frecuente con ellos en terrenos de cultivo, me atrevería a pronosticar que este tipo de hormiga va a producir problemas y, sospecho, graves daños en el futuro. Sus hormigueros están tan poblados que no es posible ignorarlos. Y jamás las ví, podría estar equivocado,  por estas tierras.

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #51 : Septiembre 30, 2021, 03:27:58 pm »
Por estos campos, el invierno que ya se acerca es un tiempo generalmente calmado, neblinoso a menudo, algo triste, muy adecuado para tareas como la meditación , el ensoñamiento y la planificación, mientras el frío y la humedad de las tierras impiden cualquier otra labor más vigorizante y rentable a corto plazo. Tiempo para, al calor de la lumbre, repasar las herramientas averiadas, revisar las conservas dormidas en los armarios, remover los cestos de manzanas invernantes y otras tareas de esta guisa, incluido el obligado almuerzo matinal a las once. Hay también un pequeño estante con libros de asuntos agrícolas, amenidades del tipo El Libro de la Selva, alguna novela y otros textos más o menos modernos, más bien menos. Casi todos han sido leidos y releidos , pero recuerdo que una vez, debajo de otros, apareció uno muy  interesante, sobre la historia de la comarca ( en minúsculas ), con un capítulo dedicado a las diversas ordenanzas agrarias dictadas mucho tiempo atrás, y otras curiosidades documentales desde el siglo XIV. Y tratándose de antigüedades, pienso que, de todos los elementos artificiales de mi huerto, la acequia es, sin duda,  el más antiguo , que yo sepa, y hete aquí que en  unas ordenanzas agrícolas ( 81 capítulos) dictadas en 1770,  topé con diversos párrafos que hacían alusión a mi acequia, conocida ya entonces como Río Atayo, al parecer relacionado en el nombre de algún lugarejo o caserío por el que pasaba. Este canal de riego, como otros que recorren toda la comarca ( siempre escrita en minúsculas ) fue al parecer resultado de la estancia en ella de los musulmanes, moros en lenguaje popular, allá por los siglos IX y X . Si es así, tiene la friolera de un milenio de edad, empleado en transportar agua para alimentar a mis ascendientes y, Dios mediante, a alguno de mis sucesores en el cargo de horticultor. El capítulo 50 de dichas ordenanzas de 1770 , una especie de Partida de Nacimiento de mi acequia, empieza así:    " Que las cajas de los Ríos Atayo, y siguen otros… se limpien todos los años por los dueños de las heredades confinantes, y en el término que para ello señalare la Justicia la cual, pasado dicho término, podrá nombrar personas que lo ejecuten de cuenta de los omisos....". Lo que transcribo literalmente, al efecto de dejar constancia escrita de la primera mención a la existencia y nombre de mi acequia. Para celebrarlo, pienso colocar un pequeño, aunque elegante, letrero, con su nombre completo, de modo que los paseantes y viajeros puedan reconocerla ahora y recordarla en los años venideros. No sé si podrá verse también desde Google Earth , pero ahora ya se pueden ver las berzas, los tomates y, me temo, hasta el color de la camisa de Petrus el día que el satélite lo sobrevoló sin él saberlo....

