Asistimos admirados, también desde la butaca, a la corriente moderadora de costumbres actua,l que pretende cambiar todos los estereotipos sociales, adaptándolos a las convenciones de la nueva sociedad nacida de la explosión de las redes sociales y la información total en tiempo real, me too . Vivimos ahora, por tanto, inmersos en un caldo de cultivo social en el que es posible ver en directo el volcán de La Palma o el Kilauea, el parque natural del Tsavo o las cataratas del Niágara...y escuchar casi en directo las declaraciones y opiniones de cualquiera de los líderes mundiales de cualquier país, materia, arte, sector económico o laboral, religioso, político o sindical... apenas hay lugares del mundo que no nos sean accesibles con solo pulsar unas cuantas teclas de móvil... Esta sobreabundancia de información nos hace, asimismo, objetivo fácil de la corriente oculta de formación o deformación que arrastra. Que sea formación o no dependerá de nuestra capacidad para asimilar la información y tratarla, procesarla, debida o indebidamente. El tratamiento, a su vez, dependerá de nuestra formación básica previa, nuestra capacidad de filtrado y procesado de datos y, en definitiva, de la categoría y capacidad del homo sapiens, sabedor, sabio, que hayamos ido fabricando a lo largo de nuestra existencia. Pongamos un ejemplo.
Hace unos días visioné una película que contiene la versión moderna de un cuento clásico, como son Caperucita, Hansel y Grettel o Los tres cerditos, sin ser ninguno de ellos...
Pies bien, el film en cuestión presenta un rey autoritario, sin ideas, un heredero inútil y desorientado, una reina inteligente, una protagonista sólidamente asentada en la vida y en su proyecto vital, una segundona princesa aspirante al trono, inteligente y planificadora extraordinaria, otra reina emprendedora, un hada indescriptible, probablemente LGTBI y una cuadrilla de consejeros reales despistados. Acabada la vista, mi jurado mental me avisa de que el film pretende desmontar el cuento, traduciéndolo al nuevo lenguaje y a la nueva visión del ser humano, esa donde el varón o es casi siempre tonto o inútil, inmaduro o violento y, en todo caso, machista, aunque siempre víctima fácil de la superioridad femenina. Donde el "si quieres, puedes", dirigido sobre todo a las féminas, campea como un gallardete ondeante en lo alto del palo mayor ... menos mal que los tres ratones del cuento se salvan, por los pelos ó. supongo, porque las ratas siguen teniendo mala prensa. Moraleja: no podemos fiarnos de los títulos. Tal vez esa caperucita que se nos ofrezca sea una inteligente empresaria que seduce al lobo, se queda con su fortuna y lo mete en un zoo donde trabajará el resto de sus días cazando ratas para las lobas dominantes. Caperucita acabará siendo, con la sabia y prudente abuelita rescatada, la triunfante empresaria del zoo, sin duda. La Nueva Era brilla en las pantallas en todo su esplendor.