Suelo huir de los vulgares concursos nocturnos de algunas de nuestras cadenas televisivas actuales, pobladas de famosos ( nueva profesión) a los que se les pide que hagan cualquier tontería inútil mejor que su contrincante. Así, anoche elegí como antesala del sueño una película "de guerra" en la que, en resumen, el protagonista y jefe del pelotón recibe a un joven recluta e inocente al que pretende espabilar, en el lenguaje de la tropa. El infeliz procede de un trabajo de oficina y , para colmo, aunque no lo nombran en ningún momento que yo recuerde, claramente católico. Para llevar a cabo su formación de combate, el ilustrado jefe lo entrena forzándole físicamente , cofusilando, a un prisionero, para empezar, y le da instrucciones precisas para comportarse en lo sucesivo , eso si, sin ningún respeto hacia la convención de Ginebra, en otros casos que el guion va presentando. Es curioso el proceso que se sigue en la sociedad actual. Cuando una actividad ingresa en la categoría de Arte, parece dejar de tener límites , barreras u obligaciones que respetar. Tomemos el cine. Cualquier aberración o conducta criminal puede ser presentada libremente, sea o no legal o humanamente aceptable, perfectamente respaldada por el derecho ilimitado del artista a tratar el objeto de su obra, sin el añadido, esencial para mí, de alguna consideración moral, ética o por lo menos legal. Es como defender, sin contrapeso alguno, que el fin justifica los medios. El problema del film, en mi opinión, es que el jefe entrenador se presenta como alguien simpático, tolerante, eficaz, práctico y sin escrúpulo moral alguno, haciéndolo caer bien y hasta admirable al espectador poco avisado. A la vez, el recluta aparece como un infeliz , víctima segura de sus escrúpulos morales.
Creo que los fundamentos del Arte o de las Artes deberían ser el bien y la belleza, no el revolcarse en lo más abyecto , sucio y animal del ser humano. Esto último, como mucho, y bajo varios supuestos, debería ser tratado como documental o informativo: Los documentales sobre campos de concentración nazis , por ejemplo, sí podrían presentar escenas de ese calibre, porque se conoce claramente su finalidad, que no es la exaltación de las ideas de venganza y dolor humano sin sentido. Sea como fuere, antes de terminar, Deneb prefirió cambiar de canal y pasar a temas menos conflictivos y extenuantes. Y. como suele ocurrir estos días, antes de irse a descansar recorrió un par de videos casi en directo, anoche, sobre la absolutamente hermosa y a la vez aterradora erupción del volcán Kilauea hawaiano, empeñado, semana tras semana, en rellenar de lava el inmenso cráter que lo corona.