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #52 : Octubre 10, 2021, 06:08:43 am »
Del cuaderno de bitácora de hace unos años... " Alguien ha dispuesto que el huerto disfrute de un año sabático. Supongo que, al fin, las peticiones de las asociaciones de mirlos y estorninos, las más ruidosas, las de pulgones, las más activas, los órganos colegiados de trips , los sindicatos de psylas y otras cuyo nombre no recuerdo, han obtenido respuesta afirmativa. Hace unos meses ya me llegó algún oficio desde las oficinas centrales  informándome de ciertos problemas de salud cuya solución podría exigir algunas modificaciones del plan de trabajo anual, pero se fueron pasando los días y había olvidado el asunto. Hasta que, hace pocos meses, se me citaba para una inspección seria a la que debía acudir sin falta. Era el momento de colocar las redes antipájaros a los cerezos, proteger de pulgones los frutales, sembrar los fríjoles , judías verdes aquí, recoger las habas, volver a cortar, por enésima vez, la hierba de una primavera rebosante de lluvias ... y todo quedaba en el aire mientras no se resolviera en sentencia firme el contencioso.  El inspector médico jefe me tiene, por ahora, a la espera del permiso para realizar todas esas tareas. Mientras tanto, me consta que los mirlos se están dando el gran banquete de cereza Celeste, jugosa, dulcísima y fresca, y ya han terminado con todas las precoces Burlat a las que apenas dejan madurar.  También los pulgones, por miríadas, se han establecido en los brotes tiernos de los manzanos y perales absorbiendo la savia que estaba destinada a otros fines. La vida natural, en su estado puro, sin limitaciones ni orden ha vuelto a mi huerto y todos se felicitan, excepto, yo, por ello. Pero no saben los pobrecillos, sin Internet ni móvil ,  que la previsión del tiempo señala para la próxima quincena una agobiante ola de calor que secará la hierba y agostará los brotes sin remedio. Por fin se les acabará la abundancia primaveral , les llegará el hambre y sobre todo la sed, esa que solo mi acequia y yo, conjuntamente, podemos saciar en los largos veranos que amarillean las mieses y maduran las vides en estas tierras. Tal vez, cuando en las próximas semanas oiga cantar las cigarras en los árboles , me acordaré de ellos, pasando una sed interminable sin mi ayuda y, en el fondo, sentiré pena por no poder ayudarles. Y el año que viene, Dios mediante, me encontraré con un nuevo huerto, como un huerto virgen recién estrenado, libre por un año de insecticidas, herbicidas y todos los demás cidas ( del verbo latino occidere, matar, asesinar) que tan bien conocen mis supervivientes. A menos que el inspector médico me conceda, por fin, permiso para reanudar las labores agrícolas ... La única duda que tengo es si mis amigos del huerto preferirán pasar sed en libertad o volver a verme. Yo, en su caso, la tendría." Sigue fecha ilegible.

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #53 : Octubre 21, 2021, 10:22:40 am »
Mientras permanezco alejado, por prescripción facultativa por supuesto, de mis quehaceres casi diarios en la huerta, suelo pasear con algunos de mis congéneres matando el tiempo y arreglando el mundo, que son tareas muy adecuadas a mi estado y edad.  Ayer se suscitó el tema de las mascotas, al hilo de cierto suceso de crueldad con los animales que aireó la prensa estos días. Alguien me preguntó entonces si tenía alguna , porque soy hombre al que no se le conocen estas aficiones, que yo sepa, y que no ha tenido ni tiene perro que pasear ni gato que alimentar , que son las mascotas que se llevan hoy mayormente y que dan al dueño un cierto aire de bondad y, si el perro lo merece, hasta de poder y señorío.  Y es que, reconozcámoslo, las gentes ligadas o aficionadas a la tierra solemos ser, en esto, un poco raras. Las que conozco no suelen tenerlas, salvo algún perro de caza bien cuidado y lustroso y, si viven en el campo o en el pueblo, el indispensable gato del que nunca se sabe si la mascota es él o el que se dice su amo. Como no tengo ni uno ni otro, al principio no supe qué contestar a mi amigo y contertulio y me quedé pensativo; ¿ será posible que no dedique nada de mi tiempo y de mis recursos a favorecer la vida de ningún animalito ? Ya se que mis labores agrícolas van a menudo en otra dirección pero no me veo dedicado solo al exterminio sistemático de plagas como un Terminator químico de penúltima generación. Repasé frenéticamente la lista de seres vivos con los que tengo relación y tardé unos minutos en encontrarla. Allí podía estar mi candidato a mascota. Apuesto unas líneas a que, por ser una mascota atípica, aunque no exótica, pero sí escuálida y frígida, solo recibe atenciones de quienes la conocemos bien. Come poco y solo de las sobras de lo que tiramos, no ladra por las noches, ni maúlla, ni hay que sacarla a pasear. No tiene dientes afilados ni veneno, ni precisa, por ahora, de veterinarios ni vacunas. Puede vivir en una humilde maceta con unos puñados de tierra, no suele escaparse y , en sus ratos libres, me ayuda en la huerta.  Se que este último dato ya ha aclarado quién es, pero, por si acaso, añadiré que es uno de los pocos animalitos a los que suministro alimento y bebida regularmente, arreglo su cama y tengo cuidado en no dañar en mis andanzas agrícolas. Y tengo cientos, miles tal vez. Claro que, como casi todo en este mundo, tiene algunos defectos: es poco cariñoso, excesivamente tímido, y tolera mal las caricias y el sol, la sequía y los pájaros. Queridos amigos, un ser tan humilde como útil, he aquí a... la lombriz de tierra.



piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #54 : Noviembre 03, 2021, 03:18:42 pm »
Llevo unos días observando, cuando llego por las mañanas a mi huerto, que un perro se dedica a corretear por él sin control pisando y removiendo sembraduras y empalizadas, y agrandando cada día el agujero de la valla por la que debe entrar. Como esta situación ocurre de vez en cuando, y los paseantes con perro en el camino de acceso aumentan cada día, tendré que tomar alguna medida al respecto. Y es que , en estos tiempos en los que una ciudad de cien mil habitantes humanos se comparte con más de 10000 perros, es necesario asegurar que estos ciudadanos de cuatro patas renuncian a su ocupación favorita que es la depredación y la caza para dedicarse a las tareas propias de una mascota alegre e inteligente. Ocurre sin embargo, y cada día es noticia que, bien sea  por la naturaleza del can, por desidia del amo o la mala educación que recibe,  se producen accidentes o incidentes en los que vuelve el perro a su instinto y ataca al ser humano como podría atacar a una rata, un conejo o una liebre. A veces el ataque resulta mortal o de graves consecuencias y eso debiera hacer pensar a los responsables en algún procedimiento que evitaran estas situaciones. Hoy he leído en un diario que los perros son capaces de aprender una serie de nombres y obedecer una serie que mandatos si se sabe enseñarlos adecuadamente. Pues bien, de igual modo que se obliga a los vehículos a cumplir ciertas condiciones para seguir circulando, de modo que se eviten los accidentes, en lo posible, igualmente los canes y sus dueños deberían pasar inspecciones periódicas que garantizaran que el chucho de turno, aparte de buena salud, es capaz de entender y cumplir sin fallos una pequeña serie de órdenes que deberían ser universales. Pongamos algunos ejemplos: ¡ Stop !, y el can se detiene y se sienta, podría ser la primera.  ¡Ayuda!,  hace que el can busque al dueño y  lo lleve al lugar donde recibió la orden. ¡ Dueño ¡, y el perro se va a buscarlo, Y así dos o tres más, a lo sumo, que permitan al humano controlar situaciones de peligro e impidan ataques. Y el can que no las cumpla,  a casa a por la correa y confinado hasta que las aprenda, y su dueño al banco a pagar la multa.

