Llevamos muchos años planteándonos la posibilidad de vida en otros planetas. Independientemente del avance en esta cuestión, lo que parece incuestionable, valga la redundancia, es que siendo tan grande y variado nuestro universo, no nos llegue señal alguna inteligente por la vía, por ejemplo, del espectro electromagnético , que son las señales más fáciles de transmitir, que muestre la presencia de otras civilizaciones. Ciertamente las distancias son tan enormes, que las señales, en caso de llegar, lo harían muy debilitadas, pero la capacidad de amplificación de nuestra electrónica hoy es tan enorme que bastan unos pocos fotones, a veces uno solo para poder ser detectados. Este silencio del universo a nuestra pregunta constituye, en su negación, casi una prueba de nuestra soledad. Pero hay otros datos. Estos días aparecen informes que ratifican el hecho de que nuestro planeta, el sistema solar en general, goza en nuestra galaxia de una situación especial, hasta privilegiada. En efecto , las proximidades del sol se caracterizan , dentro de la densidad estelar media de la galaxia, por la escasa presencia de estrellas. Casi podríamos decir que vivimos en una especie de desierto estelar. Nada que ver con regiones de la galaxia superpobladas o incluso cúmulos estelares , sumamente abigarrados. Con los medios hoy disponibles se empieza a poder dimensionar lo que llamamos ya la burbuja cósmica donde habitamos y en la que el Sol ocupa un lugar céntrico. Parece que está burbuja se ha formado por las explosiones de más de una docena de supernovas de la vecindad que han ido expulsando material, gases y polvo, hacia los bordes de dicha burbuja. Exactamente como debería ocurrir para facilitar la aparición de la vida, su mantenimiento y desarrollo, incluida la actual llamada civilización humana. Este planteamiento nos coloca frente al Principio Antrópico en su versión cósmica. Son tantas las condiciones que parecen necesarias para que, en el camino, cosas como redactar este post , puedan suceder, que es difícil, cada vez más difícil, hasta racionalmente imposible, que el azar, hermano de la nada generadora de todo, tan apreciados ambos por algunos científicos, sea el motor o la causa de nuestra existencia.
Se necesita un cosmos bien generado, desde sus partículas más elementales, existencia de Principios racionales, leyes físicas y sus constantes cabales, una galaxia tranquila, una burbuja estelar más tranquila, una estrella enana amarilla, un sistema de planetas especialmente dispuesto para evitar accidentes planetarios, un planeta en la zona de vida, una gran luna estabilizadora, agua en abundancia y suelos fértiles, atmósfera adecuada y H,O,C,S,N,P,K,Fe,Ca, etc etc , para que la vida aparezca y prospere. Y si suponemos al azar como motor generador final de vida, se precisaría casi una eternidad de pruebas y errores hasta lograr que lo que llamamos vida apareciera. Desgraciadamente, catorce mil millones de años no son suficientes para que el azar pueda haber hecho todo eso, así que tampoco podemos dejar de citar a Dios, aunque hacerlo produzca urticaria a algunos.