Estos días se vive en España una situación de alarma nacional, ante la pretensión del nacionalismo de turno ( ahora toca el catalán, pero tenemos más) , de proclamar su propia república independiente. Y como la humanidad tiene la curiosa propiedad de repetir sus errores continuamente, me pregunto si la educación, a la que llamo intencionadamente, el sistema reproductivo de las sociedades, si la educación juega algún papel al respecto. Y creo que sí. En la vida de las sociedades humanas, que cuentan sus años al menos por decenios, aparecen sistemáticamente obstáculos y desviaciones que acaban produciendo daños y traumas bien conocidos, revoluciones, guerras , genocidios, que marcan a su vez el carácter de los siglos: el siglo XX, por supuesto, el más cercano, el siglo de las guerras mundiales y los genocidios...
La generación que los sufre suele responder adoptando medidas que parecen definitivas para impedir que se repita , crea la ONU, se blinda con constituciones, leyes, convenios y declaraciones de derechos humanos, tratados de paz... y transmite a sus hijos sus experiencias. Este proceso afecta a la generación involucrada en los desastres y a la siguiente, la que padeció también el miedo y tal vez el hambre, pero ¿ qué ocurre ya con la tercera y la cuarta , pasado casi un siglo ?. Apenas nadie recuerda los hechos que otros vivieron, y la sociedad nueva solo los ve como datos de otra época, que a ellos apenas les afecta. Aparecen , boyantes, las corrientes que se proclaman de progreso, de regeneración, deseosas de aportar nuevas ideas, nuevos sistemas, nuevos ideales, y la sociedad vive una aparente nueva juventud , hecha de muchas inquietudes y, como joven, de escasa experiencia. Y entonces , ignorando las voces del pasado, se vuelven a sentir, una vez más, las antiguas tensiones, las eternas pasiones , y los nuevos gobernantes retornan a las antiguas costumbres y a las viejas reivindicaciones nunca resueltas, y la experiencia humana global queda enterrada , declarada obsoleta, y condenada a sobrevivir apenas en el polvo de las crónicas y los anaqueles de las bibliotecas y librerías, solo conocidas por estudiosos e historiadores. De todo lo vivido apenas quedan algunas ideas resumen , plasmadas a veces en frases como " la nación que no aprende de sus errores está obligada a repetirlos"... que, por fortuna, aún conocemos algunos.
Y es que, por desgracia, la experiencia útil es, en principio, solo la que nos afecta personalmente, y el resto son casi siempre "cosas desagradables que les ocurrieron a otros". Si eso nos ocurre en el ámbito personal, no podemos esperar que el cuerpo social reaccione de otra manera.
Todo esto podría, tal vez, aplicarse en España: En bastantes aspectos, la historia el siglo XX parece reactivarse de nuevo: las fuerzas centrífugas, los nacionalismos periféricos parecen estar tan o más vivos y activos que entonces, la progresía de izquierdas pugna por borrar todo vestigio del orden aprovechable surgido de las experiencias dolorosas de una guerra civil, al tiempo que procura reavivar las heridas de la contienda, y el sistema educativo resulta un laberinto de autoridades y sistemas de difícil armonización, donde la historia de España se cuenta a menudo desde la perspectiva del gobierno de turno y a veces se procura abolir todo lo que suena a religión católica y valores morales. Con estos y otros platos de este menú, y si Dios no lo remedia, tendremos que ir pensando en cambiar de restaurante, so pena de perecer de indigestión o intoxicación aguda. Los días que vienen pueden ser decisivos, y los que sepamos , recemos.