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #55 : Diciembre 10, 2021, 04:27:59 am »
Aquel verano, y desde hacía semanas, mi huerto tenía un problema. Había más gente de lo habitual en su entorno, más paseantes y visitas sin motivo aparente en busca, decían, de caracoles o flores y plantas medicinales  y, lo más raro, ocurrían desapariciones repetidas: desaparecían tomates maduros, uvas recién maduradas, algún melón , dos pimientos aquí y cuatro peras allá, en un goteo diario poco explicable. Me costó resolverlo, pero hoy, por fin, treinta de agosto, he bajado unos cuatro kilos de hermosos tomates maduros de mi huerto y desde hace unos días, todas las uvas penden lozanas, sin novedad, en sus sarmientos. Los fantasmas ladrones, si eran tales, de estas semanas pasadas parece que me conceden un respiro y, por fin, los frutos maduran donde antes todo era tristeza y verde esperanza ( ese color parecido al del tomate inmaduro que no consigue llegar a plenitud ). Como escribí, la investigación parece haber dado sus frutos. Definitivamente, no parece que fueran corzos, jabalíes, pájaros o cualquier otro animalito más o menos simpático los autores de los desaguisados. Pero he de reconocer que sí ha intervenido un fantasma amistoso , al que tengo que presentar. Estaba yo el otro día cavilando sobre el asunto mientras iba y venía entre calabacines, calabazas y tomates cuando, de pronto, un lejano ladrido desvió mi vista hacia las casas del pueblo y, más allá, el cementerio, entre las colinas que cierran mi particular sky line, como se dice ahora, más prosaico que otros , pero muy querido para mí... y otro fantasma, éste amigo, entró sin avisar en mi mente. Recordé a mi abuelo, con el que compartía cada año las mañanas estivales de vacaciones en este mismo huerto y del que aún queda en pie algún árbol centenario. Mi querido abuelo tuvo, en su día, problemas parecidos en otro huerto mucho más próximo a las casas del pueblo, y me había contado cómo los resolvió. Ciertamente, en aquellos años, la naturaleza era mucho más rica y abundante en vida animal que hoy, requemada de herbicidas e insecticidas y abrumada de carreteras, vehículos, humos y contaminación, y los corzos, zorros, hurones, conejos, liebres, perdices y codornices ( por nombrar amigos y enemigos juntos ) campaban a sus anchas casi todo el año por huertas y sembrados, viñas y barbechos, sin más control que los eventuales disparos de media docena de cazadores empedernidos. El huerto de mi abuelo contaba, además, con otros peligrosos enemigos reconocidos, la mayoría convictos y confesos, que éramos la media docena de primos de entonces, dedicados, en verano, a recorrer calles y campos volcados en todo tipo de actividades lúdicas y campestres que no fueran trabajar o hacer algo útil . Y los muchachos ( los llaman mocetes por estos lares ) comen muchísimo, casi tanto como se mueven. Pues bien , algunos años más tarde, en un momento de cariñosa franqueza, mi ingenioso abuelo me reveló , sentados de noche a la fresca en la puerta de la calle, cómo consiguió en su día ahuyentar los fantasmas juveniles o no tanto de sus huertos. Era un método sencillo, elemental, que acabo de utilizar y hoy, por fin, mi huerto está defendido de la misma forma ( no puedo desvelarla si mi abuelo no me lo permite ) y todo , o casi todo, ha vuelto a la normalidad. A sus medidas de defensa secretas he añadido, por mi cuenta, una puerta de fuertes ramas de conífera, bien atadas con alambre, justo en el punto por el que los fantasmas podían entrar con cierta libertad. Me queda la duda de si los fantasmas depredadores vuelan, pero creo que, en general, los míos solo caminan y, es más, añadiría que sobre dos pies. Y ¿ quién sabe? A lo mejor la puerta ha sido suficiente para ahuyentarlos. Esto de las puertas ha sido siempre muy utilizado. Por algo será.

« Última Modificación: Diciembre 10, 2021, 09:43:14 am por petrusdoa »

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #56 : Diciembre 27, 2021, 10:47:33 am »
Compren o hereden un terrenito, arréglenlo, planten algo comestible o simplemente bonito, y esperen... No me atreveré a pronosticar qué  acontecimientos pueden esperar, pero últimamente me estoy convenciendo de que la naturaleza es tan productiva, imaginativa, volátil y hasta caótica que es imposible hacer previsiones al respecto. Casi me atrevo a pronosticar que lo que ocurra sobrepasará todas las expectativas. Como ejemplo, y si decide llover, en su terrenito puede llover suavemente o diluviar, pero finalmente, un día de pronto caerá barro, ranas o , si hay cerca un tornado, hasta la cabina de un camión. Pues bien, en mi querido huerto, una vez más, lo más inesperado se ha hecho realidad, seguramente para que mi vida y mis quehaceres no sean tan monótonos como cabría esperar.  Andaba yo esta temporada preocupado por mis parásitos fantasmas vegetarianos que han ido comiendo a mis espaldas lo que yo trabajaba doblándolas dolorosamente, y ya tenía, iluso de mí, resueltas mis dudas y tomadas mis precauciones para evitar daños y hurtos , cuando la sorpresa me visitó de nuevo el lunes pasado, bien de mañana.
Estaba revisando alarmado las coles de invierno, mordisqueadas hasta el tallo, las cebollitas recién plantadas y ahora reducidas a la mínima expresión de dos o tres centímetros de hoja y algunas otras señales que señalaban a los habituales sospechosos, conejos o liebres, cuando apareció el presunto ( por ahora) culpable. Es inútil que hagan conjeturas, queridos lectores. El nombre y apellidos de este personaje ( P. cristatus) son inusuales, si no es en parques y zoológicos, donde viven y crían sin ser molestados pero sí admirados. El ser que paseaba tranquilamente por mi cesped sin inmutarse por mi presencia, más bien observándome más curioso que alarmado, era un pavo real macho, elegantemente revestido ( escribir vestido no es suficiente ), revestido de toda la pompa y majestad que la realeza de su nombre exige, pequeña cabeza coronada, cuello esbelto, librea azul y verde y, el colmo de la elegancia, su propio manto real con la cola desmesurada  arrastrando por la hierba recién cortada. No supe qué hacer. No me apetecía espantarlo,  la curiosidad me vencía , ni siquiera sé si es legal molestarle , tampoco me pareció oportuno ofrecerle ( más) comida y no me consta que sea un buen comestible aunque sea una gallinácea y se acerque la Navidad ... Por resolver la situación, llamé a la policía local para preguntar qué procedía hacer  en estos casos y se me anunció que enviaban una patrulla ( que no apareció),  de modo que firmamos una especie de tregua y uno y otro pasamos la mañana juntos pero no revueltos, cada uno en sus quehaceres, él buscando comida y yo protegiendo mis verduras con redes y alarmas varias. Al cabo de un rato, desapareció entre las yedras en las fincas vecinas. Pero eso es solo el final del capítulo primero. Ayer se repitió la escena. Probablemente ha escogido el rincón más protegido de mi huerto, allí donde la gran higuera se mezcla con los pinos y el laurel para crear un ambiente oscuro, aislado y sin viento, al borde de la zona de cesped, una especie de pequeño paraíso especialmente creado para uso de y disfrute de pavos reales... ayer, eran las diez de la mañana, hielo en los pequeños charcos, estaba de nuevo en el mismo lugar. Al verme, inesperadamente, voló, mucho más ágil y rápido de lo que su tamaño y envergadura de alas parecían indicar... Media hora más tarde, curioso, me acerqué a comprobar si andaba por el entorno y, premio, allí estaba, a unos veinte metros, apostado bajo las ramas de un nogal, un relámpago azul sobre los verdes amarillentos del tiempo frío, la cabeza levantada, inmóvil, vigilándome atentamente. Hasta que me fuí, a eso de las tres de la tarde, su cabeza alta , el cuello estirado, vuelto hacia mí, me señalaba como el objetivo a vigilar mientras mi sistema telepático repetía incesantemente " Cuándo te vas a ir, bípedo feo y pesado , para poder instalarme de nuevo en mi pequeño paraíso y comer algo, que ya son las tres y la tarde es corta ". Ni hoy ni mañana espero volver, y me lo imagino dueño y señor, curioseando todas mis pertenencias y , lo que es peor, probando todas mis delicatessen... Cuando termine este episodio, ya solo me queda que caiga alguna cabina(vacía, espero) de camión, que caerá, por pequeña que sea la probabilidad.. 

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #57 : Enero 09, 2022, 11:36:53 am »
Cuando, como es costumbre en España, escribí este año la carta a los Reyes Magos, que llegan cargados de regalos para los niños ( y no tan niños), puntualmente, cada seis de Enero, les pedí que me libraran de mi pavo parasitante, una belleza animal tan hermosa en los parques urbanos como inútil en los huertos familiares. Hoy es seis de Enero de 2014 y, con su delicadeza habitual, Sus Majestades me han resuelto el problema de esa forma suya que parece siempre natural pero que los devotos hispanos del seis de Enero solemos catalogar  por lo menos como mágica. El hecho es que desde hace  una semana, día arriba o abajo, las raídas cebollitas iniciaron un lento crecimiento bien visible, las arrasadas y escuálidas coles y bróculis empezaron a desarrollar un centro foliar sano y lustroso y las acelgas o lo que quedaba de ellas a empujar hacia fuera la red que las protegía ( es un decir ) del afilado pico de mi real amigo, detalles todos muy esperanzadores ... Pero hay además otro que comentaré aparte, por su curiosa aplicación final. Hace dos o tres semanas, recorriendo la huerta, mi bota izquierda se hundió en lo que en ese momento me pareció una bien desarrollada boñiga de vaca. Como es difícil que semejante animal pase desapercibido, supe enseguida que la extrema delicadeza y elegancia de mi real visitante le obligaban  a ser sumamente cuidadoso con las funciones fisiológicas habituales y tal vez sus propios pajes se dedicaban a depositar sus reales desperdicios en un lugar discreto y bien delimitado , casi secreto, lo que convertía ese lugar en el mejor testigo de su presencia y, es más, de sus hábitos alimenticios. Así un día tras otro, hasta el pasado jueves, la firma orgánica atestiguaba que el rey seguía reinando en mi huerta. Sin embargo, a partir de ese día, el monarca ha faltado a la ceremonia de la firma, hasta hoy. ¿ Allelluia tal vez ?. Si la pesadilla ha terminado, como soy hombre  empeñado siempre en sacar provecho de las buenas y de las malas situaciones, he encontrado un par de ventajas y ó aplicaciones al asunto. Una, que dispongo de una pequeña  cantidad de abono orgánico de buena calidad que habrá que aprovechar,  y dos, que como el susodicho monarca era asiduo comensal de las hermosas calabazas de mi vecino, de lo cual tengo constancia cierta, dispongo así de buenas semillas para la próxima cosecha. Solo me queda esperar que el allelluia sea definitivo y que mi ex pavo real haya pasado a mejor vida, en el sentido literal de la frase, no sean ustedes mal pensados. 

petrusdoa

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #58 : Enero 18, 2022, 03:02:14 pm »
  Un amigo mío tiene en su jardín un gran depósito  de plástico de unos 200 litros de capacidad que utiliza como reserva de agua para los momentos, sobre todo en verano, que ésta escasea.    Me cuenta  que, desde hace unos años, tiene en ese depósito unos cuantos peces de colores que utiliza como recurso para librarse de las miríadas de mosquitos que poblaban el jardín y que en su mayoría procedían de  larvas criadas en ese único depósito de agua que existe en él. Así que optó por colonizarlo con tres o cuatro carpas rojas a las que alimenta regularmente y de las que disfruta viendolas evolucionar, acudir prestas cuando toca la señal de comer, con tres golpecitos en el lateral, y disfrutando de algunas características morfológicas que van desarrollando a medida que crecen. Pues bien, desde hace unos días, grandes heladas nocturnas han hecho crecer una gruesa capa de hielo en la superficie del agua del depósito, y hace dos días mi buen amigo encontró a sus peces en la superficie del agua, justo bajo el hielo, en una extraña posición, que le hizo sospechar que estaban muertos. Afortunadamente no era eso, pero mi amigo rompió rápidamente el hielo, tuvo que utilizar un hacha, y los peces, aún vivos, se ocultaron rápidamente. Pensando en lo ocurrido le comento a mi amigo que probablemente la capa de hielo impide la oxigenación del agua, el intercambio de gases con el aire, y los peces se encuentran faltos de oxígeno. Esperamos que la rotura del hielo haya resuelto  el problema y los peces sobrevivan sin percances mayores al frío invierno de este año. En el intervalo me he enterado que cada uno de los peces, no más de seis, de mi amigo, tiene nombre, han sido donaciones de los miembros más pequeños de su familia, y alguno posee una historia digna de ser  contada.  Y con eso me explico el redoblado interés que demuestran los peques de su familia cunado aterrizan por el jardín, dirigiéndose de inmediato, apenas llegan, a saludar y dar de comer sin mesura delicatessen humanas a sus respectivos y escamosos amigos. Oxígeno no tendrán, pero seguro que en el fondo del depósito abundan los hidratos de carbono, las grasas saturadas y hasta las proteínas. Menos mal que mi amigo, buen conocedor de los poderes del sistema de sifón, drena de vez en cuando los fondos…                                                   

piem135c

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #59 : Enero 31, 2022, 03:28:49 am »
Hoy, por extraña fortuna, ha amanecido un día helado pero radiante, todo azul. Ni siquiera el viento del noroeste traía sus nubes habituales desde el cercano mar Cantábrico. Ya cerca del mediodía, con la brisa ya templada por el sol, un hálito de primavera recorría el huerto resaltando las yemas hinchadas, preparándose para la próxima estación. Casi todo está en orden, cada cosa en su lugar, cada actor en su tarea. No obstante, de la que fue la pesadilla de pavo real, hoy felizmente desaparecido, quedan todavía variados testimonios. Aunque bastantes plantas se han repuesto casi milagrosamente, otras, demasiadas, que debían servirme de alimento invernal,  lucen raquíticas e inútiles, apenas sin hojas, como esperando la firma del gobernador para pasar por la sala de ejecuciones. Afortunadamente para ellas, no soy amigo de hacer más daño que el estrictamente inevitable, de modo que las dejaré recorrer todo su ciclo vital, pues no necesito la tierra que ocupan y todas y cada una son, en definitiva, compañeras de viaje en esta aventura inenarrable del vivir. Y todas, con más empeño que éxito, están intentando recuperar su manto de hojas que el villano les arrebató. Hay una, un brócul de apenas veinte centímetros de alzada, con solo media docena de hojas, con sus nervaduras blancas ribeteadas de verde, todo lo que le ha quedado, que me ofrecía esta mañana una inflorescencia de apenas cuatro centímetros de diámetro. Era como uno de esos dibujos torpes y casi simbólicos de nuestros niños , que para ellos son obras de arte, ofreciendo con ternura y afecto todo lo que son capaces de hacer. Al ver ese gesto de ofrenda, de un fruto que no podré aprovechar, he sentido compasión por el pequeño brócul que, sin quejarse, me ofrecía ese diminuto , y para mí inútil, obsequio. Por ello, y en recuerdo de las vicisitudes pasadas, yo, a mi vez, le he ofrecido unos granos de abono adicionales... para que sobreviva y disfrute en lo que pueda del huerto y la acequia, del sol y las lunas, la luz de los días y la sombra de las noches, el viento y las calmas, el silencio de las madrugadas heladas, la lluvia y la nieve y el sonido de mis pasos, mi compañía y mis cuidados, pues a fin de cuentas, tan solo soy el administrador temporal de ese pequeño y maravilloso mundo que es mi huerto. Hoy la acequia, a tono con el día, lucía una hermosa corriente tachonada de brillos y azules , tal vez más de cien litros por segundo del agua fría y limpia como cristal que acostumbra a llevar en sus largos y silenciosos inviernos... Y antes de irme del huerto y encomendarlo, a él y a mí, al Dueño que cuida del huerto del mundo, me he despedido de mi pequeño brócul con un sincero " hasta mañana, que pases un buen día".